El Reino Unido ingresa en el Tercer Mundo (el nuestro)

Los británicos creen que la salida de la Unión Europea les lleva de vuelta al Imperio, pero en realidad van camino de esa situación de dependencia en la que mandan los mercados

Foto: Una mujer sostiene una bolsa de plástico con la bandera británica, la Union Jack, en Londres, abril de 2016 (Reuters)
Una mujer sostiene una bolsa de plástico con la bandera británica, la Union Jack, en Londres, abril de 2016 (Reuters)

El Reino Unido cree que el Brexit les lleva de vuelta al Imperio, ese que con tanta nostalgia glosó Niall Ferguson. Pero a dónde van de verdad es hacia el Tercer Mundo. Ese en donde uno no puede salir de casa sin mirar antes la cotización de su divisa (o de la prima de riesgo). Ese donde te puede caer encima un corralito, empezando por los fondos de inversión inmobiliarios. Ese Tercer Mundo en el que mandan los mercados que, como aquí sabemos, exigen desde recortes a reformas constitucionales. Es decir, el lugar dónde es imposible ser dueño de tu destino, por citar el muy británico poema 'Invictus'.

El mejor Brexit para el Reino Unido es alcanzar con la Unión un acuerdo que llaman “Noruega plus”. Consistiría en ingresar en el Espacio Económico Europeo, pero limitando el libre movimiento de personas. Londres conservaría su comercio y sus prerrogativas de passporting, que permitirían a la City mantenerse. Pero contribuyendo al presupuesto europeo y sin voto. Es un acuerdo difícil ya que requiere de unanimidad entre los Países Miembros. Algo harto difícil, pensando en lo barato que le sale a los países grandes encargar el trabajo sucio a los pequeños, como hace Alemania con Holanda, que para eso Jeroen Dijsselbloem preside el Eurogrupo.

En lugar de remar en esa dirección, la Premier Theresa May, que logró el cargo por la tradicional via del Tercer Mundo, sin voto ciudadano, ha empezado renegando de la inmigración y apelando a recuperar la soberanía con muy vago lema de “hacer del Brexit un éxito”. Como si fuera Churchill, como si USA fuera a venir en su auxilio una vez más. Pero el único que ha ido por ahí últimamente ha sido Trump. Obama prefirió visitar España en donde quizá buscaba un nuevo aliado transatlántico. Por cierto, el único que le serviría tanto para Europa como para América, zona en la que ahora Washington pone tanto miedo (Venezuela) como ganas (Cuba).

Theresa May y Angela Merkel en la Cancillería en Berlin, el 20 de julio de 2016 (Reuters)
Theresa May y Angela Merkel en la Cancillería en Berlin, el 20 de julio de 2016 (Reuters)

El Tercer Mundo se distingue por la dependencia, lo que significa incertidumbre y a la postre demagogia, que es la salida de sus gobernantes cuando saben que no tienen mucho más que ofrecer. Un ejemplo singular es el de David Davis, el nuevo Secretario de Estado para la Salida de la UE. Acaba de hacer público su plan que consiste en una estrategia de crecimiento basada en la exportación. Para ello propone llegar a acuerdos comerciales. De hecho el título del artículo en el que desgrana su programa es “Trade Deals”. 

En él propone firmar acuerdos bilaterales de comercio con un número de países (no dice cuales), activar el artículo 50 para salir de la Unión y después negociar algún tipo de acuerdo transitorio con la Unión. Es decir, no quiere asumir ninguno de los estatus existentes en Europa, sino hacerse uno a medida. Pero antes tendrá que modificar su posición en la Organización Mundial de Comercio, ahora ligada a la Unión. Y desde luego, tendrá que negociar esos 'Trade Deals' en una situación de necesidad, lo que no augura un resultado óptimo, que, además, no sabría cómo obtener. Tiene gracia que haya sido una brillante abogada española, Miriam Gonzalez, esposa del político liberal Nick Clegg, la que ha tenido que recordar que el Reino Unido no tiene capacidad técnica para negociar acuerdos comerciales. Hace décadas que delega esta función en la Unión Europea y en todo el país hay menos de 20 profesionales cualificados para esta tarea.

Esta ocurrencia se ha llamado “Hard Brexit”, es decir, portazo seguido de intento de construirse su propia globalización.

Dependencia, incertidumbre y demagogia son alguna de las características de ese Tercer Mundo en el que uno hace lo que puede, y no lo que quiere. Para completar el cuadro, al Reino Unido solo le falta pobreza, que no tardará en llegar por este camino.

Íñigo Moré es analista especializado en economía internacional

Tribuna Internacional
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