La responsabilidad (diplomática) de proteger: relaciones entre Turquía y Rusia
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Alberto Priego

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La responsabilidad (diplomática) de proteger: relaciones entre Turquía y Rusia

El embajador Andrei Karlov había sido una pieza clave en el restablecimiento de las maltrechas relaciones entre Moscú y Ankara. Ahora cabe preguntarse cuáles van a ser las consecuencias

Foto: Fotografía del hombre armado (d) que disparó contra el embajador de Rusia en Turquía, Andrei Karlov. (EFE)
Fotografía del hombre armado (d) que disparó contra el embajador de Rusia en Turquía, Andrei Karlov. (EFE)

El art. 29 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 establece que “la persona del agente diplomático es inviolable” y que, por tanto, no podrá ejercerse contra él ninguna acción coercitiva por parte de las fuerzas de seguridad del Estado receptor. Pero además de ese aspecto pasivo, existe uno activo, ya que la seguridad del agente diplomático —cuanto más si es el jefe de misión— será responsabilidad del Estado receptor, y por tanto el Estado enviante podrá pedir responsabilidades jurídicas si le ocurriera algo.

Tal y como está redactada la Convención de Viena de 1961, cualquier acto de agresión contra un miembro de una delegación diplomática puede ser motivo de tensión, crisis o incluso ruptura de las relaciones diplomáticas. Pues bien, eso es exactamente lo que se ha intentado hacer con el asesinato del embajador ruso en Ankara. El embajador Andrei Karlov había sido una pieza clave en el restablecimiento de las maltrechas relaciones entre Moscú y Ankara, sobre todo después de la crisis del SU-24 ruso derribado por la fuerza aérea turca. Ahora, y a pesar de las palabras conciliadoras vertidas tanto por Putin como por Erdogan, cabe preguntarse cuáles van a ser las consecuencias para el orden interno turco, para el futuro de las relaciones entre Moscú y Ankara y para el futuro de la Siria pos-Alepo.

¿Implicaciones para la estabilidad interna de Turquía? Nada más conocerse la noticia, el presidente turco ha culpado de lo sucedido al grupo religioso Fetullah Gullen, quien, según Erdogan, estuvo detrás del intento de golpe de Estado del pasado julio. La idea del líder turco es que las fuerzas de seguridad aún estarían penetradas por los seguidores del Gullen, quienes según algunas estimaciones ascenderían hasta los ocho millones. En este sentido, con el asesinato del embajador ruso, a Erdogan se le estaría brindando una nueva fuente de legitimidad internacional para continuar con su política represiva, que le ha permitido encarcelar a más de 10.000 personas e inhabilitar a más de 100.000 funcionarios, ya que, según algunas informaciones, el asesino —Mert Altintas— habría sido expulsado de la policía tras el golpe. Por lo tanto, el asesinato del embajador Karlov puede convertirse en un motivo para endurecer las persecuciones de los favorables al golpe de julio.

¿Implicaciones para el futuro de las relaciones entre Turquía y Ankara? Aunque es cierto que en los últimos meses —y en buena medida gracias a los buenos oficios del embajador Karlov— las relaciones entre Rusia y Turquía han mejorado exponencialmente, los recelos y las desconfianzas entre los dos estados siguen estando a la orden del día. No podemos olvidar que la mejoría vino precedida del cumplimiento de una de las tres condiciones impuestas por Putin a Erdogan: las disculpas públicas del presidente por el incidente del avión. Sin embargo, y a pesar del acercamiento entre Moscú y Ankara, hay que decir que todavía no se dan las otras dos condiciones que el Kremlin fijó como necesarias para la normalización de las relaciones: indemnización a la familia del piloto y el procesamiento de los militares turcos que derribaron al caza ruso. Por lo tanto, el atentado contra Karlov podría suponer un retroceso en el proceso de normalización entre los dos estados.

Junto a esto, el asesinato del embajador ruso viene a reflejar un sentimiento latente en importantes capas de la población turca, que no es otro que el descontento con el Gobierno de Erdogan por su repentino e interesado apoyo a Al Asad. De hecho, la posición de Turquía respecto de Al Asad ha sido profundamente ambivalente, ya que antes de las revueltas hubo un claro acercamiento a Siria para posteriormente pasar a convertirse en uno de los principales apoyos de los rebeldes, y por último vuelta al comienzo, apoyando no solo a Al Asad sino también las atrocidades cometidas por sus tropas y por el Ejército Federal ruso en Alepo.

¿Implicaciones para el futuro de Siria? El asesinato del embajador Karlov viene a complicar el proceso de negociación que se está llevando a cabo entre los ministros de asuntos exteriores de Irán, Rusia y Turquía. De hecho, coincide en el tiempo con la reunión que se está celebrando en Moscú entre Rusia, Irán y Turquía, que repartirá las zonas de influencia en el posconflicto de Siria. Esta reunión debe ser interpretada como la segunda parte de otro encuentro mantenido (Rusia, Irán y Turquía) la semana pasada en Kazajstán, donde ya se trató la solución política al conflicto de Siria.

Foto: Erdogan junto al presidente ruso Vladimir Putin durante su reunión en San Petersburgo, Rusia, el 9 de agosto de 2016 (Reuters).

En todo caso, el acto terrorista cometido por Mert Altintas refleja el desacuerdo de parte de la población turca a estas maniobras internacionales de Erdogan. Estos sectores de la población no entienden la colaboración con Rusia para aniquilar a sus hermanos musulmanes, ya que no solo la consideran una traición sino también una rendición ante Rusia e Irán.

A modo de conclusión, podemos afirmar que, además de haberse convertido en el responsable jurídico por no garantizar su inviolabilidad, el asesinato del embajador puede haber complicado su estabilidad doméstica y sus relaciones exteriores.

*Alberto Priego es profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas.

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