Viaje al territorio de Estados Unidos que odia a Donald Trump

¿Cómo es posible que el pueblo norteamericano haya elegido a un tipo tan 'atípico' para que ocupe la Casa Blanca? La liquidación de las clases medias llevó a Donald Trump al poder

Foto: El presidente Donald Trump saluda al público tras ofrecer un discurso en la Cumbre Bechtel National Scout Reserve, en Virginia Occidental. (Reuters)
El presidente Donald Trump saluda al público tras ofrecer un discurso en la Cumbre Bechtel National Scout Reserve, en Virginia Occidental. (Reuters)

¿Cómo es posible que el pueblo norteamericano, que desde que se constituyó como nación (1776) ha vivido en una democracia liberal, haya elegido como su primer ejecutivo a un tipo tan 'atípico'? ¿Cómo ha sido ese pueblo tan osado de elegir a una persona que a las seis de la mañana se engancha a Twitter y se pone por montera a todo su círculo interior? ¿Cómo el pueblo de EEUU ha llegado a tal extremo, a cooptar a un empresario atrabiliario, lleno de sospechas e incertidumbres, que pone en cuestión los propios fundamentos expresados por los padres fundadores en Filadelfia?

Porque notan que su país está en decadencia, porque están hartos de una clase política endogámica, porque la crisis hizo trizas la clase media… Porque Hillary Clinton era más de lo mismo…”.

Es la respuesta más o menos homogénea que se recibe en Harvard, en el MIT o de un jefe de recepción hotelero en Cape Code (Massachusetts). Decadencia… Los norteamericanos, me dice una psicóloga de origen hispano que trabaja en un hotel de Boston, han buscado a un “gestor triunfador que ponga en orden y modernice las infraestructuras del país, baje los impuestos y aumente la calidad de vida de sus representados. “America First”. “America First”. Entendieron el mensaje los más desfavorecidos de un sistema que hace agua por todas las rendijas. Las salidas de tono, la chulería, la grosería andante, incluso la ignorancia supina les importan tanto como una higa. Pero están pagando un precio muy elevado: la división interna, en una nación que tiene a mucha gala su bandera y el orgullo de ser USA.

Hay millones de estadounidenses que luchan solo por la supervivencia. En otros lugares del mundo, se han refugiado en opciones de izquierda/populista. Aquí, en un populismo/nacionalista que aún debe demostrar que puede poner a funcionar​ esa enorme maquinaria que representa la todavía primera potencia del mundo.

'Remember Camelot'

Aterrizo en Boston, antigua capital del extinto y kennedyano Camelot. La idea era ver cómo respira el predio liberal ante el ogro rubicundo que les manda. En las últimas presidenciales, aquí ganó Clinton, pero Trump se quedó a menos de una milla de votos de la candidata demócrata.

En el aeropuerto Logan de la capital de Massachusetts, del que partió el vuelo 175 (United Airlines) que acabó con una de las Torres Gemelas, las medidas de seguridad son mucho más relajadas y menos agobiantes que, por ejemplo, en Nueva York o Washington. Estoy en la zona más rica de EEUU, después de California, y se nota que sus infraestructuras necesitan pasar por la ITV, el proyecto estrella de Trump que no termina de encontrar financiación, pese a que el asunto es su principal 'input' y su gran promesa electoral: hacer que Estados Unidos cambie de piel, ahora reseca, cutre y desgastada.

Botes en el MIT Sailing Pavilion, en el río Charles, frente al 'skyline' de Boston. (Reuters)
Botes en el MIT Sailing Pavilion, en el río Charles, frente al 'skyline' de Boston. (Reuters)

El interés no está en Washington, el gran burgo podrido de aquella política. Lo periodístico se centra en saber cómo perciben al inquilino de la Casa Blanca en un territorio que es demócrata desde que el viejo Joseph Kennedy decidiera entrar en la vida pública de su país, al que su abuelo Patrick emigró muerto de hambre y repleto de piojos desde la verde Irlanda.

Boston, con su nivel de vida extraordinario y sus costas repletas de mansiones de los superricos, deja ver en toda su extensión otro de los talones del líder del mundo libre: la desigualdad social. Trump fue apoyado por trabajadores, desempleados y excluidos. Barack Obama se fue con un alto grado de popularidad, pero apenas hizo nada; y lo que hizo —el Obamacare— ya ha sido barrido por el 'trumpismo'. Lo que no querían de ninguna manera era a Hillary, compendio de todas las corrupciones según millones de sus compatriotas.

En Boston se puede contemplar lo que resta del poderío norteamericano: el conocimiento, la educación y el talento investigador, que pasan necesariamente por su Harvard y el MIT, centros que suman más premios Nobel que el resto de las universidades del mundo. Stanford, Yale y Caltech (Instituto de Tecnología de California) suman el resto. Pero también aquí empieza la decadencia. El talento es mayoritariamente importado y gran parte del mismo termina finalmente por irse a otros lugares emergentes que pagan más y ofrecen más posibilidades de investigación.

No obstante, tendrán que pasar muchos años para que EEUU deje de ser la primera referencia mundial en esta materia. Se hace necesario subrayar —para evitar malentendidos— que estos templos de la investigación y el conocimiento lo son al margen del poder público; tienen muy a gala su independencia y gestión privada. Eso, a buen seguro, Trump no lo cambiará. Entre otras cosas, porque no puede.

Simpatizantes de Trump, durante un discurso del presidente sobre la reforma fiscal, en Misuri. (Reuters)
Simpatizantes de Trump, durante un discurso del presidente sobre la reforma fiscal, en Misuri. (Reuters)

He escrito anteriormente que una de las principales causas del ascenso del presidente de las 'formas perdidas' ha sido la desaparición de las clases medias que, al fin y a la postre, resultan el gran colchón sobre el que descansa el progreso de una nación. Recuperarlas es otro de los grandes retos del nuevo jefe de la Oficina Ejecutiva. De ahí que haya prometido una bajada de impuestos que todavía está por sustanciarse porque, entre otras cosas, en Estados Unidos el que más manda es el Capitolio, algo que ni siquiera Obama llegó a entender durante sus ocho años de mandato. Lo ocurrido con las clases medias en EEUU es un serio aviso para otros países del mundo libre. Lo cambiará todo.

El otro gran asunto es la división de la sociedad estadounidense. El presidente John F. Kennedy (JFK) es, junto a Ronald Reagan, el icono presidencial por antonomasia. Se nota en las colas que se forman frente a su imponente memorial en la colina de Boston. ¿Por qué cuando se cumplen ahora 54 años de su asesinato? Porque salvó al mundo de una guerra nuclear (crisis de los misiles en Cuba), dio pasos firmes en defensa de los derechos civiles y, sobre todo, inyectó en el país una dosis de optimismo extraordinario del que ahora mismo carece. Reagan devolvió a EEUU su poderío mundial, creó 25 millones de puestos de trabajo y puso su maquinaria productiva a funcionar. Solo esto último puede salvar el mandato de Trump; no lo tiene fácil, porque no cuenta con partido ni con congresistas y, mucho menos, con senadores. Cada vez menos coches de los que circulan por las caducas carreteras estadounidenses son 'made in USA'. El país se ha inundado de marcas asiáticas, las predilectas entre las clases pobres, y alemanas, entre los poderosos. En EEUU, subirse a un automóvil u otro marca las diferencias, de forma ostensible y visible.

El liderazgo, en almoneda

Otra de las conclusiones que pudiera extraerse del viaje al corazón de la América de Trump es que resulta una mentira flagrante que se trate de un país 'liberal'. Lo será en su formulación teórica, pero en la vida práctica se trata de una sociedad completamente neutralizada por el poder administrativo. Desde los restaurantes y la conducción hasta la apertura de un nuevo negocio. Lo será mucho más después de la era Trump, según aseguran politólogos de Yale.

Lo que divide hasta el paroxismo a la sociedad americana son las formas y maneras de su comandante en jefe. Mucho más que sus intenciones políticas, que hasta el momento solo han sido meros brindis al sol. Un 'bocazas' que cada vez que sale del búnker de la Casa Blanca tiene la virtualidad de movilizar a viejos, judíos, jóvenes, parados, chinos, hispanos, 'homeless', universitarios y jubilados. Fui testigo en Nueva York de cómo, 24 horas antes de su llegada a mediados de agosto, ya había manifestantes preparándole una bienvenida en su muy concurrida Tower, que se ha convertido en uno de los destinos turísticos por excelencia de la Gran Manzana.

¿Durante cuánto tiempo logrará EEUU mantenerse como líder del mundo libre?

Todos los imperios tuvieron su nacimiento, su cenit y su ocaso. Hay muchos datos para poder afirmar que USA habría entrado ya en la tercera fase. El presidente Bill Clinton dijo antes de Monica Lewinsky que en América no hay nada incorrecto o grave que no puede ser corregido.

Uno tiene la sensación después de visitarla de que quizá pueda ser ya demasiado tarde.

Tribuna Internacional

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