El conflicto de Nagorno Karabaj tampoco se resolvió en 2017... ni lo hará en 2018. Blogs de Tribuna Internacional

El conflicto de Nagorno Karabaj tampoco se resolvió en 2017... ni lo hará en 2018

A pesar de lo que algunos vaticinaban, el año se cierra sin el estallido de una guerra abierta en el Cáucaso. Sin embargo, lo sucedido no apunta a una solución cercana, sino al contrario

Foto: Un soldado armenio patrulla una trinchera en el frente de Nagorno Karabaj. (Reuters)
Un soldado armenio patrulla una trinchera en el frente de Nagorno Karabaj. (Reuters)

El año 2017 parece haberse cerrado sin grandes turbulencias en la línea de contacto que separa el estado de facto de Nagorno Karabaj y Azerbaiyán. A pesar de las expectativas de ciertos expertos, no hubo reanudación de operaciones militares a la escala de las vistas en la mini-guerra de abril del 2016; es más, en 2017 se produjeron menos bajas militares por violación del cese de fuego que en los tres años anteriores.

Oficialmente, hubo 25 muertos y 41 heridos por la parte armenia, mientras que el lado azerí sostuvo 20 muertos y 5 heridos en combates. La relativa calma no careció de momentos tensos, en febrero, mayo y junio. El primero fue la pérdida de cinco soldados azeríes durante una operación militar cuando intentaban cruzar la línea de contacto al lado armenio; el segundo fue la destrucción mediante un misil azerí de un vehículo lanzador de cohetes antiaéreos Osa perteneciente a las fuerzas armenias; y la tercera fue la muerte de tres militares armenios al ser alcanzado su búnker por otro misil antitanque azerí. Operaciones de sabotaje, tan comunes como táctica de guerra para ambos lados en tiempos pasados, casi no llegaron a producirse tras el mes de febrero. No obstante, esta relativa tranquilidad no implica ningún apaciguamiento, ya que el coflicto experimentaba una transformación por otros medios.

Ambos bandos (el de Karabaj representado mayormente por el Gobierno armenio) celebraron más de 30 reuniones oficiales con líderes de la Comunidad internacional este año. Asimismo, ambos países realizaron más ejercicios militares que en los años anteriores, con particular atención a ejercicios conjuntos con Turquía (en el caso de Azerbaiyán) y la Federación Rusa (en el caso de Armenia). Para Azerbaiyán, todo ello ha acentuado la inercia que caracteriza a su alianza estratégica con Ankara. Por otra parte, Armenia ha iniciado reformas profundas en sus fuerzas armadas encabezadas por el nuevo ministro de defensa, Viguen Sargisyan, con el objeto de fortalecerlas utilizando elementos internos para garantizar la seguridad del país, reduciendo la dependencia externa. Pero la perspectiva de otro conflicto armado entre Bakú y Ereván sigue sin desaparecer.

La piedra angular de las políticas exteriores de ambos países sigue siendo la resolución del conflicto conforme a sendos intereses nacionales, un escenario por tanto excluyente en términos absolutos. A pesar de haberse reunido los ministros del exterior azerí, armenio y ruso en Moscú en el mes de abril, y los jefes de estado armenio y azerí en Ginebra bajo los auspicios del Grupo de Minsk de la OSCE en octubre, los encuentros que más consecuencias pueden tener sobre el futuro del conflicto fueron los bilaterales. Han tenido lugar tres reuniones oficiales entre el presidente azerí Ilham Aliyev y el turco Recep Tayyip Erdogan (febrero, julio y octubre), y curiosamente otras tres entre el presidente armenio Serg Sargsyan y el ruso Vladímir Putin (marzo, agosto y noviembre). Ambos jefes de estado se reunieron independientemente con los líderes de Irán, Turkmenistán y Georgia. Aliyev celebró reuniones con los jefes de estado de Francia, Letonia, Arabia Saudí, Kazajistán, Polonia y Bulgaria entre otros, mientras que Sargsyan hizo lo mismo con Bélgica, Malta, Qatar y la India.

Artillería armenia en la frontera de Nagorno Karabaj. (Reuters)
Artillería armenia en la frontera de Nagorno Karabaj. (Reuters)

Un mayor atrincheramiento

El año 2017 fue un año de encuentros bilaterales para ambos líderes con el tema de Nagorno Karabaj, con la seguridad nacional de sus estados como el principal motivo de los encuentros. A esto hay que añadir las reuniones de los ministros de defensa de los dos países, tanto para cerrar contratos de armamento como para sellar acuerdos bilaterales de seguridad. Además, tanto Armenia como Azerbaiyán celebraron numerosas maniobras militares, en ocasiones junto a sus aliados regionales: Turquía, en el caso azerí -en septiembre tuvieron lugar las simulaciones aéreas conjuntas a gran escala denominadas “TurAz Kartali”, y pocos días después 15.000 tropas azeríes fueron movilizadas en las zonas fronterizas, donde exhibieron por vez primera artillería autopropulsado y sistemas de lanzamiento de misiles conseguidos de la República Checa, se especula, a través de Israel: los 152mm Dana y RM-70-, y Rusia en el armenio. La progresiva cooperación con Ankara en materia de seguridad y defensa no deja lugar a dudas sobre la dirección que elige Bakú frente las aspiraciones rusas de limitar los actores internacionales en la zona.

Ereván, a su vez, llevó a cabo varios ejercicios militares a gran escala en marzo, abril, julio y octubre, tanto en el propio Nagorno Karabaj como en diferentes partes de Armenia. En algunos de ellos participaron tropas rusas bajo los auspicios del llamado Tratado de Seguridad Colectiva. El mes de julio fue de particular interés para los expertos, ya que en los ejercicios conjuntos armenio-rusos participaron unidades especiales utilizando no sólo misiles antiaéreos Buk y S-300, sino cazabombarderos MiG-29.

A mediados del año, en una entrevista exclusiva, el presidente armenio agudizó su discurso contra Bakú explicitando que utilizaría el sistema de misiles de medio alcance Iskander contra Bakú “si surgiese la necesidad”. Mientras tanto, el ejército armenio ha sido objeto de una serie de reformas que suponen un mayor apoyo a las familias en términos de educación, medicina, alojamiento y finanzas, junto con una mayor colaboración entre el complejo militar-industrial y las entidades privadas. De esto último aún se sabe muy poco, si bien las escasas noticias al respecto apuntan hacia la producción de alta tecnología para la comunicación, vigilancia y radares. A ojos de muchos expertos, la dependencia que Armenia tiene de Moscú para su seguridad y defensa es lo que ha motivado estas reformas, para dar mayor operatividad autónoma y tecnología avanzada de producción local a las fuerzas armadas del país.

Si es cierto que este año hubo menos pérdidas en términos humanos, la amalgama de reuniones oficiales, ejercicios militares, fortalecimiento de alianzas y reformas militares apuntan hacia un atrincheramiento mucho más profundo y duradero. Ningún bando se ha mostrado dispuesto a hacer concesiones, y la falta de confianza mutua entre ellos es total. Las grandes potencias involucradas buscan una resolución de acuerdo con sus intereses nacionales, cosa que imposibilita la cooperación. Termine como termine el año 2017, las perspectivas para el próximo año son pésimas, ya que la cantidad de armamento apuntando al otro lado, junto a su calidad tecnológica, sigue sin disminuir. El contencioso sobre Nagorno Karabaj, esencialmente un conflicto étnico entre armenios y azeríes, sigue desconcertando a la comunidad internacional por su naturaleza cada vez más compleja.

Tribuna Internacional

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