Corrupción: Así termina el año en Honduras: 34 muertos, mil detenidos y una presidencia en duda. Blogs de Tribuna Internacional

Así termina el año en Honduras: 34 muertos, mil detenidos y una presidencia en duda

Los asesinatos encubiertos de líderes y el acoso contra abogados que los defienden y periodistas independientes han comenzado y no van a parar. ¿Se acabarán quedando solos?

Foto: Un joven vende comida frente a un grafiti en una pared exterior de la sede del Tribunal Supremo Electoral de Tegucigalpa (Honduras). (EFE)
Un joven vende comida frente a un grafiti en una pared exterior de la sede del Tribunal Supremo Electoral de Tegucigalpa (Honduras). (EFE)

"¿Pero conoces a alguno de los asesinados?", me pregunta angustiada una de mis hermanas desde España. "No, tranquila —le digo— todavía no han matado a ninguno de los que conozco". Siempre les escribo a mis hermanos tranquilizándoles. Y es cierto: soy prudente, solo me sumo a las manifestaciones cuando son multitudinarias y cuando hay un grupo de gente conocida. No he participado en las tomas de carretera, por ejemplo, aunque sí que me he acercado a hablar con los que las hacían aprovechando las ocasiones en las que me ha tocado esperar pacientemente a que dejaran pasar a los 'carros' (coches y 'pickups').

Lo cierto es que desde la Pastoral Social de la Iglesia en Honduras, tanto de las diócesis como de las diversas congregaciones religiosas presentes, estamos comprometidos con el pueblo que se ha levantado pacíficamente en contra de la oligarquía despótica y disfrazada de democracia que gobierna este país desde hace décadas. Esta vez, el detonante han sido unas elecciones fraudulentas manipuladas descaradamente por el actual presidente, Juan Orlando Hernández (JOH), a quien pocos querían en la Presidencia del Estado, incluso de su propio partido, el Nacional.

Las elecciones han estado marcadas por el fraude y la corrupción antes, durante y después: un Tribunal Constitucional en el que JOH destituyó y nombró a los que quiso para que aprobaran su reelección, prohibida expresamente por la Carta Magna, un Tribunal Electoral también elegido y amañado por él, votos comprados con bolsas de comida o de cemento; votos rellenados e introducidos en las urnas por 'activistas' del Partido Nacional que mostraban fotocopias de las cédulas de identidad de ciudadanos que supuestamente no podían acercarse a votar (discapacitados, por ejemplo, o incluso fallecidos); la misteriosa caída del servidor del sistema informático que hizo posible posponer por varios días el recuento de votos para poder introducir actas falsificadas y dar la vuelta a los resultados en favor del candidato a la reelección; y un largo etcétera de irregularidades aceptadas o cometidas por quienes deberían velar por la transparencia y veracidad del proceso.

Otro de los grafitis de las fachadas de Tegucigalpa denuncia que Honduras vive en una dictadura. (EFE)
Otro de los grafitis de las fachadas de Tegucigalpa denuncia que Honduras vive en una dictadura. (EFE)

Y es que en Honduras todos los poderes están al servicio de las decisiones de una sola persona, o porque los ha comprado o por que le tienen miedo. Jueces, cuerpos de Policía, Ejército, medios de comunicación: todos están al servicio de los intereses del 'dictador' —como le califican en todo el país—. Bueno, o de los intereses del poder económico en Honduras que tiene por encima, entre los que se incluyen los del narcotráfico, claro.

En Honduras todos los poderes están al servicio de las decisiones de una sola persona, o porque los ha comprado o por que le tienen miedo

El día de Navidad las revueltas se habían calmado. Los manifestantes, en su mayoría gente joven de las familias sencillas, pobres y religiosas de Honduras, decidieron dejar por un tiempo las movilizaciones para que las mercancías volvieran a rodar y la gente pudiera hacer sus compritas y celebrar estos días de alegría y esperanza. Y volvieron a sonar como todos los años los petardos y cohetes, que aquí les encantan, y los villancicos, si bien acompañados este año de canciones revolucionarias y de protesta, y entre ellas la que se ha convertido en la más cantada y coreada por todo Honduras: "JOH, JOH, es pa fuera que vas…"

El saldo hasta el 25 había sido de 34 asesinados por balas de la Policía Militar y en torno a mil detenidos, todos ellos por manifestarse cortando carreteras y calles con ruedas viejas ardiendo y árboles caídos. En la prensa hondureña se les acusaba de violentos: lo más que habían hecho era devolver a la policía las bombas lacrimógenas que ellos les disparaban y defenderse con piedras contra los disparos de metralleta a 'bala viva' (munición real) de la Policía Militar.

Todo el mundo en Honduras tiene machetes de un metro de largo y bien afilados, y casi todos tienen pistolas y escopetas: ningún manifestante los usó para defenderse. La prensa oficial ha sacado la noticia de dos policías muertos por los manifestantes: de uno de ellos dijo primero que había sido herido por cóctel molotov, pero en la foto se podía ver que no tenía ni rastro de quemadura alguna, tan sólo una herida o golpe en la cabeza; días después el mismo periódico, controlado por JOH, afirmaba que ese policía, que murió en el hospital, había sido atacado con una bomba terrorista profesional con metralla metálica. Todo para justificar la persecución y la represión.

Ya llega el fin del año: en estos días de tregua de las manifestaciones los sicarios han empezado a actuar. El poder establecido no se ha contentado con seguir deteniendo gente, como los que quemaron el único camión militar que ha resultado ardiendo en el mes de movilizaciones, o los que supuestamente torturaron a algunos policías, a los que en realidad solo desarmaron, desnudaron y asustaron, devolviéndoles sanos y salvos a la posta policial, o los que lanzaron no sabemos bien si un cóctel molotov o una bomba con metralla, o simplemente una piedra. No: no es suficiente represión.

Un grupo de manifestantes carga cruces con los nombres de las víctimas durante las protestas. (Reuters)
Un grupo de manifestantes carga cruces con los nombres de las víctimas durante las protestas. (Reuters)

El día de los Santos Inocentes —precisamente— nos llegó la noticia de otros tres asesinados, silenciada por la prensa oficial, pero esta vez por 'desconocidos' que les dispararon a bocajarro aprovechando la tranquilidad de estos días navideños. En Honduras muere 'baleada' (a tiros) mucha gente: líderes indigenistas, defensores de derechos humanos y del medio ambiente, periodistas independientes, abogados que osan investigar estos asesinatos o casos de corrupción y desfalco de dinero público. Todo el mundo sabe en Honduras quiénes son esos desconocidos que matan impunemente: sicarios pagados y con órdenes de ejecución que vienen de muy arriba. De tan arriba que hasta la Policía, el Ejército, los jueces y los medios de comunicación parecen recibir órdenes expresas de no investigar, de no actuar, de no enjuiciar, de desinformar.

"Estamos solos", me decía un líder de las movilizaciones en un sector del norte del país que conozco bien. "Ya ni la prensa ni los organismos internacionales nos apoyan". Me lo decía a raíz del reconocimiento de JOH como presidente electo por parte de los EEUU. "No están solos, no -intenté tranquilizarle- la Iglesia católica sigue con ustedes y todavía está el comunicado del secretario general de la OEA que afirma que es necesario convocar nuevas elecciones con verdaderas garantías de transparencia y veracidad". Estaba tranquilo, pero me dijo que algunos empezaban a hablar de tomar las armas. "Por nada del mundo lo hagan, -le dije- será peor, se lo aseguro, y no conseguirán nada. Además, que las acciones sean siempre pacíficas es la mejor arma de que disponen para que sigan teniendo apoyos de organizaciones e instituciones internacionales".

Se nos hace la boca grande en Europa y en EEUU cuando hablamos de la democracia, la libertad, los derechos. Pero los intereses económicos mandan

Él estaba de acuerdo, y me dijo que así lo estaban planteando en las reuniones que en estos días están teniendo para organizar las futuras movilizaciones que comenzarán con el nuevo año. Hace dos días se reunían en Siguatepeque (Comayagua) representantes de todas las organizaciones y movimientos ciudadanos en un encuentro nacional de luchadores y luchadoras poniendo las bases de una plataforma nacional en defensa del Estado de derecho y contra el fraude electoral: las movilizaciones van a continuar, y el deseo de todos es que sigan siendo pacíficas.

¿Pero hasta cuándo aguantarán así? La gente es muy pobre en Honduras: un día de carreteras cortadas implica desabastecimiento, pérdida de trabajos, subidas de precios, y, en consecuencia, que muchas familias no puedan comer. Además, en Honduras casi nadie sale en defensa del pueblo que defiende sus derechos: ni ministros, ni jueces, ni Policía o Ejército, ni medios. Solo la Iglesia, así como organizaciones defensoras de los DDHH, que también tienen miedo a la persecución. La prensa internacional ya se ha olvidado de Honduras; la OEA, tras el reconocimiento de JOH como Presidente por parte de los EEUU, ha revisado sus conclusiones; la ONU está ocupada con asuntos "más graves".

Ciudadanos hondureños guardan una fila para comprar alimentos en un feria de agricultores. (EFE)
Ciudadanos hondureños guardan una fila para comprar alimentos en un feria de agricultores. (EFE)

Por desgracia, Honduras es un país demasiado pobre y demasiado pequeño: la suerte de sus habitantes, su libertad, sus derechos, su vida, no parecen importar nada fuera de sus fronteras. Los asesinatos encubiertos de líderes y el acoso contra abogados que los defienden y periodistas independientes han comenzado y no van a parar. ¿Se acabarán quedando solos, sin nadie que se haga eco de sus justas reivindicaciones, sin nadie que les apoye?

Se nos hace la boca grande en Europa y en EEUU cuando hablamos de la democracia, la libertad, los derechos. Pero a la hora de la verdad, las decisiones se toman por intereses económicos. Honduras es la prueba palpable: la vida, la libertad, los derechos de las personas no importan. Pero no lo dude nadie, lo que ahora está ocurriendo en Honduras, y está siendo silenciado, llegará a ocurrir también en nuestros países desarrollados. De hecho, ¿no está ya empezando? No hasta estos extremos, no, pero todo llegará como no hagamos algo.

* Alejo Unzué es misionero español en Honduras

Tribuna Internacional

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