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Cómo Fujimori 'secuestró' al presidente de Perú: un rehén en el Palacio de Pizarro

¿Por qué Pedro Pablo Kuczynski ha optado por indultar al exdictador justo ahora? Muchos observadores sospechan de un complicado pacto entre bambalinas para evitar su 'impeachment'

Foto: Vista de una piñata satírica del expresidente peruano Alberto Fujimori en una galería del mercado central de Lima. (EFE)
Vista de una piñata satírica del expresidente peruano Alberto Fujimori en una galería del mercado central de Lima. (EFE)

¿Puede un octogenario exdictador condenado por homicidio calificado, secuestro agravado y lesiones graves secuestrar a un presidente democrático en funciones y poner en vilo a un país? La respuesta es sí y ha sucedido en el Perú, donde se ejecutó un flagrante canje entre el fujimorismo y el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, a cambio de impunidad para el primero y continuidad en el cargo para el segundo.

La noche del 24 de diciembre, cuando la mayoría de peruanos estaban preocupados por las cenas navideñas y los tradicionales intercambios de regalos, el cuestionado gobierno de Pedro Pablo Kuczynski anunció sorpresivamente el “indulto humanitario y derecho de gracia” para el reo exdictador Alberto Fujimori en aras de una denominada “reconciliación nacional”. Solo un par de días antes, Kuczynski se había salvado por un pelo de ser expulsado de la Presidencia de la República, bajo el cargo de “incapacidad moral permanente para gobernar”, por negar haber recibido dinero de la constructora brasileña Odebrecht cuando aún era ministro del prófugo expresidente Alejandro Toledo.

Pedro Pablo Kuczynski había afirmado en reiteradas oportunidades que nunca tuvo vínculos comerciales o laborales con la cuestionada Odebrecht. Sin embargo, en el Mensaje a la Nación él mismo tuvo que aceptar que sí realizó asesorías financieras para H2Olmos, empresa creada por Odebrecht para el proyecto de irrigación Olmos. Posteriormente la comisión del Congreso, presidida por el fujimorismo, que lleva las investigaciones del caso de corrupción Lava Jato, difundió los pagos bancarizados que le hizo Odebrecht a Westfield Capital, empresa de propiedad de Kuczynski, que ascienden a 782.000 dólares estadounidenses. A esto se suma las declaraciones de Marcelo Odebrecht que confirma que Kuczynski sí llevó a cabo asesorías financieras para Odebrecht. Incluso el mismo Marcelo tuvo la oportunidad de asistir a un par de charlas que el ahora presidente dio en su calidad de asesor financiero de la firma brasileña.

El impeachment express estaba más que servido y apoyado por casi todas las bancadas: se necesitaban solo 87 votos. El fujimorismo, con 72 congresistas, había logrado convencer a otros partidos para sumar los votos necesarios y alejar a Pedro Pablo Kuczynski de la presidencia, a solo un año y cinco meses de haber asumido su mandato.

Es necesario anotar que Pedro Pablo Kuczynski llegó al poder de manera ajustada, gracias a los votos del antifujimorismo, en una segunda vuelta que tenía a Keiko Fujimori como favorita para ocupar el Palacio de Pizarro. Keiko nunca olvidaría esa penosa derrota, y desde ese momento se dedicó a dinamitar sistemáticamente el gobierno de Kuczynski utilizando el Parlamento como arma política. La destitución sería el triunfal epítome de un proceso obstruccionista de parte del fujimorismo, que incluyó censuras a cinco ministros, denuncias contra el Fiscal de la Nación y miembros del Tribunal Constitucional.

Durante una semana, desde la aprobación del pedido de destitución hasta el debate y votación, el gobierno de Kuczynski insistió en su inocencia a través de todos los medios de comunicación y adoptó una inusitada actitud firme contra el fujimorismo; con el que siempre fue dócil y especialmente sumiso. Kuczynski denunció una actitud golpista, reafirmando que nunca mintió respecto a los contratos con Odebrecht porque él estaba apartado de sus negocios, aunque aceptó que sí recibió dividendos.

El presidente Pedro Pablo Kuczynski reacciona durante su intervención en el Congreso para sustentar su posición contra la moción de censura, el 21 de diciembre de 2017. (Reuters)
El presidente Pedro Pablo Kuczynski reacciona durante su intervención en el Congreso para sustentar su posición contra la moción de censura, el 21 de diciembre de 2017. (Reuters)

Los "misteriosos" disidentes fujimoristas

Llegado el día del debate parlamentario, para sorpresa de la mayoría de los grupos políticos y de los ciudadanos en general, los resultados del impeachment del 21 de diciembre no definieron el fin de Kuczynski en la presidencia: solo 79 congresistas votaron a favor. Ni siquiera el partido liderado por la hija del exdictador pudo votar en bloque; “misteriosamente” diez de sus congresistas optaron por no votar.

Fueron diez parlamentarios liderados por el engreído hijo de Alberto Fujimori, Kenji; quien desde hace mucho tiempo está luchando por la liberación de su padre y en abierta rebeldía con la agrupación que lidera su hermana Keiko. Es sabido que la libertad del patriarca del fujimorismo le quitaría poder y protagonismo a Keiko, por lo que muchos analistas presumen que la libertad de Alberto nunca fue su prioridad, incluso muy pocas veces lo iba a visitar a la cárcel.

Así las cosas, la sólida bancada parlamentaria de Keiko Fujimori se había roto. Kenji Fujimori le había arrebatado a su hermana la posibilidad de destituir a Kuczynski, evitar el indulto de su padre y manejar a los vicepresidentes de manera directa y práctica desde el Parlamento y desde las instituciones que planeaba infiltrar.

Por televisión, todo el país pudo ver cómo el menor de los Fujimori celebraba emocionado hasta las lágrimas la continuidad de Pedro Pablo Kuczynski en el poder. Pero ¿por qué tanta emoción de parte de Kenji Fujimori? La respuesta obvia no tardaría en llegar.

Conocidos los resultados, un empoderado Kuczynski no dudó en celebrar su “triunfo” anunciando en cadena nacional una nueva etapa en la gestión de la gobernabilidad, que eufemísticamente denominó “de reconciliación nacional”; enigmático tagline que solo era el presagio de lo que vendría. Versiones de un posible indulto a Alberto Fujimori, paralelamente al debate parlamentario, se filtraron a la prensa. Ese mismo día el Ministerio de Justicia negó que haya recibido algún pedido de indulto para el condenado Fujimori. Después de la favorable jornada parlamentaria, la primera ministra Mercedes Araoz salió al frente de los rumores y manifestó en un tuit que los “indultos no se negocian”. El propio Kuczynski negó off-the-record que los votos del fujimorismo albertista fueran parte de un pacto a cambio de la liberación de Fujimori.

Sin embargo, por la noche del 24 de diciembre, solo unos días después de la sesión de vacancia presidencial, la administración de Pedro Pablo Kuczynski anunciaba el “indulto humanitario y derecho de gracia” para el exdictador Alberto Fujimori Fujimori. Pedro Pablo Kuczynski no solo permitió que se abrieran las puertas de la cárcel dorada en la que Fujimori purgaba condena, sino que el derecho de gracia otorgado evita que el exdictador peruano afronte nuevos juicios por los crímenes cometidos durante su gobierno.

Captura de pantalla del vídeo de Facebook donde Alberto Fujimori agradece desde el hospital el indulto, el 26 de diciembre de 2017. (Reuters)
Captura de pantalla del vídeo de Facebook donde Alberto Fujimori agradece desde el hospital el indulto, el 26 de diciembre de 2017. (Reuters)

Panorama incierto para Kuczynski

De acuerdo a periodistas peruanos como Rosa María Palacios y Gustavo Gorriti, la línea de tiempo de los acontecimientos lleva a pensar que el indulto se venía negociando desde hace meses; y que la celeridad del proceso de vacancia se debía a un interés concreto de Keiko por evitar la salida de su padre de la prisión. El pacto entre Kenji Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski habría sido tener a Alberto fuera de prisión antes de Navidad a cambio de los votos “albertistas” que podía conseguir de la bancada fujimorista.

Como mencionamos, el rótulo de la liberación política de Fujimori sería la “reconciliación nacional” y se esperaba que la medida generara un ambiente de tranquilidad e incluso celebración, poniendo fin a la permanente polarización política del país. Gran error, los cálculos de Kuczynski no fueron acertados. El terremoto se produjo en el mismo momento en que se anunció la libertad de Fujimori. En plena Nochebuena, cientos de ciudadanos indignados se agruparon en la Plaza San Martín de Lima, y dirigieron sus protestas hasta la casa del propio Pedro Pablo Kuczynski, generando la represión instantánea de la policía.

Al día siguiente, las movilizaciones ya se habían generalizado a nivel nacional en plena Navidad, en medio de cuestionamientos y renuncias en las filas del Gobierno de congresistas, ministros y funcionarios públicos, que hasta ahora continúan. El 25 de diciembre, Pedro Pablo Kuczynski lanzó otro mensaje a la Nación, en donde calificó los delitos de Fujimori como “errores y excesos” e invocó a los jóvenes “pasar la página”. Ninguna mención a los desaparecidos y sus familiares, con quienes aún no se ha reunido, ni se les ha ofrecido ninguna explicación.

Por la mañana del 26 de diciembre, desde la clínica en donde está internado, Alberto Fujimori publicó un video en Facebook, en donde expresaba su “profunda gratitud” a Pedro Pablo Kuczynski, y pedía perdón a los peruanos que había “defraudado”. Nuevamente, ninguna mención a los familiares de los asesinados.

Con el pacto fujimorista, Pedro Pablo Kuczynski ha atizado las contradicciones y ha abierto la caja de pandora de lo peor de la política peruana. Ahora depende de Alberto, y solo de Alberto mantener (o no) la estabilidad del gobierno. Todas las agrupaciones políticas que ayudaron a Kuczynski a llegar al poder y, recientemente, a mantenerlo, le han dado la espalda. Es un presidente solitario.

Más todavía, a varios días de iniciada la crisis y ya en el nuevo año, Kuczynski es incapaz de conformar un nuevo gabinete; pocos son los que quieren cargar con sus pasivos políticos, contradicciones, y la posibilidad latente de que el escándalo de Odebrecht estalle finalmente en su cara. Así las cosas, en el escenario en el que Kuczynski sobreviva su mandato hasta el 2021 será gracias al clan Fujimori, ya unificado. Si no es así, será porque el fujimorismo no lo necesita más.

La suerte está echada.

*Luis Jesús Durand es especialista en comunicación, periodista y escritor.

Tribuna Internacional

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