Carta abierta a Theresa May (pregunte a los británicos qué significa Brexit)

Creo que puede ser el de la primera ministra que dio a sus ciudadanos la posibilidad de cambiar de opinión en un asunto crucial

Foto: La primera ministra Theresa May. (EFE)
La primera ministra Theresa May. (EFE)

Estimada Sra. May:

Al poco de llegar al número 10 de Downing Street, pronunció usted una frase pensada, sin duda, para la historia: "Brexit significa Brexit y vamos a hacer de ello un éxito". En inglés tiene mucha sonoridad y, aparentemente, mucho peso, algo arriesgado cuando se trata de un vaticinio. Por entonces nadie sabía seguro lo que significaba el Brexit así que usted optó por la tautología, un viejo truco para quien quiere concluir un debate que no puede ganar.

Ni usted ni nadie podía saber qué significaba algo que solo cobraría sentido al término de una negociación bilateral. Sus (más bien caóticos) negociadores, encabezados por David Davis, han estado discutiendo con el equipo de Michel Barnier precisamente qué va a significar la palabra Brexit para millones de británicos y europeos. Si es que ese acuerdo llega a plasmarse negro sobre blanco, si es que lo aprueban los legítimos representantes de los ciudadanos de uno y otro lado del canal... entonces veremos si se puede decir que es un éxito para alguien. Aunque ya le adelanto mi opinión: es un empeño imposible. Nadie puede salir ganando.

Cómo puede ser un éxito algo que va a dificultar las relaciones mercantiles o que va dejarlas como están pero sin que los británicos puedan influir

De momento, y frente a las bravatas encadenadas de algunos de sus portavoces, ya sabemos que usted ha tenido que ceder. En todo. En lo que a mí y al conjunto del Parlamento Europeo más nos ha preocupado siempre, los derechos de los ciudadanos (aunque habrá que ver la redacción final); en asumir por parte de su Gobierno los compromisos económicos ya adquiridos con la Unión Europea (al fin y al cabo es solo dinero y ni siquiera es suyo); incluso en el asunto más espinoso, el de la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. El Brexit terminará significando permanencia. O sea, nada.

Sobre el acuerdo comercial, sea cual sea la opción, me resulta difícil ver, Sra. May, cómo se puede convertir en un éxito algo que, en mayor o menor medida, va a dificultar las relaciones mercantiles o, en el mejor de los casos, a dejarlas como están pero sin que los británicos puedan influir al respecto.

Se mire por donde se mire, el Brexit solo se parece algo a un éxito cuando menos Brexit es. Es decir, cuanto más fracaso resulta. Una paradoja, ciertamente, pero fíjese: cada vez cobra más sentido algo que defiendo hace tiempo y que ahora empieza a impulsar una amplia alianza progresista en su país: parar el Brexit. Un imparable alineamiento que incluye, entre otros, a Nick Clegg, Tony Blair, Sadiq Khan y Gina Miller, que promueve un nuevo referéndum que permita revertir el proceso iniciado y propicie la permanencia de Reino Unido en la casa europea. Usted sabe tan bien como yo que el famoso artículo 50 del Tratado de la Unión Europea que usted activó no obliga a que el proceso finalice con la salida. El cerebro detrás del texto, su compatriota Lord Kerr, lo ha explicado muchas veces.

Fue uno de sus más ilustres conciudadanos, John Maynard Keynes quien dijo: "Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión, ¿y usted, señor?"

Sra. May: cuando usted dijo aquello de que "Brexit significa Brexit", puso mucho énfasis como argumento definitivo en que la gente lo había votado. Si el pueblo ha hablado —y en este caso lo hizo con total respeto a los cauces legales— ¿quién puede llevarle la contraria? La respuesta es obvia: el mismo pueblo. Los británicos tienen derecho a cambiar de opinión. Y tal vez, a la luz de cómo se han desarrollado hasta ahora las negociaciones, algunos lo hayan hecho ya. No olvidemos que fue uno de sus más ilustres conciudadanos, John Maynard Keynes —y él sí que acuñó una amplia colección de frases históricas— quien dijo: "Cuando los hechos cambian, yo cambio de opinión, ¿y usted, señor?".

Usted ya tiene garantizado un lugar en la historia, Sra. May. La cuestión es cuál. Déjeme proponerle uno. Creo que puede ser el de la primera ministra que dio a sus ciudadanos la posibilidad de cambiar de opinión en un asunto crucial. Si lo hace, puede que algunos se lo echen en cara, pero muchos, millones de británicos y europeos, le estaremos muy agradecidos y sabremos reconocer el coraje y el liderazgo que habrá demostrado.

Sinceramente,

Beatriz Becerra Basterrechea

*Beatriz Becerra Basterrecha es vicepresidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo y eurodiputada ALDE Group.

Tribuna Internacional

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