Eslovenia se 'orbaniza': el eje iliberal europeo se afianza (con ayuda del líder húngaro)

La abstención y la fragmentación han marcado las elecciones de este domingo. El conservador Janez Janša ha sido el candidato más votado, ayudado por Víktor Orbán, pero sin mayoría suficiente

Foto: El primer ministro húngaro Víktor Orbán junto al líder del SDS Janez Janša y el europarlamentario Milan Zver, durante un mitin en Celje, Eslovenia, el 11 de mayo de 2018. (EFE)
El primer ministro húngaro Víktor Orbán junto al líder del SDS Janez Janša y el europarlamentario Milan Zver, durante un mitin en Celje, Eslovenia, el 11 de mayo de 2018. (EFE)

Las elecciones generales celebradas en Eslovenia este domingo han dejado un parlamento extraordinariamente fragmentado, con hasta nueve partidos con representación. La abstención, de casi un 50%, es la más alta desde la celebración de las primeras elecciones pluripartidistas en 1990. La opción de gobierno que se baraja a esta hora es uno en el que participarían hasta seis partidos, que van desde el centro hasta la izquierda. El escenario político es desconcertante.

La aritmética favorecería esa opción, que sumaría 52 de los 90 escaños de la cámara baja. Como cabeza de la coalición figuraría el último producto del social-liberalismo esloveno, Marijan Šarec. Este actor y comediante que, con su partido Lista de Marijan Šarec y su populismo 'soft', toma el relevo del anterior líder de esa parte del espectro ideológico: el todavía primer ministro Miro Cerar, abanderado de la tecnocracia postcrisis y líder del Partido del Centro Moderno (SMC, por sus siglas en esloveno), que en el momento de su fundación, en 2014, se denominaba Partido de Miro Cerar (también SMC). Todo parece indicar que él también participará en el gobierno. Esa confusión entre líder y partido afecta a otro de los componentes de la posible coalición, como Alenka Bratušek y su Partido de Alenka Bratušek. A ellos se sumarían los votos de los socialdemócratas (herederos de la antigua Liga de los Comunistas de Eslovenia), el Partido Democrático de los Pensionistas y La Izquierda.

Frente a un centro-izquierda empequeñecido y fragmentado, la derecha en su conjunto ha crecido en escaños y ha fortalecido su perfil más radical. En parte gracias al retorno al parlamento, tras dos legislaturas de ausencia, del Partido Nacional Esloveno. Su líder, Zmago Jelinčič, es el principal exponente de la xenofobia hacia los inmigrantes de las repúblicas del sur de la antigua Yugoslavia, romaníes y refugiados llegados a partir de 2015, a quienes se refiere como delincuentes y terroristas.

Sin embargo, el giro a la derecha más dura no se ve sólo a través del retorno de Jelinčič al parlamento o el crecimiento en votos de otros partidos ultraderechistas extraparlamentarios. Además, estas elecciones han intensificado una tendencia hacia la radicalización de los sectores políticos tradicionales.

En este sentido, Eslovenia se ha convertido en un laboratorio para la extensión de la influencia de Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y cara visible de la oposición a la llegada de refugiados en la Unión Europea. En este caso, la alianza se ha venido tejiendo con Janez Janša, líder del derechista Partido Demócrata Esloveno, organización perteneciente al Partido Popular Europeo. Como el húngaro, Janša ha basado su mensaje político en la amenaza que supone la llegada de los refugiados a Europa y en la existencia de una conspiración del comunismo, disfrazado en forma de partidos social-liberales, ONG y medios de comunicación. Durante la campaña, Orbán tuvo la oportunidad de dirigirse a los simpatizantes de Janša en un mitin celebrado en la ciudad de Celje. Más allá del discurso, las alianzas tienen fundamentos materiales, como las inversiones realizadas por empresas relacionadas con el líder húngaro en el entramado mediático cercano a Janša, según ha publicado el diario Večer.

Varios periodistas escuchan el discurso de Janez Janša, líder del SDS, tras las elecciones del pasado domingo. (Reuters)
Varios periodistas escuchan el discurso de Janez Janša, líder del SDS, tras las elecciones del pasado domingo. (Reuters)

Transformismo político

Las coincidencias entre ambos líderes no acaban en su discurso actual. Tanto la trayectoria de Janša como la de Orbán están caracterizadas por su capacidad de transformarse según sus propios intereses. En 1989, ambos representaban a toda una generación de jóvenes liberales que encarnaban el espíritu de las transiciones poscomunistas. Por aquel entonces, Orbán acababa de fundar Fidesz, el partido de vocación liberal que hoy representa a la derecha nacionalista en su país, y era un becario de la Open Society de George Soros, el especulador-filántropo que hoy el propio Orbán identifica como el enemigo nacional número uno. Janša, por su parte, había logrado capitalizar políticamente su breve paso por prisión en 1988 por poseer ilegalmente documentos militares. Su figura, junto a la de otros tres involucrados en ese caso, se convirtió en la imagen de un movimiento social inicialmente pro-democrático, la llamada ‘primavera eslovena’, que al poco tiempo adquirió un marcado carácter nacionalista.

A pesar de ese episodio, Janša no puede ser considerado un disidente del sistema socialista. Se había criado políticamente en el entramado ideológico-burocrático de la Eslovenia socialista, hasta el punto de que, estando en prisión, participó en las elecciones a la presidencia de las Juventudes Socialistas. Como miembro de esa organización, había colaborado a principios de los años ochenta en la Secretaría de Defensa Popular. Antiguos amigos y colaboradores lo recuerdan como un joven inquieto, o más bien imprudente, claramente alineado con el ala más izquierdista de aquella organización.

En 1990 se convirtió en el ministro de Defensa del gobierno secesionista esloveno. Dirigió las maniobras militares de manera temeraria, hasta el punto de que, por revanchismo, estuvo a punto de provocar una ofensiva a gran escala del Ejército Popular Yugoslavo en su país. Ya después de la independencia, se apropió del partido político fundado por Jože Pučnik, el único disidente real que participó en el proceso de secesión esloveno.

El perfil de esa organización tuvo una impronta crecientemente nacionalista, sobre todo gracias al caso de los ‘borrados’. Dicho término se emplea para referirse a más de 18.000 ciudadanos yugoslavos residentes en Eslovenia que, tras la independencia (conseguida en 1991), fueron despojados de sus derechos civiles. Los intentos de resolver el caso por parte de los partidos social-liberales contrastaron con la oposición de una parte de la población. Los más nacionalistas fueron movilizados por Janša en su convocatoria de un referéndum, celebrado en el año 2004, por el que la solución a la situación de los ‘borrados’ se dilató varios años más.

Poco después de aquel referéndum, a Janša le tocó pilotar la integración de Eslovenia en la Unión Europea. Para los dirigentes del continente, cuestiones como la de los ‘borrados’ eran menos importantes que la capacidad de los nuevos miembros de adaptarse a la dinámica del club, algo en lo que los eslovenos destacaron. No en vano, Eslovenia fue el primer país de la gran ampliación de 2004 en asumir el euro. En 2008, Janša se convirtió en el primer representante de este mismo grupo de países en presidir el Consejo.

Carteles electorales en Liubliana, el pasado 31 de mayo de 2018. (Reuters)
Carteles electorales en Liubliana, el pasado 31 de mayo de 2018. (Reuters)

¿Futuro inmediato?

La trayectoria de Janša aúna radicalismo, perseverancia y sentido de la oportunidad. En las circunstancias actuales, sus posibilidades de reconquistar el poder dependerán de las posibilidades de éxito o del fracaso del eventual gobierno de coalición social-liberal, que difícilmente aguantará la presión de la movilización social y sindical, a la que se deben una parte de los socios.

Eslovenia lleva casi una década desde el inicio de las llamadas “medidas de austeridad”, que han sido implementadas por diversos gobiernos social-liberales y, durante un año (2011-2012), por un pentapartito de organizaciones de centro-derecha, liderado por Janša. Actualmente, el cansancio es palpable en la sociedad, que día a día ve como se deterioran los servicios públicos debido a la congelación de las ofertas de empleo y la falta de inversión. De hecho, fueron las movilizaciones y huelgas de trabajadores del sector público las que provocaron la caída del anterior gobierno.

La parálisis política y la falta de perspectivas sociales pueden ser los ingredientes para una tormenta perfecta. En estas circunstancias, una repetición o adelanto electoral podrían suponer una bajada más acusada aún en la participación, lo que probablemente no afectaría a la base electoral de Janša, muy fiel y localizada en las ciudades medias y pequeñas. Su movimiento cuenta, además, con complicidades en los aparatos de seguridad del Estado. En un entorno regional propicio, caracterizado por el papel de figuras como Viktor Orbán y la pasividad de las instituciones europeas, el eterno líder de la derecha eslovena espera su oportunidad para erigirse como salvador de la patria.

Carlos González Villa es doctor por la Universidad Complutense de Madrid y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Antonio de Nebrija.

Tribuna Internacional

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