Hay que defender las libertades en Hungría. Esta semana, Bruselas tiene la oportunidad

La UE debe utilizar el artículo 7 -la llamada "opción nuclear"- como hizo en Polonia para impedir que este estratégico país centroeuropeo se convierta en un bastión de valores antieuropeos

Foto: Una mujer pasa frente a un mural antiinmigración colocado por el partido gubernamental Fidesz, en Gyongyos, en abril de 2018. (Reuters)
Una mujer pasa frente a un mural antiinmigración colocado por el partido gubernamental Fidesz, en Gyongyos, en abril de 2018. (Reuters)

El 12 de septiembre, el Parlamento Europeo votará para determinar si activa el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea contra Hungría. El artículo 7 es la cláusula que contempla las sanciones contra estados miembro cuando se les halla en incumplimiento de los valores fundacionales de la UE en lo concerniente a la dignidad humana, a la libertad, a la democracia, a la igualdad, al estado de derecho y a los derechos de las minorías. Como vocal del Comité Húngaro de Helsinki, insto a los eurodiputados a que voten "sí".

Hace más de veinte años que me uní al Comité Húngaro de Helsinki. Desde la fundación del primero de estos comités en la Unión Soviética en 1976, hemos trabajado para defender los derechos humanos frente a cualquier abuso, incluso de gobiernos socialistas. Pero el actual gobierno húngaro ha aprobado una normativa que hace imposible que cualquier ONG como la nuestra —que pudiera criticar al partido gobernante— pueda trabajar en Hungría. Las ONGs forman parte vital de la sociedad civil en cualquier democracia y son un mecanismo de supervisión del poder. Debemos luchar para permitir que las ONG funcionen en Hungría, como si lucháramos por la libertad de expresión y reunión en cualquier otro lugar.

Los derechos humanos se ven atacados por movimientos populistas y nacionalistas no solo en Hungría sino en todo el mundo: también en Italia, Polonia, los EEUU y otros lugares. Esas fuerzas animan a sus seguidores a replegarse y a rechazar al forastero, bien se trate de una idea o de un migrante a bordo de un barco.

Tenemos que superar esas miras estrechas y velar por los intereses de todos, dado que los retos de hoy y de mañana son de corte internacional —del cambio climático a la migración— y se encuentran interrelacionados. Los gobiernos no pueden abordarlos de forma individual y no deberían actuar unilateralmente. Lo digo como alguien que ha pasado su vida profesional dirigiendo orquestas; el mundo necesita directores de orquesta que coordinen. El director de orquesta se encarga de que todas las secciones de la orquesta toquen en armonía. El credo populista del 'America First' es como tener a los primeros violines tocando un compás propio sin importar lo que hacen los demás. En este caso, el Parlamento Europeo debe liderar y coordinar. Los eurodiputados tienen la oportunidad, y creo que también la obligación, de ayudar a salvar a Hungría de su propia disonancia populista.

El primer ministro húngaro Víktor Orbán durante una visita al Bundestag, en Berlín, el 4 de julio de 2018. (Reuters)
El primer ministro húngaro Víktor Orbán durante una visita al Bundestag, en Berlín, el 4 de julio de 2018. (Reuters)

Víctimas de la propaganda

He tenido el privilegio de dirigir Wagner en Bayreuth, Mozart en Salzburgo y Verdi en Milán en producciones operáticas en las que cantantes y músicos de todo el mundo trabajan juntos. La música siempre ha sido una profesión internacional. En el siglo XVIII, Handel, alemán, vivía en Londres y Salieri, italiano, en Viena. En aquella época, la mayoría de la gente no se movía de la ciudad o del pueblo en el que había nacido. La música no depende de idioma alguno y nos sirve de fuerza unificadora, nos obliga a hablar en nombre de quienes no tienen voz.

Hungría es uno de los estados miembro de la UE menos internacional, con una tasa muy baja de estudios de idiomas extranjeros. Sin supervisión alguna, el Gobierno seguirá socavando el pluralismo y marginando a las minorías sin voz. Nosotros, el Comité de Helsinki, luchamos contra tal desenlace y nuestra tarea se ve ejemplificada asimismo por la Universidad Centroeuropea en Budapest, diana predilecta del gobierno húngaro.

Este verano, mientras iba en taxi por Budapest, el taxista me dijo que todos los inmigrantes son terroristas y que lo peor que podía hacer cualquier gobierno era permitirles la entrada en el país. Este tipo de ideas y la idea de que la inmigración forma parte de una conspiración internacional envenenan el país. Me gustaría ver un debate sobre los verdaderos peligros del populismo y del tipo de mentalidad que permite que los inmigrantes mueran en el mar en vez de su rescate. El apoyo al artículo 7 instaría al país a transcender la propaganda pérfida de su gobierno que tiene a ese taxista tan desinformado.

En la actualidad nos enfrentamos a los mismos argumentos contra los grupos que apoyan los derechos humanos de hace 40 años bajo el comunismo y hace 80 bajo el nazismo. Las técnicas del poder autocrático son las mismas, y de nuevo peligra la libertad en Europa. Al dar el "sí" el 12 de septiembre, el Parlamento Europeo demostrará que comprende nuestro pasado común y la necesidad de un futuro en colaboración, y que está con nosotros en el lado correcto de la historia.

*Ádám Fischer es director de orquesta húngaro. Es el director de honor musical de la Orquesta Austrohúngara Haydn, director jefe de la Orquesta de Cámara Nacional de Dinamarca y director jefe de la Sinfónica de Dusseldorf.

Tribuna Internacional
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