El fin del desarme en Europa: la retirada de EEUU de un tratado de misiles decisivo

La decisión no es una excentricidad más del presidente Trump, sino una larga exigencia de la Comunidad Estratégica estadounidense, que busca una relación más realista con Rusia

Foto: Varios misiles balísticos tácticos rusos exhibidos durante el Día del Tanque en Luga, cerca de San Petersburgo, en septiembre de 2017. (EFE)
Varios misiles balísticos tácticos rusos exhibidos durante el Día del Tanque en Luga, cerca de San Petersburgo, en septiembre de 2017. (EFE)

Este sábado, el presidente Donald Trump declaró que EEUU se retirará del Tratado de Misiles de Alcance Medio y más Corto, conocido como INF, alegando que Rusia "lleva años violándolo". Ese mismo día, su Consejero de Seguridad Nacional John Bolton se preparaba para viajar a Moscú para discutir los detalles con el Kremlin. El anuncio ha pasado bastante desapercibido, pero es una decisión política de gran calado para la seguridad del continente europeo, que merece una explicación en profundidad.

El INF fue firmado a finales de los años 80 (1987), en un clima de absoluta distensión entre dos presidentes –Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan- que mantenían una fabulosa relación personal. A día de hoy, las condiciones son completamente distintas ya que no solo el clima entre EEUU y Rusia es completamente diferente, sino que además las complejas personalidades de sus presidentes no favorecen ni el entendimiento ni por supuesto el mantenimiento del Tratado.

¿En qué consiste el INF?

Es un tratado bilateral firmado entre Washington y Moscú con el único objetivo de reducir la amenaza de los denominados misiles de medio y corto alcance (500km a 5.500km). Este tipo de misiles -los euromisiles- fueron desplegados por la URSS en Europa Oriental en los años 70 y tenían por principal objetivo la fragmentación la OTAN, o lo que es lo mismo, que ante una guerra nuclear entre URSS y Europa Occidental Washington no interviniera para salvar a sus aliados. De este modo no sólo se fragmentaba la alianza en cuanto a sus aliados sino que también se partían sus capacidades, ya que se dividía entre misiles balísticos y estratégicos.

Así, después de duras e improductivas negociaciones, la OTAN decidió contrarrestar la amenaza que suponían los SS-20 soviéticos con el despliegue de Pershing y Cruise en el Benelux, Gran Bretaña, Italia y Alemania. Finalmente, los problemas económicos, políticos y humanos que sufrió la URSS en los 80 obligaron a Gorbachov a aceptar una serie de propuestas occidentales, como el INF, que permitieron iniciar la era del desarme en Europa.

Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan firman el INF en Washington, el 8 de diciembre de 1987. (Fuente: Wikimedia Commons)
Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan firman el INF en Washington, el 8 de diciembre de 1987. (Fuente: Wikimedia Commons)

¿Quién es el responsable de este desmantelamiento?

Teniendo en cuenta la estridente personalidad del presidente Trump, bien podíamos pensar que la retirada de Estados Unidos del INF ha sido otra de sus muchas excentricidades. Sin embargo la realidad es bien distinta ya que este hecho no sólo está liderado por el Consejero de Seguridad Nacional -el hiperrealista John Bolton- sino que responde a una dinámica iniciada ya a comienzos de este siglo cuyo objetivo es desmontar la arquitectura de seguridad construida a finales de los ochenta por ser considerada obsoleta. Quizás el primer paso es atribuible al propio EEUU con la retirada en 2002 del ABM, un tratado que prohibía, o al menos limitaba, el uso de misiles anti-balísticos. Si bien es cierto que fue la Administración Bush quien tomó la decisión, no es menos cierto que ya desde los tiempos de Reagan Estados Unidos ha venido actuando al borde de la legalidad en lo que a estas capacidades se refiere.

En este sentido, desde el año 2002 la OTAN viene desarrollando un sistema antimisiles que protegerá a Europa de una potencial amenaza nuclear rusa, lo que ha sido respondido por Moscú con la construcción de una zona de denegación de acceso A2/AD con despliegue de misiles antiaéreos (S-300 y S-400) en Kola, Kaliningrado, Abjasia, Crimea y Siria.

Por otro lado, la Rusia de Putin no sólo ha violado reiteradamente otros acuerdos internacionales como el INF, sino que directamente se ha retirado de otro importante mecanismo de desarme como es el CFE, un tratado que limitaba el despliegue capacidades convencionales en una amplia zona de Europa que va del Atlántico hasta los Urales. Por lo tanto, esta arquitectura de seguridad que se instaló en Europa a finales de los años ochenta, a día de hoy, puede considerarse no sólo obsoleta sino directamente muerta.

Un misil táctico ruso Iskander-M lanzado durante los ejercicios militares Zapad 2017. (EFE)
Un misil táctico ruso Iskander-M lanzado durante los ejercicios militares Zapad 2017. (EFE)

¿Por qué Estados Unidos se retira?

Desde que Putin pronunciara su famoso y agresivo discurso de Munich en el 2008, el Kremlin ha iniciado una política de revisión de sus sistemas de misiles que ha obligado a los Estados Unidos a abandonar el Tratado de INF ya que, a todos los efectos, puede considerarse muerto. En este sentido el Kremlin ha invertido ingentes cantidades de dinero en el desarrollo de nuevos misiles como el Samart o el Avangard que siguiendo las narrativas del Kremlin son – por distintos motivos- indetectables. En concreto el Samart es un misil balístico de alcance medio que, en teoría, sobrevuela a 10/15 metros lo que impide que pueda ser detectado por radares y destruido por los escudos antimisiles que está desarrollando EEUU.

Si bien es cierto que existen condiciones técnicas para que Estados Unidas pueda retirarse del INF, no es menos cierto que la decisión puede sorprender habida cuenta de las excelentes relaciones entre La Casa Blanca y el Kremlin. Hay que tener en cuenta que aunque Trump y Putin tengan intereses (ocultos) en común, la Comunidad Estratégica de los Estados Unidos ha presionado hasta la extenuación al presidente de los Estados Unidos para que Washington tomara la decisión que se ha hecho efectiva hoy.

¿Qué ocurrirá ahora?

Una vez todos los actores han puesto sobre la mesa la mayor parte de las cartas, lo que cabe esperar es que se establezca una nueva relación entre, por un lado, Estados Unidos y sus aliados, y por el otro entre Rusia y sus acólitos. Eso es precisamente lo que ha hecho el Consejero de Seguridad Nacional John Bolton, que busca reconstruir en Moscú la relación bilateral aunque sobre premisas más realistas en las que los conceptos amigo/enemigo estén más claros.

Como aspecto negativo tenemos que plantear que el presidente Trump se ha mostrado condescendiente con el Kremlin, pero como aspecto positivo debemos ser conscientes de que si un partido ha sabido controlar el expansionismo ruso, ese ha sido sin lugar a dudas el Republicano.

*Alberto Priego es profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas. Ha trabajado en varias universidades y 'think tanks' como la East West, la UCM o la University of London (SOAS).

Tribuna Internacional
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