Y la sucesora de Angela Merkel es… una segunda Merkel

La expectación era enorme. Se trataba de elegir al o la dirigente de la democracia cristiana alemana, al futuro o futura canciller, es decir, a la figura más poderosa de Europa

Foto: Annegret Kramp-Karrenbauer durante el congreso de la CDU en Hamburgo. (EFE)
Annegret Kramp-Karrenbauer durante el congreso de la CDU en Hamburgo. (EFE)

La expectación era enorme. Se trataba de elegir al o la dirigente de la democracia cristiana alemana, al futuro o futura canciller, es decir, a la figura más poderosa de Europa. Pero no ha habido sorpresas, no ha habido revuelta interna como se temía. Todo muy sereno, muy fluido, muy Merkel. En la CDU gana el centro-centro, la continuidad, sin riesgos. En las elecciones, ya veremos.

A Merkel le sucede en la presidencia de la CDU Annegret Kramp-Karrenbauer, la jefa de gobierno del Sarre que trajo a Berlín a comienzos de año como su sucesora al frente del partido. AKK, como se la conoce, era la favorita de las bases y ha sido la designada por los 1001 delegados reunidos en el Congreso de la CDU en Hamburgo. Pero Kramp-Karrenbauer consiguió el 99% de los votos cuando fue elegida secretaria general del partido en febrero. Ahora no ha habido ni aquella aclamación ni aquella euforia. AKK ha conseguido un raspado 52% de los votos frente al 48% de su rival, el enérgico Friedrich Merz, que planteaba un giro a la derecha para recuperar al electorado perdido.

La presidencia de la CDU, bastante clara. El futuro del partido, no tanto. Evidentemente, Merkel no va a tener problemas con su elegida. Si hubiera ganado Merz, éste habría intentado combatir a la canciller. Pero la CDU no ha optado por el riesgo, no ha habido rebelión como se temía. No ha ganado Merz, expulsado de la presidencia del grupo parlamentario hace diez años por la propia Merkel y que contaba con el apoyo de un gigante de la política alemana, Wolfgang Schäuble, que hizo la unificación junto a Kohl. Y que siempre se sintió taponado por Merkel. Esa era su rabia, su deseo de venganza.

Los alemanes, tan serios, tienen sentido del humor a veces. Por eso utilizan el acrónimo AKK, recordando, quizá, el del fusil de asalto soviético Kalashnikov, el famoso AK-47, su fuerza, su energía. Pero AKK está hecha de otra madera. A Merkel no la ha dado tiempo a completar su formación en la dura política nacional. Los tiempos se han precipitado. Su renuncia a la presidencia tras los reveses electorales ha acelerado el proceso.

Kramp-Karrenbauer ha dirigido, apenas, un Estado federado de los más pequeños y menos poblados de Alemania, perdido en el extremo occidental. Católica, de 56 años de edad, casada, con tres hijos que cuida su marido, contraria al matrimonio homosexual, asegura que una crisis como la de los refugiados de 2015 no se volverá a repetir. Una crisis, hay que puntualizar, que está en el origen del desastre democristiano.

De momento, su elección al frente de partido no significa que vaya a ser candidata a la Cancillería como sucesora de Merkel. Y no le aguardan tiempos fáciles. Los populismos que asaltan Europa son fuertes. Kramp-Karrenbauer ha dicho que la CDU tiene que tener ánimo, no mirar con angustia hacia la derecha o la izquierda; que tiene que situarse con ánimo frente a los populistas, los egoístas y los autócratas. No queremos ser, ha puntualizado, los que hundamos este partido.

Con su discurso ha intentado demostrar que no es una “mini Merkel”. Pero con esa actitud moderada, ese centro-centro, va a tener muy difícil recuperar los votos perdidos. Hay que recordar que a Angela Merkel no dejó la presidencia del partido voluntariamente. Se fue a finales de Octubre tras los serios reveses de su formación en las regionales de Baviera y de Hesse. Por no hablar del retroceso histórico en las generales del año pasado. Merkel tiró la toalla, había que reorientar el partido, la oferta. Su tiempo se había acabado. Los momentos de gloria eran cosa del pasado. La hija de un pastor protestante que llegó del Este, con su voz suave y delicadas maneras, se deshizo de su mentor político, el canciller Kohl, de muchos rivales internos y aplastó uno tras otro a cuatro rivales socialdemócratas.

La canciller alcanzó su cenit en 2013, cuando rozó la mayoría absoluta, pero después todo ha sido descenso. Lo suyo, la ideología sin ideología, como dicen los analistas alemanes, el centro con algunos toques socialdemócratas, había dejado de funcionar.

El confort que sentían los alemanes bajo la capa protectora de la madrecita Merkel se ha desvanecido. La CDU se ha ido quedando en una formación para la gente mayor. Los viejos votantes conservadores se van muriendo y los jóvenes van en otra dirección. Ahora se trata nada menos que de recuperar el 15% de los votos perdidos, redefinir qué es el “moderno conservadurismo” de la democracia cristiana. Pero eso de los grandes partidos, los Volkspartei, como dicen los alemanes, los partidos populares de masas, el 40% de los votos, son cosas del pasado.

Angela Merkel durante el congreso de la CDU en Hamburgo. (EFE)
Angela Merkel durante el congreso de la CDU en Hamburgo. (EFE)

Mientras que la vieja y antes gloriosa socialdemocracia alemana está absolutamente perdida y se sitúa ya como cuarto partido, incluso por detrás de la extrema derecha de Alternativa para Alemania, los Verdes tienen más definida su posición y por eso van los segundos según las encuestas. El futuro apunta ya en una dirección: Gran Coalición entre la democracia cristiana y Los Verdes

El derrotado Friedrich Merz se había inclinado por posiciones más derechistas para intentar recuperar al menos la mitad de los votos. Pero eso era también una propuesta muy arriesgada porque a la CDU se le han ido los votantes no solo hacia la extrema derecha, sino a otras formaciones. Lo que pudiera ganar por un lado se le podía ir por el opuesto.

A la CDU se le han ido los votantes no solo hacia la extrema derecha, sino a otras formaciones. Lo que pudiera ganar por un lado se le podía ir por el opuesto

Las grandes formaciones europeas van de bofetada en bofetada. En un Estado católico, rico, con pleno empleo y sin corrupción como Baviera, se apunta que la causa fue la entrada masiva de refugiados. En otros lugares de Europa, más al sur, también católicos, los motivos están más claros, el nepotismo generalizado, el desempleo más alto y la corrupción más vergonzosa.

“Nosotros, los cristiano demócratas alemanes tenemos la fuerza programática, la ambición espiritual al gobierno y el empuje político suficiente como para llevar a Alemania de nuevo hacia adelante", decía Angela Merkel en su discurso programático tras ser elegida presidenta del partido hace 18 años. Aquella fuerza la llevaría al poder cinco años después y la mantendría en la cima europea otros trece. Pero mucho de aquello se ha desvanecido.

Los viejos tiempos dorados de las grandes formaciones políticas, allí, aquí y allá han pasado. La próxima cita, las europeas de mayo. Y, repetimos, amenaza tormenta. A AKK le queda muy poco tiempo para renovar la oferta. “Nosotros no somos un gran almacén, donde se encuentra de todo”, ha dicho. El reto es gigantesco. Y la competencia, muy peligrosa.

Tribuna Internacional

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