Una mirada interior y alternativa con respecto a 'Gaza' en los Premios Goya

El singular punto de mira que acusa a Israel de toda responsabilidad sobre lo que acaece en la Franja de Gaza muestra una visión parcial sobre el conflicto palestino-israelí

Foto: Varios palestinos acuden a las protestas de los viernes contra Israel en la ciudad cisjordana de Gaza. (EFE)
Varios palestinos acuden a las protestas de los viernes contra Israel en la ciudad cisjordana de Gaza. (EFE)

El reciente galardonado documental 'Gaza' en la ceremonia de los Premios Goya es conmovedor, crudo y aterrador. Las imágenes hablan por sí solas. Lloro. 'Chapeau' por un documental bien labrado. Sus realizadores, Carles Bover Martínez y Julio Pérez del Campo, merecen dicho reconocimiento, y desde la distancia les deseo un futuro repleto de premios nacionales e internacionales.

No obstante, el singular punto de mira que acusa a Israel de toda responsabilidad sobre lo que acaece en la Franja de Gaza, de manifiesto en dicha cinta, así como durante el breve discurso de aceptación del premio, muestra una visión parcial sobre el conflicto palestino-israelí que deseo abordar a continuación.

Habiendo vivido en Israel desde junio de 2016, comienzo a comprender que la disyuntiva entre palestinos e israelíes es realmente más compleja que lo que nos dan a entender. No pretendo desarrollar un análisis exhaustivo de la casuística político-social de la región, tan solo enfatizar factores que considero importantes para entender mejor la relación entre ciertos actores involucrados.

No se puede hablar de la Franja de Gaza sin hablar de quien la gobierna: Hamás, una organización fundamentalista suní, reconocida como grupo terrorista no solo por Israel sino por la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y, más recientemente, Egipto, con quien la Franja de Gaza comparte frontera. Después de la retirada de Israel de la Franja de Gaza en 2005, y el traspaso de control a la Autoridad Nacional Palestina, Hamás pasó a ganar la mayoría parlamentaria en las elecciones del año 2006, destronando así a Fatah. Entonces, el Cuarteto Diplomático, formado por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y las Naciones Unidas, puso en marcha un dispositivo de ayudas, condicionado al compromiso del futuro Gobierno a la no violencia, al reconocimiento de Israel como Estado, y la aceptación de acuerdos anteriores.

Tras el rechazo de dichas condiciones por parte de Hamás, Israel, y más tarde Egipto, impuso sanciones económicas. Al año siguiente, y como resultado de tensiones palestinas internas entre Hamás y Fatah, Hamás tomó el control, no sin antes perpetrar numerosos asesinatos y torturas contra simpatizantes y militantes de Fatah. Desde entonces, existe una división política de los territorios palestinos: Cisjordania, gobernada por la Autoridad Nacional Palestina, y la Franja de Gaza, por Hamás.

Es en este contexto en que debemos entender la trayectoria de Hamás. A partir de ahí se afianza en la Franja de Gaza como una dictadura totalitaria. Hamás no cesa de desatender las necesidades de su gente y en lugar de asumir su papel como Gobierno civil, continúa pensando como una organización terrorista, invirtiendo numerosos recursos, mayoritariamente de Qatar (también de mayoría suní) en su guerra contra Israel. Tácticas maquiavélicas, tales como el uso de escudos humanos en colegios y hospitales, así como el uso de niños soldado, se convierten en rutina en tiempos de guerra. Desgraciadamente, civiles inocentes mueren por morteros del ejército israelí cuando la guerra estalla, a pesar de las minuciosas estrategias que desarrolla el ejército para evitar la muerte irracional de hombres, mujeres y niños.

La causa palestina, y en particular la Franja de Gaza (igual de grande que La Gomera), ejerce de eje importante en una región en parte dominada por las tiranteces entre las distintas denominaciones del islam, principalmente suníes y chiíes. Aquí existe un tira y afloja entre gobiernos, reinados y grupos terroristas, personificados por Irán, Siria, Arabia Saudí, Hezbolá y el Estado Islámico, entre muchos otros. Y en medio de este enjambre se encuentra Israel, cuyo Gobierno también juega al “yo te doy y tú me das” con sus vecinos, sobre todo en las áreas de agricultura, agua, medicina y finalmente defensa e inteligencia.

El conflicto palestino-israelí es del tamaño de un iceberg que toca fondo, y 'Gaza' solo muestra una punta desprovista de contexto geopolítico

La comunidad internacional ha escogido la Franja de Gaza y a través de ella ha minimizado una ecuación tremendamente compleja. El público en general (yo incluido) carece de tiempo y paciencia para informarse como es debido sobre lo que ocurre en ciertas regiones del mundo. De ahí que me cueste entender por qué entonces la mayoría de la sociedad lo tiene tan claro en lo que respecta al conflicto palestino-israelí. A menudo, cuando viajo, la gente me da a entender que no les gusta lo que el Gobierno israelí hace con los palestinos. Entonces les pregunto su opinión sobre conflictos actuales (físicos o políticos), como en Siria, Yemen, Venezuela, Tíbet, Taiwán o Cataluña, por poner ejemplos. Muy pocos me dan una respuesta tan contundente como la que concierne a Israel y la Franja de Gaza.

Creo que en parte se debe a una narrativa que perpetúa a Israel como único culpable en este conflicto. Documentales como 'Gaza', y la agresión verbal hacia Israel por parte de Julio Pérez del Campo durante la recogida del premio, ahondan la falta de comprensión sobre una lucha que requiere un análisis más profundo.

El conflicto palestino-israelí es del tamaño de un iceberg que toca fondo, y 'Gaza', aunque impactante, solo muestra una punta desprovista de contexto geopolítico, donde el culpable no es este o ese, y donde las soluciones están en el poder de estos y aquellos.

*Christian Jowers, natural de Madrid. Trabajando en el desarrollo de relaciones internacionales en una universidad privada en el área metropolitana de Tel Aviv. Casado con una judía israelí. Padre de Yael y Gabriel. Conviviendo día a día rodeado de distintas etnias, religiones y narrativas en el país más plural que conozco.

Tribuna Internacional
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