El laberinto constitucional venezolano

La situación es verdaderamente estupefaciente porque todos los pasos dados desde entonces por el chavismo no hacen sino demostrar la deriva autoritaria del régimen

Foto: Nicolás Maduro, en un acto en Caracas. (EFE)
Nicolás Maduro, en un acto en Caracas. (EFE)

En la actualidad, el laboratorio constitucional está en Iberoamérica. Allí se hacen los experimentos más audaces, las apuestas más arriesgadas. Una suerte de "constitucionalismo mágico". Unas veces esos experimentos salen bien, otras no tanto porque la realidad, tozuda, se niega a acomodarse a los dictados de unas constituciones que no traen las mejoras prometidas en sus textos y que, en el peor de los casos, socavan los fundamentos de la democracia misma so pretexto de promoverla.

Venezuela es un ejemplo del "experimentalismo" aludido y acaso el que peor resultado ha deparado. En la versión más clásica del caudillismo, el régimen chavista acabó derivando en un poder personal del presidente que al segundo intento consiguió reformar la Constitución para ser reelecto indefinidamente. El superpoder presidencial fue desactivando los débiles contrapesos y el régimen derivó, como tantas veces ha sucedido en aquellos lares, en poder personal, en gobierno de uno, en "monarquía", según el sentido que los griegos dieron a esta palabra, no en el moderno que recibe hoy en algunas de las más avanzadas democracias existentes en Europa.

Tras la desaparición del presidente Chávez, indudablemente muy popular en su país, su sustituto fue perdiendo inmediatamente el control, lo que culminó en la aplastante victoria de la oposición en las últimas elecciones libres celebradas en Venezuela, en 2015. Ante esta situación el Sr. Maduro, abrió un fraudulento proceso, consistente en hacer la revolución desde el poder, es decir, hacer estallar el orden constitucional chavista desde la presidencia de la República chavista. Lo hizo convocando unas trucadas elecciones a una sedicente asamblea constituyente que ha operado en paralelo a la legítima Asamblea Nacional elegida en 2015.

La situación es verdaderamente estupefaciente porque todos los pasos dados desde entonces por el chavismo, incluyendo una ilegítima elección presidencial a la que no pudo concurrir la oposición y de la que se benefició el Sr. Maduro, no hacen sino demostrar la deriva autoritaria del régimen que, paradójicamente, ha renegado de su propio fundamento constitucional, claro está, después de que la oposición lo batiera electoralmente con las propias reglas del régimen.

Aunque no hay duda de parte de quién está la legitimidad constitucional y por tanto democrática, Maduro sigue detentando el uso de la fuerza

Aunque no hay duda de parte de quién está la legitimidad constitucional y por tanto democrática, el Sr. Maduro sigue detentando el uso de la fuerza que no ha dejado de emplear de la peor manera, violando los derechos humanos. La situación ya es de franca tiranía, por utilizar el término, también griego, que describía la degeneración de la monarquía. En esta descomposición ni hay respeto de los derechos ni división de poderes que los garantice.

El camino no puede ser otro que el emprendido por la Asamblea Nacional como única institución que conserva su legitimidad, pues todas las demás, incluyendo el Tribunal Supremo y las Fuerzas Armadas están aún de parte del usurpador, Ilegítimo por no haber sido elegido en un proceso limpio y por no haber jurado ante de la Asamblea Nacional como exige la Constitución.

Y en ese camino que Venezuela debe recorrer para recuperar la democracia, un paso decisivo ha sido el acceso a la Presidencia del presidente de la Asamblea Nacional, en ausencia de Presidente legítimo. Como otras constituciones iberoamericanas, el presidente de alguna cámara parlamentaria asume la más alta magistratura de la República por vacante sobrevenida en la jefatura del Estado. Así lo dispone precisamente el artículo 333 de la Constitución venezolana para el supuesto de ausencia de presidente electo. Se trata desde luego de una situación provisional que se encauzará con la elección presidencial libre que fue insistentemente reclamada por buena parte de la comunidad internacional, incluida España.

Definitivamente el experimento venezolano ha fracasado. Lejos de perfeccionarse el Estado democrático y ser mejor ejercidos los derechos fundamentales, es obvio el retroceso, al que se ha sumado, para completar la catástrofe, una penuria que estrangula a la población. Con todo, un pueblo que añora su libertad está luchando por recuperarla y en esta lucha el pueblo español está de su parte.

*Raúl Canosa Usera es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Complutense de Madrid.

Tribuna Internacional
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