Nervios en la Gran Coalición alemana ante las elecciones europeas

Las elecciones europeas en Alemania se ven en clave interna. Un retroceso de los democristianos pondría en más aprietos al partido de Angela Merkel y a la canciller alemana

Foto: Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo, junto a Angela Merkel. (Reuters)
Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo, junto a Angela Merkel. (Reuters)

Se recuerda estos días en Alemania un dicho o refrán: "Hast Du einen Opa, schick ihn nach Europa", que rima muy bien en esa lengua y que en castellano vendría a decir: si tienes un abuelete, mándale a Europa, es decir a Bruselas. Como aquí, donde hay que colocar a los restos de los diversos y respectivos naufragios políticos, o al amiguete, siguiendo la más pura tradición de la picaresca nacional.

Las elecciones del domingo al Parlamento europeo, se dice machaconamente en todos los rincones de la Unión, son decisivas: más integración europea o desintegración, reforzamiento de los Estados Nacionales.

Pero en Alemania se ven en clave interna. Un retroceso de los democristianos, que seguirán siendo los más votados pero pierden cinco puntos según las encuestas, pondría en más aprietos a Angela Merkel. La todavía canciller tuvo que ceder la presidencia de la CDU tras las debacles del año pasado en Hesse y Baviera. Merkel ya no vende. Su imagen no aparece en los carteles electorales y su partido le ha recomendado que no haga acto de presencia en la campaña. Su sucesora al frente de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, se juega su prestigio para suceder a la canciller.

Y tan importante o más será el resultado para la socialdemocracia, que sigue sin encontrar su ego y que está en franco retroceso: de un 27% de los votos bajará hasta un miserable 15%, según las encuestas. Además, el domingo se celebran también regionales en la pequeña ciudad-Estado de Bremen y los socialdemócratas podrían quedar fuera del gobierno por primera vez en 70 años. Dos reveses que llevarían al SPD a replantearse el mantenimiento de la Gran Coalición con Merkel.

Los Verdes, una fuerza en alza en el centro y el norte de Europa, doblarían los resultados en Alemania; conseguirían un 18% según los sondeos, por lo que se convertirían en el segundo partido y en árbitros de la situación. Son proeuropeos, abiertos con respecto a la emigración y tienen posiciones claras en un tema candente como es el del cambio climático.

Abstención masiva

En Alemania, el 80% de la población está a favor de la Unión Europea, un porcentaje similar al que se registra en España. Nosotros seguimos siendo receptores netos, cada vez menos, y ellos siguen pagando, aunque, eso sí, se benefician vendiéndonos de todo. Todos contentos.

Pero a la hora de elegir al Parlamento Europeo, apenas la mitad de los votantes de la gran potencia europea acude a las urnas, como en otras latitudes. Da la impresión, aquí y allá, de que la oscura máquina burocrática de Bruselas es una cosa ajena, o que marcha por sí sola.

En el debate por televisión para las últimas elecciones generales, la mitad de los espectadores alemanes vio el duelo entre la canciller Merkel y su rival, Martin Schulz. Ahora, un debate sobre las europeas apenas ha registrado el 14% de cuota de pantalla.

Lo democracia cristiana sostiene que presenta a un peso pesado al frente de la listas, Manfred Weber, de la CSU bávara, pero apenas es conocido por la población y eso que rivalizará con el socialista holandés Frans Timmermans para suceder al presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, que deja el cargo este otoño.

El foco de la ecología

Y en los debates ambos no han hablado mucho de Europa, de las grandes líneas generales. El peligro no parece ser la desintegración de la Unión, sino el cambio climático. Timmermans se ha apuntado al carro ecológico. Sostiene que hay que reducir el número de vuelos interiores en Alemania. Tampoco hay que ser tan exagerado, le responde su rival democristiano; primero hay que mejorar los trenes.

Y llegamos un gran tema, el de la emigración, la llegada masiva a Europa de refugiados, la gran oleada de 2015, que supuso un revés electoral en las regionales para Merkel.

La democracia sostiene que Europa debe continuar con su tarea humanitaria, pero estima que debe bajar el número de los que llegan. Los que quieran venir deben pasar por zonas de tránsito en el Norte de África y esperar allí a que se tramite su petición.

Los socialdemócratas plantean luchar contra las causas de la emigración, no contra los emigrantes y proponen repartir a los que lleguen de manera proporcional entre los países de la Unión, que recibirían los fondos pertinentes. Los socialdemócratas no quien saber nada de zonas de tránsito.

Los emergentes Verdes piden reforzar las fronteras exteriores de la Unión, sobre todo para luchar contra las mafias y el terrorismo, no para expulsar a los que quieran llegar. Sostienen además los ecologistas que los ya afectados por el cambio climático deben ser acogidos.

¿Y qué piensa la izquierda? Die Linke propone lisa y llanamente fronteras abiertas para todos. La fuerza ascendente por el otro extremo, la ultraderechista y nacionalista Alternativa para Alemania, advierte contra “la muy agresiva y peligrosa islamización de Europa” y no quiere saber nada de cuotas; que cada país decida cuántos refugiados está dispuesto a recibir.

Así las cosas, los “abueletes” electos para el Parlamento Europeo por las dos grandes corrientes en retroceso, democristianos y socialdemócratas, no lo van a tener fácil en esta legislatura ante el previsible ascenso de las fuerzas antieuropeas, ultranacionalistas y xenófobas. Al menos contarán con el apoyo de los Verdes. También en Alemania, si son necesarios para formar un nuevo goberno.

Tribuna Internacional
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