Patinazos alemanes sobre la salud de Merkel

Mientras que el vídeo de la canciller se extendía por el mundo, algunos medios alemanes daban muy poco relieve a la noticia, y otros, ni siquiera la han contado

Foto: Angela Merkel en el g20 en Japón. (Reuters)
Angela Merkel en el g20 en Japón. (Reuters)

La canciller tiembla, el mundo se preocupa, pero no pasa nada, 'business as usual' en Berlín. Angela Merkel viajaba hacia Osaka este fin de semana, para la cumbre del G-20. Y los medios alemanes miraron para otro lado. “La canciller está bien". Eran las escuetas palabras del portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, después de que Merkel volviera a temblar el jueves, como ocurrió ocho días antes, en un acto oficial.

Pero esta escueta explicación no basta, señalaba algún analista en la prensa alemana. Se trata de la dirigente de la gran potencia de Europa, de una de las “grandes” de la esfera internacional, y desde el extranjero se mira con preocupación a Berlín.

Es curioso, y esto hay que subrayarlo, porque mientras que el vídeo que mostraba los temblores de la canciller se extendía por el mundo, los medios alemanes, en general, daban muy poco relieve a la noticia y otros, ni siquiera la daban. Así es de serena o de sobria la sociedad alemana. La salud es una cosa privada, escribe una comentarista.

Merkel concurrió a las últimas elecciones en 2017 con la promesa de mantenerse en el cargo cuatro años más si las fuerzas y la salud se lo permitían. Algún medio señalaba a posteriori, como para justificarse que, en tanto en cuanto esté bien y pueda ejercer su cargo, hay que respetar la privacidad. Esa es la clave de la opacidad informativa. Aunque también se reconoce el derecho de la opinión pública a debatir el caso.

Uno de los más prestigiosos y sesudos semanarios alemanes, 'Die Zeit', sigue sin hablar de tema y otros medios informaban más tarde, de rebote, tras su llegada a Osaka, donde ya era uno de los temas centrales de conversación entre los dirigentes del G-20. Se observaba con lupa cada uno de sus gestos, cómo no admitía preguntas tras una declaración, o cómo estaba, no en el centro de la foto de familia, sino en un extremo, ¿cerca, quizá, de los médicos?

En las redes sociales, los alemanes se muestran muy interesados por la salud de su canciller, a pesar de la escueta información de los medios

Para completar la confusa situación, Los Verdes, el primer partido en Alemania hoy según los sondeos, meten la pata. Su copresidenta, Annalena Baerbock, ha afirmado en rueda de prensa que los temblores de Merkel se debían, quizá, al calor, al cambio climático. Una afirmación que la ecologista se ha apresurado a corregir. Después ha pedido disculpas a la canciller. Algunos comentarios, a veces, se pagan muy caros en política. Merkel sigue siendo muy querida, al margen de que su partido, la CDU, esté en crisis.

En las redes sociales, los alemanes se muestran muy interesados por la salud de su canciller, a pesar de la escueta información de los medios, e, independientemente de su orientación política, enormemente respetuosos con la persona.

Merkel lleva tres mandatos y medio, catorce años, al frente de la cancillería. Durante este tiempo ha sido la 'Mutti', la madrecita protectora para muchos alemanes. En todo momento se ha mostrado bien de salud, física y psíquica, y es conocida su resistencia y su firmeza en las negociaciones, como saben bien en Bruselas y durante la crisis económica y financiera, como recuerdan muy bien los griegos. Pero el récord lo tiene en la discusión que mantuvo con Putin, en febrero de 2015, sobre la tensión en el este de Ucrania, durante 17 horas seguidas.

Los temblores de la canciller han sido uno de los temas de la cumbre. (Foto: Reuters)
Los temblores de la canciller han sido uno de los temas de la cumbre. (Foto: Reuters)

Hace diez días sorprendieron los temblores de Angela Merkel. Era en un acto oficial en la recepción al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskiyj, mientras escuchaban los himnos nacionales. Los temblores se achacaron al calor. La canciller bebió tres vasos de agua y estaba perfectamente, según se informó posteriormente.

Días después, en la reunión del Consejo de ministros no se habló del tema, según los participantes. Merkel visitó más tarde un colegio en la Baja Sajonia y comentó ante los niños: hay que beber más agua y menos café. Una periodista le preguntó por su estado de salud y la canciller respondió con tono británico: “Muy bien, ¡oh, qué interesante es todo esto!". Pero Merkel sufrió nuevos temblores a primera hora del jueves en un acto ya en un interior, en la sede de la Presidencia de la República, el Palacio de Bellevue de Berlín, que cuenta con aire acondicionado.

En esta ocasión Merkel rechazó con un gesto el vaso de agua que le ofreció una persona del protocolo tras los temblores y después conversó con naturalidad con el presidente Steinmeier y la homenajeada, la ministra de Justicia, Katarina Barley, que pasa a ser eurodiputada. Se mantuvo el calendario y el avión oficial partió de Berlín hacia Japón y desde allí viajará a Bruselas para una dura cumbre europea. En los viajes al extranjero la canciller cuenta con la asistencia de un médico y un sanitario del Ministerio de Exteriores.

Los servicios jurídicos de la cámara baja del Parlamento alemán, el Bundestag, precisaron en 2014 los pasos que se debían dar en caso de que el jefe o la jefa de
Gobierno no pudiera ejercer su cargo. El o la canciller tiene la potestad de nombrar un vicecanciller que debe ser ministro, que ocuparía su puesto en caso de enfermedad o de incapacidad. Merkel fue sometida a una operación de rodilla en 2011 y a otra intervención en 2014 tras un accidente de esquí y en ningún momento estuvo de baja, si no que trabajó en su casa durante la recuperación.

La preocupación sobre el estado de salud de Merkel sucede en medio de una grave crisis de la Gran Coalición entre democristianos y socialdemócratas que preside la canciller. Ambos partidos han sufrido fuertes retrocesos en las recientes elecciones europeas. Hoy, según los sondeos, el primer partido alemán serían Los Verdes. En otoño hay elecciones en dos grandes Estados federados del Este alemán, la antigua República Democrática, Brandenburgo y Sajonia, y las previsiones para las grandes e históricas formaciones son negras. Allí se alzarían como primer partido los ultras de Alternativa para Alemania. Merkel abandonó la presidencia de la CDU tras los reveses del año pasado en Baviera y Hesse y su sucesora al frente de los democristianos, Annegret Kramp-Karrenbauer, no ha conseguido reconducir el rumbo perdido del partido. También el SPD está hundido. Su presidenta, Andrea Nahles, dimitió tras el desastre de las europeas. El SPD se ha planteado su sucesión con una lentitud extrema, en un proceso que terminaría en diciembre.

Pero antes, los resultados de las regionales, que serán desastrosos para el SPD, pueden acelerar los plazos o llevar a la ruptura de la coalición, al frente de la cual está una canciller cuya salud preocupa más y más a los alemanes. Aunque los medios germanos, tan políticamente correctos, no informen del caso.

Tribuna Internacional
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