Chirac, el presidente que echó a Aznar en brazos de Bush

El expresidente francés, que falleció este jueves a los 86 años, fue un adalid de la resistencia a la "agresividad neoimperialista" de Bush en los primeros años del siglo XXI

Foto: Jacques Chirac, Jose María Aznar y Tony Blair, en 2002 en una reunión de la OTAN. (EFE)
Jacques Chirac, Jose María Aznar y Tony Blair, en 2002 en una reunión de la OTAN. (EFE)

Las últimas semanas del invierno de 2003 fueron las de una bronca diplomática constante entre los partidarios de la invasión de Irak, encabezados por Estados Unidos, y aquellos que, liderados por Francia, se oponían a ella en el bando de los países occidentales. España, gobernada por José María Aznar, era entonces, por orden de importancia, el tercer aliado occidental de un presidente, George Bush, empeñado en acabar con unas armas de destrucción masiva que el dictador Sadam Husein ya no poseía.

Chirac, el presidente que echó a Aznar en brazos de Bush

A ojos de muchos partidos socialdemócratas, progresistas y también de numerosos países en vías de desarrollo, el presidente Jacques Chirac, que falleció este jueves a los 86 años, se convirtió entonces en el adalid de la resistencia a la “agresividad neoimperialista” de un Bush que trataba de reconfigurar el mapa de Oriente Próximo en favor de EEUU y, en última instancia, de Israel. “Irak no representa hoy en día una amenaza inmediata que justifique una guerra inmediata”, declaró Chirac el 18 de marzo de 2003, alcanzando entonces las mayores cuotas de popularidad en Francia y más allá de sus fronteras.

Aquellos meses fueron, probablemente, el peor momento de la relación entre Madrid y París desde que España se adhirió, en 1986, a lo que hoy en día es la Unión Europea. Los primeros nubarrones entre ambas capitales surgieron en febrero de 2000, cuando Jacques Chirac prometió en El Elíseo colaboración con España en todos los ámbitos excepto el de la pesca con Marruecos, porque no había que poner en apuros al joven e inexperto rey Mohamed VI.

“El primer factor de distanciamiento entre Aznar y Chirac fue Marruecos”, ha reconocido en más de una ocasión el diplomático Ramón Gil Casares, que en aquellos años dirigía el gabinete internacional de Moncloa. Más allá de la pesca, el vecino del sur suscitó entonces otros cuantos roces —uno de ellos sobre el Sáhara Occidental— entre las dos antiguas potencias coloniales europeas que se repartieron Marruecos a principios del siglo pasado.

Perejil, ese islote situado a menos de 200 metros de la costa marroquí, provocó, sin embargo, la mayor colisión hispano-francesa en julio de 2002. Después de que un puñado de uniformados marroquíes se adueñaran de él rompiendo el 'statu quo', Aznar llamó a un buen número de jefes de Gobierno y de Estado occidentales para informarles y pedirles solidaridad. Chirac fue el último con el que se puso en contacto porque temía su respuesta.

Jacques Chirac y su esposa, cenando con José María Aznar y Ana Botella. (EFE)
Jacques Chirac y su esposa, cenando con José María Aznar y Ana Botella. (EFE)

Chirac “me sugirió la entrega [a Marruecos] de todos los peñones españoles de la costa marroquí y también de Ceuta y Melilla”, reveló Aznar a este periodista en una conversación mantenida hace 13 años para preparar un libro ('Vecinos alejados', editorial Galaxia Gutenberg). Más tarde, el expresidente lo contó también en sus memorias. “Hay que saber que [la toma de Perejil el 11 de julio de 2002] no estaba solamente impulsada por Marruecos, sino que contaba con algún otro país detrás”, añadió el presidente en una clara alusión a Francia. Michel Bonnecorse, que fue consejero de Chirac para África, niega tajantemente esta versión de Aznar sobre la actuación francesa.

Aznar no pudo demostrar que París había instigado a Mohamed VI a apoderarse del islote, pero en los días posteriores a su toma sí quedó claro el apoyo de Chirac al reino alauí. El presidente francés podía entonces haber desempeñado un papel mediador que habría engrandecido su figura, pero optó por alinearse con un Marruecos con el que creía que estaba en deuda. 'Majestad, le debo mucho a su padre' ('Majesté, je dois beaucoup à votre père', editorial Albin Michel, París 2016) es el título de un libro del periodista de 'Le Monde' Jean-Pierre Tuquoi. Recoge una frase de Chirac pronunciada ante Mohamed VI en 1999, tras la muerte de su padre, Hassan II. Quería ayudar al nuevo rey como él fue ayudado por su difunto padre.

La diplomacia francesa no tuvo la agilidad suficiente para impedir una declaración, solidaria con España, de la presidencia danesa de la UE, pero después lo vetó todo. Chirac consideraba que la conquista de Perejil era una “metedura de pata”, y así se lo dijo a varios miembros de la familia real marroquí —no al rey—, pero después se esforzó en sacar al monarca del apuro en el que se había metido. Por eso abortó cualquier intento de la UE de secundar a España ni siquiera en su Comité de Política y Seguridad, un órgano secundario.

Personajes tan alejados en aquel momento como Jorge Dezcallar, entonces director del CNI, y Olivier Schrameck, embajador de Francia en Madrid, coinciden en que Perejil marca un antes y un después en la política exterior de Aznar. El islote “fue para el presidente español un punto de inflexión”, comentó Dezcallar, porque “al no poder contar con Francia”, optó por estrechar sus lazos con Bush.

Aznar quedó entonces convencido “de que EEUU, intercesor complaciente [medió con éxito entre Madrid y Rabat], era el mejor aliado de España, y que en esas circunstancias España podía convertirse, para su provecho, en el mejor aliado de EEUU”, escribió Schrameck en su libro 'Memorias de alternancia' ('Mémoires d’alternance', París, Le Seuil 2005). De ahí la famosa foto del archipiélago portugués de las Azores en la que, en vísperas de la invasión de Irak, Aznar se retrató con Bush y el británico Tony Blair.

Banderas a media asta en Francia por la muerte de Chirac. (Reuters)
Banderas a media asta en Francia por la muerte de Chirac. (Reuters)

Aznar no desmiente esta interpretación de su furor pro Bush, solo la matiza un poco. Asegura que él ya había comenzado “una política de fortalecimiento atlántico”, es decir, de acercamiento a Washington. Al equivocarse, Chirac dio “más oportunidades a EEUU” en su relación con España.

Con la llegada al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, en 2004, las aguas volvieron a su cauce con Marruecos y con Francia. Desde entonces, han transcurrido 15 años sin el menor roce con el vecino del norte —la relación es espléndida— y solo algunos de escaso alcance —la interceptación del yate real por la Guardia Civil en agosto de 2014 en Ceuta— con el del sur. La obsesión por mantener la mejor relación con la monarquía alauí ha llevado incluso a Pedro Sánchez a ser, el martes pasado, el primer presidente español que en su discurso en Naciones Unidas habla del Sáhara Occidental sin referirse al derecho a la autodeterminación de los saharauis.

Tribuna Internacional
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