El elefante en la habitación que ni Trump ni Erdogan se niegan a reconocer

La retirada de EEUU de Siria provocó un conflicto geopolítico de primera magnitud que aún sigue coleando con Turquía como protagonista con consecuencias indeseables para los más débiles

Foto: Tayyip Erdogan y Donald Trump. (Reuters)
Tayyip Erdogan y Donald Trump. (Reuters)

La retirada de Estados Unidos de Siria provocó un conflicto geopolítico de primera magnitud que aún sigue coleando con Turquía como protagonista. Turquía está considerado uno de los países en los que la democracia está en un proceso de deterioro que parece no tener marcha atrás (“backsliding democracy” en la jerga académica). Hay dos elementos que complican la situación todavía más: el conflicto kurdo y la crisis de refugiados.

Por un lado, gran parte de la población kurda del país, con menor desarrollo económico y sin apenas derechos culturales, se siente maltratada por el gobierno turco. A su vez, el gobierno de Erdogan considera que las principales organizaciones que representan a la población kurda son terroristas o tienen vínculos con el terrorismo. Por otro, la situación con los refugiados sirios en Turquía, que constituyen casi cuatro millones de personas, ha evidenciado de nuevo la debilidad y desunión de la Unión Europea ante este tipo de situaciones. En las últimas semanas, los acontecimientos han vuelto a demostrar que la Unión Europea debería cambiar de estrategia con Turquía y los refugiados si quiere seguir considerándose una comunidad política defensora de los derechos humanos.

Trump, contigo empezó todo

Usando sus propias palabras, la “genial e inigualable sabiduría” de Trump dio pie al comienzo de la crisis. En unas declaraciones plagadas de errores fácticos, el presidente del país más poderoso del mundo defendió la abrupta decisión de que las tropas americanas abandonaran Siria. Después de la retirada de Estados Unidos, Turquía empezó una serie de operaciones en el norte de Siria que alertaron a la comunidad internacional. Erdogan afirmaba estar llevando a cabo operaciones contra el terrorismo y que su único objetivo era conseguir que la zona fuera segura para turcos y sirios, incluyendo a la población kurda. Además, Erdogan aseguró que esto “llevaría al establecimiento de una zona segura que facilitaría la vuelta de los refugiados sirios a sus casas”. Sin embargo, las operaciones parecían muy dudosas desde la perspectiva del derecho internacional y los derechos humanos.

Como ha explicado Oona Hathaway en el 'Washington Post', las operaciones suponían una violación del derecho internacional. Respecto al respeto de los derechos humanos, ha habido importantes diferencias entre la cobertura que se ha hecho a este problema desde Turquía y en los medios internacionales. Algunos medios turcos alegan que el ejército estaría en realidad ayudando a los civiles kurdos.

Mientras tanto, en la mayoría de medios internacionales han aparecido críticas a la actuación del ejército turco, que habría llegado a amparar la utilización de ataques químicos y la matanza de civiles. La investigadora Burcu Ozdemir, que estudia el tema de las relaciones turcas y kurdas en la Universidad de CUNY en Nueva York, explica que “aunque es difícil evaluar con la información que disponemos lo grave que ha sido la violación de derechos humanos en la región, ha habido casos en los que los abusos parecen claros. Uno de los más sonados fue el asesinato de la líder política kurda Hevrin Khalaf el 12 de octubre. Aunque se desconocen los detalles del caso, las marcas en su cuerpo apuntan a que fue torturada anteriormente”.

El problema para evaluar las violaciones de derechos humanos en la zona lo constituye principalmente la falta de información. La mayor parte de la prensa turca, en general servil con Erdogan, no informa con exactitud sobre lo que ocurre en la región.

Diferentes motivaciones

La mayoría de las acciones de Erdogan parecen diseñadas para seguir en el poder. Las operaciones que ha llevado a cabo su gobierno en Siria han conseguido un amplio apoyo en la oposición. “El 90% de los votantes de centro derecha están a favor de la operación, mientras que el 63% del principal partido de la oposición e incluso el 17% del partido kurdo más importante también la apoyan”, explica Nezih Onur Kuru, investigador en la Universidad de Koç en Estambul. Aunque Onur Kuru aclara que no está claro si lo que implican estos datos es que los ciudadanos turcos confían en las políticas de Erdoğan o en el ejército turco, el investigador cree que el amplio apoyo de la operación desde diversos sectores muestra su éxito desde un punto de vista electoral.

En los últimos años, Turquía ha comenzado un viraje estratégico que lo ha hecho más cercana a Rusia, amenazando con dividir a la OTAN. En este contexto, el vacío de poder creado por la retirada de Estados Unidos fue aprovechado inmediatamente por Putin. Tras el acuerdo que alcanzaron en Sochi, Rusia y Turquía cooperan en la región, en la que su poder se ha visto consolidado con los últimos acontecimientos. “Aunque la operación se explica en parte por las motivaciones internas de Erdoğan, no se entiende bien sin el rol de Rusia. Putin parece ser el ganador en la esfera internacional de todo lo que ha ocurrido”, cuenta Guney Demir, investigador doctoral en la Universidad de Cuny en Nueva York. Diversos analistas coinciden en señalar a Rusia como el principal beneficiado por los acontecimientos.

El elefante en la habitación

La Unión Europea ha sido incapaz de actuar con coherencia y determinación ante las acciones del gobierno de Erdogan. La situación nos retrotrae a cómo se solventó la crisis de refugiados, al auge de la extrema derecha en Europa y a los problemas internos de la Unión Europea. Algunos analistas consideran que la decisión de Angela Merkel de dejar entrar un millón de refugiados en Alemania, aunque bienintencionada, fue un error. Creen que el auge de la ultraderecha en el país fue causado por la inmigración masiva que llegó tras la apertura de puertas alemanas.

Desde este punto de vista se aduce que, debido al peligro de la ultraderecha en Europa, se debe seguir una política muy moderada de acogida y defender el acuerdo con Turquía. Sin embargo, desde otra perspectiva, se puede argumentar que este acuerdo también tiene grandes costes. Para empezar, maniata a la Unión Europea, que se ve sin capacidad de maniobra respecto a Turquía. Las recientes declaraciones de Erdogan, amenazando con dejar la frontera abierta con Europa si se criticaba sus operaciones en Siria, muestran el complicado papel que juega la Unión Europea con Turquía.

El acuerdo con Turquía supone un problema muy grave desde el punto de vista humanitario. “Las tareas que se asignaron a Turquía no eran realistas y el dinero que se ha dado desde la Unión Europea es insuficiente. Además, está sujeto a algunas condiciones que son casi imposibles de cumplir en las circunstancias actuales”, considera Firuze Simay Sezgin, investigadora de la Universidad de Koç en Estambul.

Las condiciones en las que están una buena parte de los refugiados sirios en Turquía son lamentables. En los últimos meses, los europeos nos hemos ido acostumbrando a las terribles imágenes que nos han llegado de refugiados muriéndose en las fronteras griegas. Pero algo en lo que se ha hecho poco hincapié es en que la llegada masiva de refugiados sirios a Turquía ha creado tensiones con la población local turca en las principales áreas metropolitanas del país. En 2017, al menos 35 personas murieron a consecuencia de estas tensiones, 24 de ellas sirias. En Turquía hay quien alega que los sirios reciben ayudas preferentes a los servicios públicos, que son diferentes culturalmente y que les quitan los puestos de trabajo a los turcos. ¿Les suena?

Electoralismo marca España

Aunque las instituciones europeas trataron de hacer que los estados miembros llegaran a un acuerdo de acogida de refugiados ambicioso y coordinado, la mayoría de ellos decidió adoptar un perfil bajo u oponerse directamente a un acuerdo de acogida. En España, el gobierno de Mariano Rajoy decidió seguir la primera estrategia, a la vez que alegaba tener un paro demasiado alto para poder hacerse cargo de un número considerable de refugiados.

En noviembre de 2018, España solo había recibido un 20% de los refugiados que se había comprometido a recibir. En ese sentido, sorprende que desde el Partido Popular se pidiera “sentido de estado y una respuesta coordinada con la UE” al gobierno de Pedro Sánchez. Por su parte, tras hacer algunos cambios cosméticos y declaraciones electoralistas de cara a la galería, con algunas actuaciones que parecen fruto de la improvisación, el gobierno del PSOE siguió más o menos la misma línea que el ejecutivo anterior.

En los últimos meses, la entrada de Vox en la arena política, un partido que apuesta por la mano dura en inmigración y sin ningún tipo de empatía con los refugiados, ha complicado todavía más la situación y ha hecho que cambiar la política migratoria del futuro gobierno que se forme sea todavía más improbable. En todo caso, España no ha sido una excepción en el panorama europeo.

“Al menos, Europa puede y debe acoger a algunos de los miles de refugiados que viven en condiciones lamentables en la frontera”, declara Firuze Simay. En este juego entre estados, los olvidados parecen claros: la población kurda y los refugiados sirios. Ellos son los grandes olvidados de las crónicas de 'realpolitik' a las que nos tienen acostumbrados nuestros gobiernos y analistas.

Tribuna Internacional
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