Choque de trenes entre Washington y Teherán

El nuevo año no podía haber empezado con peor pie en Oriente Medio. El asesinato de Qasem Soleimani podría desencadenar un enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán

Foto: Protestas en Teherán por la muerte de Qasem Soleimaní. (Reuters)
Protestas en Teherán por la muerte de Qasem Soleimaní. (Reuters)
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El nuevo año no podía haber empezado con peor pie en Oriente Medio. El asesinato de Qasem Soleimani, responsable de la unidad de élite iraní Al-Quds, podría desencadenar un enfrentamiento directo entre Estados Unidos e Irán que podría desestabilizar el conjunto de la región. Debe tenerse en cuenta que Soleimani era un pilar clave del régimen iraní y era el hombre de confianza del guía supremo Ali Jamenei, de ahí que muchos analistas lo consideren una auténtica declaración de guerra. En los últimos años, el general iraní había sobrevivido a diversos intentos de asesinato, lo que había disparado su popularidad entre la población y multiplicado los rumores de su inminente salto a la política.

Desde su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump ha dejado claro que su enemigo número uno era el régimen de los ayatolás al que suele tachar de ser "el mayor patrocinador mundial del terrorismo". Durante la campaña electoral, Trump anunció que torpedearía por todos los medios el acuerdo alcanzado entre el G5+1 e Irán para frenar su programa nuclear a cambio de levantar las sanciones económicas. De hecho, tras ser elegido presidente restauró las sanciones a Irán e incluyó a la Guardia Republicana en su lista de organizaciones terroristas. La presión sobre la economía iraní pretendía provocar el estrangulamiento del régimen, que atraviesa sus horas más bajas en medio de una fuerte contestación interna por su nefasta gestión de la crisis, pero también por dilapidar ingentes cantidades de dinero en sus aventuras regionales en Siria, Irak o Yemen.

Lo que nadie esperaba es que esta estrategia de hostigamiento llegara tan lejos y apuntara tan alto. Un ataque de esta envergadura difícilmente pasará sin respuesta. Así lo han afirmado el guía supremo Jamenei y el presidente Rohani. Hesameddin Ashena, uno de sus más destacados consejeros, ha advertido al inquilino de la Casa Blanca: "Has cruzado una línea roja: pagarás un elevado precio". En todo caso, la respuesta iraní no tiene por qué ser inmediata. La principal incógnita por despejar es, por lo tanto, saber el cuándo y el dónde llegará esta respuesta. El régimen iraní tiene diferentes opciones sobre la mesa. Irak todavía alberga a un contingente de 5.000 efectivos norteamericanos, lo que representaría un blanco fácil para las milicias chiíes proiraníes que operan en el país árabe, deseosas de vengar la muerte del número dos de las Fuerzas de Movilización Popular Abu Mahdi al-Muhandis, fallecido también en el ataque de Bagdad.

Manifestantes queman banderas de EEUU por el asesinato de Soleimani. (Reuters)
Manifestantes queman banderas de EEUU por el asesinato de Soleimani. (Reuters)

Otra posibilidad sería movilizar a sus peones regionales, entre los que se encuentra el Hezbolá libanés, para atacar objetivos norteamericanos o israelíes en la zona. Por último, una opción mucho más drástica, pero en absoluto descartable, sería tratar de interrumpir el tránsito de cargueros en el estratégico estrecho de Ormuz, lo que desencadenaría una crisis energética mundial y dispararía los precios del crudo. Debe recordarse, igualmente, que las bases militares norteamericanas en el golfo Pérsico también están al alcance de los misiles balísticos iraníes, aunque esta opción equivaldría a una declaración de guerra que podría provocar un choque frontal entre Washington y Teherán, por lo que parece escasamente factible.

* Ignacio Álvarez Ossorio es profesor de Estadios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid

Tribuna Internacional
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