Ética y emergencia climática, o por qué coinciden Greta y el Papa Francisco

La activista sueca y el obispo de Roma coinciden en que el deterioro del medio ambiente y el de la sociedad puede afectar de un modo especial a los más débiles del planeta

Foto: Greta Thunberg y el Papa Francisco
Greta Thunberg y el Papa Francisco

Contra el ruido mediático, las descalificaciones, la negación de evidencias, aquí van lecturas y cine para reflexionar de modo positivo sobre uno de los grandes temas del año que acaba de terminar.

Greta comunica bien. Ha conectado con las esferas públicas y de Gobiernos, y con los jóvenes. Ha coincidido en mensajes que revolucionan las conciencias individuales y también las cuentas de resultados de las industrias más contaminantes, tanto que algunas regiones del mundo se han excluido. También el Papa Francisco tiene don de gentes: se le entiende, aunque a veces se le critique y rechace. Es descarado, descarnado incluso, dicen, en su modo de describir las heridas, las oscuridades de nuestra sociedad, incluido que “el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta, los pobres, los excluidos”.

Esta no es una cuestión solo de cómo reciclamos, o si las ciudades deben permitir o no la circulación de determinados coches de combustión, que también. Si fuéramos todos más cívicos nos iría mejor.

Greta Thunberg ha hablado en este año al menos en tres foros mundiales como ONU, el Parlamento Europeo y recientemente en la cumbre del Clima de Madrid (COP25). Más allá de los porqués del fenómeno, de si sus padres, de si el colegio, bla, bla, bla, para una vez que un joven de 16 años levanta la voz, caramba, escuchemos.

Tampoco debe ser cuestión de que todos cambiemos a coche eléctrico —acabo de experimentarlo y es complicado, no estamos listos, además de que es más caro—, pero hay algo que está claro. En el consumo, en el uso de los bienes escasos (agua, etc), en el respeto al medio ambiente, incluyendo al ser humano, tenemos que cambiar. Y el cambio no viene solo del Boletín Oficial del Estado, requiere una transformación de las industrias, de los procesos, y de una conversión ecológica. No me disgusta el titulo del Ministerio de "Transición ecológica", pero debemos saber hacia dónde vamos y ser coherentes en el rumbo.

Las voces de líderes y Papas

Ha habido otros líderes también en esa línea (por supuesto Al Gore, premio Nobel de la Paz). Y muchos científicos y artistas. Y entre los líderes recientes, varios Papas. Ocurre que los nombres de las encíclicas son a veces desconocidos y pasan inadvertidos a las mayorías sociales, no hay series de Netflix sobre ellas —al menos de momento— también entre los creyentes. Pero déjenme citarles algunas de las últimas sobre la cuestión ecológica, la más reciente, la Laudatio Si del Papa Francisco, y de Juan Pablo II dos, la 'Sollicitudo rei socialis' (1987) y la 'Centesimus annus' (1991) que coinciden con el mensaje de Greta Thunberg y de tantos jóvenes y activistas. Me uno a ese grupo, aún con el riesgo de que muchos no sigan leyendo. Las disfunciones del capitalismo, las inequidades, no son solo argumento de la izquierda, que también, con razón, sino del mensaje cristiano.

También Benedicto XVI alentó a "eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente" en un discurso ante el cuerpo diplomático en 2007. Hay algunos mensajes que no son cómodos, y nuestro cerebro hace 'click' y lo envía a la papelera de reciclaje.

En la Laudatio Si dice el Papa Francisco que ya "la destrucción del ambiente humano es algo muy serio, porque Dios no solo le encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación. Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en "los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad (citando a Juan Pablo II)".

'Fake news' versus las evidencias de la Ciencia

Sería bueno que en 2020 hiciésemos más caso a los que saben, es fundamental para evitar que se expandan los bulos, a los que publican sobre cuestiones relacionadas con el medio ambiente, el calentamiento global o la pobreza y desigualdad. El lenguaje importa mucho, los medios nos lo acercan, pero hay que ir a las fuentes.

No es broma que el trabajo de muchos científicos se minimice o ridiculice porque es ingrato, incómodo o caro. Ya ocurrió con el tabaquismo, como me recordaba Miguel del Fresno en un seminario reciente sobre Desinformación: se negaba su efecto en la salud, pese a las evidencias, tardó décadas en aceptarse y trasladarse a políticas públicas a prohibir fumar, a eliminar la publicidad, etc. La ética es aprender de los errores, y rectificar.

Se lo diré con cine: El dilema (1999) retrató una de las grandes batallas judiciales contra las tabacaleras en EEUU con un periodista al frente (Al Pacino) que se jugó su cargo en la televisión y terminó su carrera en la Escuela de Periodismo de Berkeley donde he tenido ocasión de trabajar.

Modelos de cambio y transformación

Estamos en tiempos de mucho consumo de televisión y cine, así que sigo y concluyo recomendando algunas películas que hacen pensar sobre estos problemas. También La lluvia (2010), de Iciar Bollaín, que he comentado en clases sobre Ética y compromiso personal en el trabajo en Bolivia, en plena "guerra del agua" y que llega al fondo.

Una buena mentira (2014) de Philippe Falardeu sobre los refugiados y excluidos (los niños del Sudán acogidos "de esa manera", en Estados Unidos). O, Las nieves del Kilimanjaro (2011) de Robert Guédiguian, el paro, la exclusión social y la respuesta personal ante problemas humanos.

"La conciencia de la gravedad de la crisis cultural y ecológica necesita traducirse en nuevos hábitos"

Termino con un párrafo del Papa Francisco, no me digan que no está cargado de razones. "La conciencia de la gravedad de la crisis cultural y ecológica necesita traducirse en nuevos hábitos. Muchos saben que el progreso actual y la mera sumatoria de objetos o placeres no bastan para darle sentido y gozo al corazón humano, pero no se sienten capaces de renunciar a lo que el mercado les ofrece. En los países que deberían producir los mayores cambios de hábitos de consumo, los jóvenes tienen una nueva sensibilidad ecológica y un espíritu generoso, y algunos de ellos luchan admirablemente por la defensa del ambiente, pero han crecido en un contexto de altísimo consumo y bienestar que vuelve difícil el desarrollo de otros hábitos. Por eso estamos ante un desafío educativo".

Transición digital, transformación de las industrias y cambio y conversión personal, política y social. Se llame #Tiempodeactuar o Apostar por otro estilo de vida, lo diga Greta o Francisco.

Tribuna Internacional
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