Europa: entre el marido americano y el amigo chino

La UE nunca se va a poder enfrentar al desafío que supone el auge de China si no sabe qué está pasando en las relaciones bilaterales que existen entre los países y el gigante asiático

Foto: Emmanuel Macron y Xi Jinping. (EFE)
Emmanuel Macron y Xi Jinping. (EFE)

El Real Instituto Elcano acaba de publicar un informe sobre el triángulo estratégico entre EEUU, China y la Unión Europea. Se trata de uno de los trabajos más amplios y profundos que se ha realizado en Europa sobre este tema en los últimos años. Tiene 19 capítulos – cubriendo 18 países miembros de la Unión y la perspectiva desde Bruselas – escritos por expertos en China de los think tanks nacionales más importantes del Viejo Continente. Desde los más conocidos como Chatham House del Reino Unido o el Instituto Francés de las Relaciones Internacionales (IFRI) de Francia, hasta los más pequeños y modestos como el Instituto de Asuntos Internacionales de Letonia o el Instituto de Relaciones Internacionales de Praga.

Este es el quinto informe anual que publica la Red de Think Tanks Europeos sobre China (ETNC, por sus siglas en inglés) y realmente ha sido un honor ser de nuevo uno de los coordinadores. Sobre todo, porque el tema y el momento no podrían ser más oportunos. Poder discutir de primera mano (la red se reúne dos veces al año en una capital europea diferente) y después leer cómo se percibe la rivalidad entre EEUU y China desde las diferentes esquinas del Continente europeo es un auténtico privilegio.

La Unión Europea tiene mucha inteligencia repartida. Precisamente cuando creamos ETNC hace ahora un lustro queríamos reunir ese saber disperso y fragmentado en las diferentes capitales en una única red, partiendo de la base que la UE nunca se va a poder enfrentar al desafío que supone el auge de China si no sabe qué está pasando en las múltiples relaciones bilaterales que existen entre los estados miembros y el gigante asiático.

Lógicamente, sería muy difícil resumir las 190 páginas del informe en una tribuna de prensa. Ni lo voy a intentar. Pero sí que me gustaría explicar la conclusión principal que he sacado de nuestro trabajo conjunto con una metáfora que espero que sea ilustrativa de la posición de la UE en la creciente rivalidad geopolítica entre EEUU y China. Como saben, no es solo comercial, sino también tecnológica, militar e incluso de diferentes modelos de capitalismo. Vamos allá pues.

Europa piensa que hay que luchar contra el cambio climático y su marido dice que eso es una invención de la televisión

Europa (y sí Europa es una mujer por muchas vueltas que le queramos dar) se casó en su día con un joven americano (no sin antes tener graves tensiones de novios, las dos Guerras Mundiales dejaron heridas, aunque también consagraron el amor). El problema es que ahora ese joven vigoroso se ha vuelto mayor y cascarrabias (pensemos en Trump). Las diferencias son tales que nuestro marido americano, que se podría llamar Sam (por Uncle Sam) se quiere quedar cada vez más en casa y le preocupa menos la situación del barrio (la comunidad internacional). Además, Europa piensa que hay que luchar contra el cambio climático y su marido dice que eso es una invención de la televisión.

Al mismo tiempo, desde hace unos años a esta parte, Europa ha empezado a relacionarse cada vez más con un viejo amigo chino llamado Xiaoping (por Deng Xiaoping). Ya lo conocía de antes, mucho antes de que apareciese en su vida Sam (la civilización europea y la china son de las más antiguas), pero antes vivían muy lejos uno del otro y la relación era distante (aunque hubo momentos de acercamiento: la ruta de la seda; y de encontronazos serios: las Guerras del Opio). Pero, lo dicho, en los últimos años retomaron la relación y han empezado a salir a cenar e incluso a bailar juntos (la relación comercial es intensa). A Europa le gusta flirtear con Xiaoping, pero hay que decir que nunca ha llegado a acostarse con él. Es decir, nunca ha pasado la línea roja de la infidelidad (EEUU sigue siendo el mayor aliado de la UE).

Sin embargo, hace poco Sam ha descubierto que la relación con el amigo chino es más intensa de lo que él pensaba y ha empezado a prohibirle a Europa que se vea con Xiaoping (el asunto Huawei y 5G es el mejor ejemplo). Eso ha desconcertado a Europa. No solo por los celos que pudiese tener el marido, que por un lado demostraría amor, más bien porque la relación en casa es cada día peor.

Su marido le ha declarado la guerra al amigo chino (de una manera un tanto exagerada e irracional) y su creciente agresividad también se está dirigiendo hacia ella. La situación ha llegado a tal punto de que se siente incómoda en casa y está pensando en abandonar al marido (como dijo Angela Merkel en una tienda del Oktoberfest cerveza en mano, quizás haya llegado el momento de que Europa sea dueña de su propio destino).

Pero la decisión no es fácil. Irse a vivir con el amigo chino está descartado. Es verdad que se lo pasa muy bien con él, comparten el amor por la buena comida, la filosofía clásica y el respeto a las tradiciones, pero Xiaoping fuma y bebe mucho y le gusta el juego. Vamos, que nos es de fiar. Además, los dos tienen valores (y sistemas políticos) muy opuestos.

Lo más probable es que la edad haga a Sam cada vez más celoso y se vuelva cada vez más agresivo contra Xiaoping o Vladimir

Todo esto hace que Europa todavía piense que Sam puede cambiar. Si habla con él en serio quizás entre en razón y cambie de actitud y se haga de nuevo más dócil y bueno, y a lo mejor se anime y se levante del sofá y se preocupe de nuevo por el barrio (el orden mundial) e incluso acepte que hay que luchar contra el cambio climático (es decir, Europa espera que un demócrata gane las elecciones de este año). Pero puede que todo esto sea una ilusión. Lo más probable es que la edad haga a Sam cada vez más celoso y se vuelva cada vez más agresivo contra Xiaoping, Vladimir (no nos olvidemos de Rusia) y todo aquel que le parezca una amenaza.

Es por eso que Europa está pensando que tiene que independizarse. Ya está mirando anuncios de pisos, pero dar el paso es complicado. No sabe cómo va a reaccionar su marido y la cruda realidad es que hasta ahora depende de él económicamente (pensemos en la OTAN) y por lo tanto tendría que empezar a estudiar para poder estar más preparada y encontrar un buen trabajo. Ella de joven, antes de casarse, había ido a la universidad y tenía un buen puesto, pero ahora ha pasado tanto tiempo que sus habilidades han caducado y se encuentra muy insegura.

Y en esas está Europa. Con muchas dudas y miedos, pero también con el arrojo de que tiene que valerse por sí misma incluso si al final abandona a su marido. He aquí la Comisión geopolítica de Ursula Von der Leyen y el debate en las capitales sobre la autonomía estratégica europea.

Tribuna Internacional
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