China no aprende: el silencio no es siempre la mejor receta para comunicar epidemias

¿Cuál es el número mágico de infectados? ¿Dónde ponemos el listón para considerar que una infección se ha convertido en una emergencia de salud pública? ¿Cuándo lo hacemos público?

Foto: Un enfermero en Wuhan. (EFE)
Un enfermero en Wuhan. (EFE)

La última semana ha sido un ir y venir de informaciones poco precisas sobre "la crisis china del coronavirus". Véase esta como primera imprecisión. En 2005, durante mis trabajos como asesor de la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, tuve el inmenso placer de entrevistar a la plana mayor de expertos de la salud pública de nuestro país y coordinarles a todos ellos en un único procedimiento que gestionaría todas las crisis epidemiológicas y de seguridad alimentaria de la comunidad madrileña. Si algo sostenían todos aquellos expertos, es que las crisis epidemiológicas no tienen fronteras.

La mal llamada crisis del coronavirus chino es en realidad la crisis de salud pública internacional del 2019-nCoV, nombre provisional que se le ha dado a este nuevo coronavirus. Para ser coherente con la forma de definir habitual de la OMS (Organización Mundial de la Salud), podríamos añadirle el apellido, que normalmente es el nombre del lugar de origen del virus, en este caso Wuhan, por tanto, hablaríamos del 2019-nCoV Wuhan.

Más allá de China continental, otros muchos países como Tailandia, Japón, Corea del Sur, Taiwán, EEUU, Francia y Hong Kong han confirmado casos, y más países podrían reportar infecciones a medida que se acaba de iniciar la mayor temporada de viajes de China: el Año Nuevo Lunar chino.

¿Prudencia, o anticipación?

Cuando se descubre una nueva enfermedad, es difícil identificarla, definirla y sobre todo dosificar como informar al público conteniendo el pánico. Aquí, los gestores de la crisis siempre se debaten entre la prudencia y la anticipación. Los expertos en salud pública se encuentran siempre condenados por los condicionantes de sus compañeros de viaje, los políticos. Y es que sus intereses están fuertemente enfrentados: unos comunicarían cualquier conato de infección, mientras otros se empeñan en tapar los primeros casos para no alertar a la población y evitar el pavor en la ciudadanía. La pregunta es, ¿cuál es el número mágico de infectados? ¿Dónde ponemos el listón para considerar que una infección se ha convertido en una emergencia nacional de salud pública? ¿Cuándo se trata de una pandemia internacional? ¿Cuándo lo hacemos público?

¿Cuándo hacer pública una epidemia? ¿Se deben tapar los primeros casos para no alertar?

Pues lo cierto es que no hay consenso en esta definición, precisamente por la interpretación de cada país de los procedimientos de salud pública acordados por los países miembros de la OMS. Normalmente es el Ministro de Sanidad o el presidente del Gobierno quien toma la decisión, mirando más al sentir de la calle, al latir de la opinión pública, que a lo que le recomiendan quienes de verdad saben, los expertos en salud pública.

Fíjense que, mientras que en España no contamos con comunicación oficial sobre el problema aún (hablamos de coronavirus, sin diferenciarlo de la gripe, que también es un coronavirus), ni siquiera conocemos los síntomas para poder establecer un primer control, la autoevaluación individual… En Francia, nuestro país vecino, a muy pocos kilómetros, con tres casos, ya es una emergencia internacional y su gobierno, a través del Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores y su red diplomática y consular, ya están totalmente movilizados ante la crisis (2019-nCoV), y en coordinación con la Embajada de Francia en Beijing y todos sus consulados generales en China han establecido un mecanismo de monitoreo específico permanente para responder a las preocupaciones de los ciudadanos franceses. ¿Qué procedimiento está siguiendo España en este sentido?

Evitar la alarma social

Mientras en China tenemos miles de casos, y el PCC (Partido Comunista Chino) ya no puede evitar reconocer que tiene un gran problema en forma de miles de casos, la OMS, que ha monitorizado la evolución del brote prácticamente desde el primer día, a través del comité de emergencia, decidió el pasado jueves no declarar aún la emergencia internacional, para evitar alarma social y hablar de pandemia. Este es sin duda el primer gran error de las organizaciones gubernamentales, paternalizar a la población, de tal forma que para cuando se ven obligados a informarnos, ya han trascendido a los medios, a través del personal sanitario que trabaja sobre el terreno, los inicios de la epidemia y las vergüenzas políticas de haber intentado silenciarla, lo que cabrea, y con razón, a la población.

Este es sin duda el primer gran error de las organizaciones gubernamentales, paternalizar a la población

China, que históricamente se ha caracterizado por ocultar el problema hasta que trasciende por alguna grieta mediática, no aprende de sus errores. Recordemos su última gestión de la comunicación de crisis del SARS en 2003, cuando tuvo que admitir que había ocultado casos en las etapas iniciales y acabó dando sepultura a 800 personas, muchas de ellas confiando sus vidas a hierbas medicinales y vinagre, un tratamiento recomendado por las autoridades sanitarias, en un delirio político por frenar el pánico y minimizar el problema.

La idea de mantener la estabilidad en el sistema político de China les empuja inexorablemente a ocultar la mayor cantidad posible de casos y mantenerlo a nivel local, en una respuesta natural inmediata a cualquier crisis que deforme la supuesta perfección del sistema. Ese enfoque de la gestión de una crisis podría funcionar con otras tipologías de emergencia, pero no cuando se trata de una posible epidemia. Intentar controlar la información en ese caso se convierte en una especie de grillete frente a algo que puede progresar y cambiar rápidamente más allá del control de los gestores.

Las grietas del 'silencio' chino

Por supuesto, hay algo que es muy diferente a hace 17 años en la gestión de crisis del SARS: WeChat, una herramienta que conecta a más de mil millones de chinos y que debería ser una ventaja para el gobierno que podría ayudar a mantener actualizado al público y descartar rumores e información falsa. Sin embargo, lejos de ser un canal de comunicación fiable, se ha convertido en un foco de rumores, supresión de información y censura. El debate está derivando en redes sociales a la dificultad que ha supuesto obtener información correcta y a la lentitud de los funcionarios en las primeras etapas, al menos en Wuhan. Si bien algunos expertos internacionales en salud pública elogian la mejora de la información frente a 2003, son mayoría quienes han expresado dudas sobre la transparencia del gobierno.

Un hospital en Wuhan, China. (EFE)
Un hospital en Wuhan, China. (EFE)

Y es que la censura en China es una constante. A primeros de enero de 2020, casi tan pronto como se conoció la primera declaración de emergencia de salud a nivel local, la policía detuvo a ocho personas en Wuham por "difundir rumores sobre la neumonía".

En una entrevista con Jiang Yanyong en 2017, publicada de nuevo recientemente en WeChat, el denunciante del encubrimiento del SARS va al corazón de lo que más preocupa a la población. El experto explica que China ha sufrido siempre el control de la información, recordando cómo un gran hospital de Beijing acomodó pacientes infectados por SARS en otros departamentos distintos al de enfermedades respiratorias o infecciosas, para ocultarlos. En otro artículo viralizado en las redes, un médico de Beijing afirmó que había observado como en su hospital se trasladaba a pacientes en ambulancias a otros centros para esquivar los controles epidemiológicos del SARS.

Ambas publicaciones ya no están disponibles debido a la aplicación de la ley china de "violación de las regulaciones", una razón que a menudo se usa como excusa para eliminar lo que las autoridades consideran “confidencial”, a pesar de que la información puede ser precisa y contrastada.

En un sistema donde las personas se sienten constantemente engañadas, con el tiempo el público tiende a no creer en nada de lo que dice el gobierno. Y es que, en este tipo de crisis, la verdad siempre se descubre, porque los virus, no entienden de política.

*Fran Rosillo es director de Crisis y Risk Management de MAS Consulting. Como asesor de la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, ha participado también en la elaboración del Manual de Crisis de la comunidad madrileña.

Tribuna Internacional
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