¿Cómo será Gran Bretaña dentro de 50 años?

Un posible resultado del Brexit a largo plazo es la división de Gran Bretaña en tres Estados-nación independientes (Inglaterra, Escocia y Gales) y una Irlanda reunificada

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson. (Reuters)
El primer ministro británico, Boris Johnson. (Reuters)

31 de enero de 2020, Gran Bretaña abandona la Unión Europea. Para muchos, el Brexit puede catalizar la ruptura del Reino Unido, o suponer el fin de Gran Bretaña tal y como la conocemos. La ruptura efectiva del acuerdo constitucional que se ha mantenido durante más de tres siglos en territorio británico establece un nuevo escenario para la experimentación política y constitucional.

El movimiento independentista escocés, que apoyó decididamente la incorporación a la UE, podría consolidarse y tomar bastante impulso al distanciarse de los partidarios ingleses del Brexit y alinearse de forma más estrecha con Europa. Y la alineación económica que acerca Irlanda del Norte a la República de Irlanda podría empujar a la primera hacia la separación de Gran Bretaña.

En estas circunstancias, la posibilidad de que el Reino Unido sobreviva como una unidad política a medio y largo plazo parece bastante escasa. De ahí surge la pregunta: ¿cómo será Gran Bretaña tras el Brexit en 20, 30 o 50 años?

Evidentemente, hay demasiados factores en juego para predecir qué planteamiento político y constitucional terminará prevaleciendo a medio y largo plazo. Sin embargo, podemos especular sobre algunos escenarios plausibles. Un posible resultado del Brexit a largo plazo es la división de Gran Bretaña en tres Estados-nación independientes, versiones más o menos en miniatura del Estado británico (Inglaterra, Escocia y Gales) y la incorporación de Irlanda del Norte a la República de Irlanda.

En este caso, el modelo predominante de Estado en estas islas permanecería relativamente intacto, pero se multiplicaría y se transferiría a nuevos territorios políticos. En lugar de un único Estado británico habría cuatro separados: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda Unida.

Un posible resultado del Brexit a largo plazo es la división de Gran Bretaña en tres Estados-nación independientes: Inglaterra, Escocia y Gales

No cabe duda de que para estos nuevos Estados emergentes probablemente resultaría interesante cultivar relaciones de cooperación económica y política, áreas comunes de movilidad y marcos legales sustancialmente superpuestos. Sería así especialmente para aquellos territorios que constituyen la isla de Gran Bretaña, dados sus antiguos lazos históricos, económicos y políticos.

Pero esta situación, que básicamente implicaría extender modelos vigentes de Estado a diferentes territorios dentro del Reino Unido actual, no es el único resultado posible de la actual crisis constitucional. Una respuesta más innovadora a dicha crisis implicaría adoptar nuevos modelos de orden político bastante diferentes al modelo de Westminster.

Este modelo tradicional de Estado soberano centralizado podría superarse si el ímpetu por delegar funciones gubernamentales hacia abajo se extendiera no solo en el ámbito nacional sino también en los niveles regional y municipal, dando paso a formas de autonomía local que no resultan compatibles con el gobierno parlamentario centralizado.

Varios ciudadanos londinenses celebran la ruptura con la UE en la noche del 31 de enero. (Reuters)
Varios ciudadanos londinenses celebran la ruptura con la UE en la noche del 31 de enero. (Reuters)

En este escenario, junto con el alejamiento de la unión británica se daría un rechazo al modelo de Estado británico relativamente centralizado y mayoritario; y se giraría hacia una descentralización política de mayor alcance. Un modo de combinar la descentralización política con cierta coordinación central sería estructurar los nuevos Estados emergentes en torno a líneas federales. Un acuerdo federal otorgaría una autonomía económica y política considerable a unidades políticas relativamente pequeñas, vinculadas a una constitución compartida y a un gobierno general con poderes limitados, como es el caso, por ejemplo, de la Confederación Suiza.

La idea de que el Brexit puede marcar el nacimiento de una tradición federal en la isla británica puede parecer más ilusión que realidad. Pero también cabe pensar que el Brexit parecía una fantasía hace solo unos años: pocos podían haber predicho que Gran Bretaña llegaría justo en estos años a estar sumida en una grave crisis constitucional.

Además, se podría argumentar que la dinámica que impulsó a Gran Bretaña a salir de la Unión Europea quizá ha sembrado las semillas del federalismo en el seno británico. Al fin y al cabo, la división regional decisiva en el voto del Brexit —por ejemplo, entre un voto rural pro-Brexit y un voto urbano a favor de la permanencia— parece demostrar, de manera muy obvia, que los intereses del pueblo de Gran Bretaña divergen en las líneas regionales, y que puede que la administración de los asuntos públicos no resulte efectiva desde un único parlamento soberano.

Debido al voto altamente dividido del Brexit, puede que los votantes descontentos estén abiertos a la negociación de un acuerdo federal descentralizado que permita gestionar localmente las necesidades e intereses locales y que estas se distingan claramente de aquellos intereses que unen a la nación en general. Por supuesto, no debemos subestimar los desafíos de buscar un equilibrio entre los intereses locales y nacionales y de estructurar los poderes periféricos y centrales de una manera estable y sostenible, para que el centro no domine a la periferia y la periferia no se colapse en una anarquía.

La crisis constitucional actual, como cualquier otra, contiene dentro de sí las semillas que permiten sembrar un nuevo futuro

Sin embargo, podemos encontrar numerosos ejemplos históricos de políticas federales que han sobrevivido durante siglos, incluida la Liga Hanseática medieval, los Estados Unidos de América y la Confederación Suiza. Es muy difícil acertar las predicciones políticas, aún más en el contexto de una crisis constitucional como esta, que Gran Bretaña no ha vivido en siglos. Pero la crisis constitucional actual, como cualquier otra, contiene dentro de sí las semillas que permiten sembrar un nuevo futuro.

El tiempo dirá cuál de estas semillas echa raíces.

**David Thunder es investigador y profesor del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra. Actualmente prepara el libro 'Political Order After the Sovereign State'.

Tribuna Internacional
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