El fin de la teoría de la herradura o la razón tras la caída de la heredera de Merkel

Es posible que, a pesar de la predilección que Merkel sentía por ella, no estuviera preparada para ser su heredera. Pero sobre todo AKK fue el intento de prolongar un tiempo que terminaba

Foto: Cdu board meeting at the party’s headquarters in berlin
Cdu board meeting at the party’s headquarters in berlin

Uno de los objetivos políticos clave para Angela Merkel era dejar en su partido un legado de moderación y centrismo. La CDU de Merkel ha gobernado con liberales y socialdemócratas, se ha mostrado partidaria de marginar completamente a la derecha autoritaria de Alternativa para Alemania (AfD) y ha logrado superávits económicos. Además, en el plano europeo, ha mostrado una mezcla de prudencia ante una mayor integración, palos grandes y zanahorias pequeñas para los países con problemas y un europeísmo retórico sincero y entregado.

En diciembre de 2018 la CDU decidió prolongar ese legado escogiendo a Annegret Kramp-Karrenbauer (AKK) como líder del partido y probable candidata a canciller en las elecciones de 2021. AKK había sido primera ministra del Sarre, uno de los 'land' más pequeños del país, con solo un millón de habitantes, cargado de historia por su situación junto a Luxemburgo: a lo largo de los años ha sido alternativamente francés y alemán e, incluso, fue un país independiente después de la Segunda Guerra Mundial.

AKK se mostró allí como una política regional cercana. Al igual que Merkel, gobernó con los socialdemócratas y se mostró socialmente conservadora (ambas han sido contrarias al matrimonio homosexual). Tras su elección como líder de la CDU, Merkel la nombró ministra de defensa -un puesto particularmente difícil en Alemania- para que ganara relevancia pública en el resto del país. El plan para evitar la inestabilidad o un giro hacia el radicalismo parecía estar saliendo bien en medio del cuarto y último mandato de Merkel como canciller alemana.

Pero en poco más de un año AKK ha cometido una serie de errores que han hecho que renuncie a presentarse a la elección del candidato de la CDU a las elecciones de 2021 y al liderazgo del partido. Es posible que, a pesar de la predilección que Merkel sentía por ella, no estuviera preparada para ser su heredera.

Los errores de AKK

Después de un resultado mediocre en las elecciones europeas de 2019, insinuó que había que controlar los contenidos políticos vertidos en internet, algo que sus rivales interpretaron como un intento de imponer la censura. Un chiste suyo sobre los transexuales sentó mal entre el sector moderado del partido. Lanzó la idea de que la ONU mandara una misión de cascos azules al norte de Siria sin consultarlo con sus socios de gobierno ni con el resto de países de la ONU. Cuanto más la conocían los alemanes, parecía, menos les gustaba. Lo mismo les sucedía a los afiliados del partido. Incluso se dijo que Merkel se había arrepentido de su nombramiento como heredera y que había decidido agotar su mandato en lugar de retirarse anticipadamente para cederle el puesto.

Su definitiva caída en desgracia tuvo lugar la semana pasada, cuando la CDU de Turingia sumó sus votos a los de Alternativa para Alemania para escoger como primer ministro de la región al candidato liberal. AKK le había ordenado que no lo hiciera y su desobediencia erosionó definitivamente la credibilidad de su líder. Merkel consideró que esa colaboración con AfD era “imperdonable” y su intervención fue considerada una muestra definitiva de la debilidad de su sucesora.

La dimisión de AKK sume a la política alemana en una crisis que también paralizará durante un año a la Unión Europea. La “gran coalición” gobernante ya era débil y no dejaba de erosionar las expectativas electorales de CDU y socialdemócratas y el proceso de elección del sucesor de Merkel, que se iniciará este verano, no le hará ningún bien.

En especial porque muchos creen que es inevitable que el partido intente remontar abandonando el legado moderado de Merkel y derechizándose en materias como la inmigración, la integración de la UE o la propia colaboración con los socialdemócratas. Esa es la posición de Jens Spahn, el ministro de sanidad, y de Friedrich Merz, viejo contendiente de Merkel en el partido, ambos probables candidatos a sucederla.

El fin de la teoría de la herradura

Eso no significa necesariamente que el partido abandone lo que los centristas llaman la noción de la “herradura”, según la cual los dos extremos del arco político son equivalentes y hace inviable pactar tanto con Die Linke (izquierda poscomunista) como con AfD. Pero sí terminaría sin duda una era de grandes consensos, combate ideológico en sordina y pragmatismo. Merz, por ejemplo, condenó la colaboración del partido con AfD en Turingia, pero insistió en que, si el partido quería tomarse en serio su propia teoría de la herradura, debía poner el mismo énfasis en criticar a la izquierda que a la extrema derecha. Seguramente más. Volverá, como está volviendo en todo Occidente, la llamada de los conservadores a evitar un regreso de la izquierda según ellos radicalizada y de instintos autoritarios.

La Alemania actual no tiene nada que ver con la de los años treinta, a pesar de lo poderosa que sea la tentación de hacer analogías entre ambas eras. Pero es razonable empezar a despedirse de una era de estabilidad dominada por la moderación de Merkel y una economía pujante que ahora también se está deshinchando. Cada vez quedan menos países europeos que se libren de los nuevos dilemas ante el populismo de derechas e izquierdas, que han logrado, sin hasta ahora vencer, impregnarlo todo y fracturar definitivamente el viejo centrismo.

Como tantas veces sucede, AKK fue el intento de prolongar un tiempo que terminaba. Quizá nadie podría haberlo hecho, pero ella resultó estar particularmente mal preparada para ello. Más que seguir buscando un doble de Merkel, lo que toca ahora es empezar a echarla de menos.

Tribuna Internacional
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios