La generación coronavirus: ¿habrían resuelto mejor esta crisis los líderes del pasado?

Aunque la pandemia se ha comparado en repetidas ocasiones con la crisis financiera de 2008, ambos episodios son muy distintos, sobre todo porque sus protagonistas no tienen nada que ver

Foto: Angela Merkel y Emmanuel Macron. (Reuters)
Angela Merkel y Emmanuel Macron. (Reuters)

Si googleas “Europa” y “crisis” te saldrán 784 millones de resultados. Estos términos aparecen tan a menudo juntos que ya parecen una palabra compuesta. Con cada crisis europea, los articulistas se dedican a preguntarse si el proyecto europeo sobrevivirá esta vez.

En la superficie, muchas crisis europeas son parecidas. Los gobiernos europeos atraviesan varias fases de pena y negación hasta la ira pasando por la asimilación y aceptación y, a veces, se culpa de todo a los usuales sospechosos. Para los europeos del Norte, el problema siempre está en el Sur de Europa. Para los europeos del Sur, los alemanes son los chicos malos y China es el salvador potencial.

Por supuesto, hay algunas diferencias fundamentales entre la generación de líderes que lideraron Europa durante la crisis financiera de 2008 y aquellos que luchan ahora contra el Covid. Esto se vio muy claro este mes cuando el antiguo primer ministro británico Gordon Brown se embarcó en un tour mediático para compartir las lecciones de su época al mando.

Algunos analistas han sugerido que la actuación en solitario de Brown salvó el sistema global financiero. En esos años, Brown tuvo una respuesta reactiva que incluyó la organización de la cumbre del G20 en abril de 2009 en donde los líderes mundiales acordaron coordinar una respuesta de política económica. Ahora, Brown se pregunta por qué los líderes de hoy no han organizado una cumbre similar para encontrar una solución al derrumbe económico por la pandemia.

Nacida de las cenizas

Los líderes de hoy tienen una perspectiva completamente distinta. Brown, el presidente de Estados Unidos Barack Obama y el presidente francés Nicolás Sarkozy han dado paso a Boris Johnson, Donald Trump y Emmanuel Macron (a los que uno podría añadir al primer ministro danés Mette Frederiksen, el primer ministro italiano Giuseppe Conte o el primer ministro austriaco Sebastian Kurz).

Los instintos políticos de estos líderes se modelaron por la reacción generalizada contra el 'establishment' posterior a 2008 y la globalización en general. Los líderes de hoy son mucho menos atlanticistas que sus predecesores. Como jóvenes adultos, presenciaron la desastrosa guerra en Iraq y vieron cómo la crisis financiera nacida en Estados Unidos se extendió y arrasó el mundo entero. Al revés que sus predecesores, ellos ven a América -o al menos la América de Trump- más como una fuente de sus problemas que de sus soluciones.

Los líderes actuales europeos son mucho menos neoliberales en sus políticas económicas. En el periodo posterior de 2008, incluso los socialdemócratas que habían pedido medidas de estímulo a gran escala resultaron relativamente conservadores y, en mayor o menor medida, abrazaron la austeridad. Después de vivir varios años apretándose el cinturón, la nueva generación de líderes es mucho más intervencionista. No solo en términos económicos. En la crisis de 2008, el mayor de los miedos —por citar a Roosevelt— era el propio miedo, por lo que los gobiernos necesitaban transmitir normalidad. Hoy, los gobiernos deben utilizar el miedo para contener al virus mortal.

Esta cosecha de líderes tampoco comparte la confianza en la governanza mundial de la generación anterior. Su primer instinto frente al Covid-19 no fue organizar una cumbre global sino cerrar sus fronteras y renacionalizar las cadenas de aprovisionamiento. Esta reacción puede reflejar la experiencia de la crisis de refugiados de 2015, cuando la gobernanza multilateral fracaso de forma espectacular.

Eso nos lleva a la única líder que une ambas épocas: la canciller alemana Angela Merkel. Mientras iban y venían nuevas generaciones políticas, Merkel seguía. Mantiene su puesto desde 2005 y ha logrado cambiar continuamente sus perspectivas para reflejar los instintos que prevalecen en cada crisis.

¿Los líderes que destruirán Europa?

Desempeñó un papel importante en la respuesta conjunta a la crisis de 2008 y se convirtió en la cara de la Willkommenskultur (cultura de bienvenida) de la Unión Europea en 2015, cuando la Unión recibió aproximadamente a un millón de refugiados. Pero ahora ha cerrado las fronteras alemanas. Después de 2008 se unió a la iniciativa neoliberal en favor de la austeridad, pero ahora acordó abandonar la política presupuestaria alemana de “cero negro” (déficit cero) y anunció que su gobierno hará todo lo necesario para salvar a la economía alemana. Su legado principal será probablemente consiguió mantener unida a la UE a través de múltiples crisis. Pero muchos la criticaron por no mencionar a Europa ni una vez en un reciente discurso nacional, el primero desde que asumió el cargo.

Dadas estas tendencias hay quienes sostienen que mientras los líderes de la crisis financiera lograron rescatar a la UE del borde del abismo, es más probable que la generación coronavirus la destruya. ¿Tienen razón?

La reacción inicial a la pandemia no es una buena señal. Los gobiernos europeos no se han puesto de acuerdo y sus ciudadanos cuestionan cada vez más la propia idea de la interdependencia, especialmente cuando involucra a desconocidos ajenos a su comunidad inmediata. Por otro lado, todas las eurocrisis han ensombrecido la interdependencia entre países. En cada crisis, los euroescépticos han criticado el proyecto europeo porque compromete el control nacional, ya sea sobre las fronteras, la seguridad o el dinero. Con el Covid-19 no es la primera vez en que los europeos temen las consecuencias de una mayor integración. Habrá una batalla de narrativas en los próximos meses sobre cuál será el origen de la salvación, si la cooperación o el aislamiento.

La tarea para los líderes actuales, entonces, es lograr que la interdependencia sea nuevamente percibida como algo seguro. Y, de una extraña manera —dada su falta de creencia europea— estos líderes pueden contar con credibilidad para argumentar a favor de la cooperación, demostrando que es la mejor forma en que los países europeos pueden proteger a sus ciudadanos.

En el frente económico, el Banco Central Europeo parece estar encontrando el camino después de algunos fallidos mensajes iniciales. Se ha comprometido a hacer “todo lo que sea necesario” para estabilizar la zona del euro. Las instituciones europeas ahora necesitan encontrar formas de complementar las respuestas de los estados miembros, financiando la investigación, obteniendo equipos de protección y respiradores, compartiendo información, participando en conversaciones mundiales, sosteniendo al mercado único e incluso desarrollando «coronabonos».

Si los líderes de la UE logran demostrar que el bloque es un socio y no una amenaza para la soberanía nacional, es posible que la “generación coronavirus” establezca unos cimientos más sólidos para el futuro europeo que la generación de 2008.

*Artículo originalmente publicado en Project Syndicate y posteriormente en el European Council on Foreign Relations con el título 'Leadership in a time of contagion".

Tribuna Internacional
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