Más unión y solidaridad para una Iberoamérica poscovid

Con el coronavirus,​ no vamos a poder aplazar nada. Más que nunca, urge acción, de todos y concertada

Foto: Artesanos indígenas protestan frente al Palacio Nacional de Ciudad de México para exigir apoyo económico. (EFE)
Artesanos indígenas protestan frente al Palacio Nacional de Ciudad de México para exigir apoyo económico. (EFE)

Como decía Neruda, “a América Latina le gusta mucho la palabra esperanza. Nos complace que nos llamen continente de la esperanza… En realidad, esta esperanza es algo así como el cielo prometido, una promesa de pago cuyo cumplimiento se aplaza”. Con el coronavirus, no vamos a poder aplazar nada. Más que nunca, urge acción, de todos y concertada.

Por ello, ahora más que nunca, la red de relaciones entre España y Latinoamérica y el Caribe, tupida y labrada con tesón e imaginación, debe ser cuidada e impulsada. La crisis actual nos pone el listón mucho más alto. Mientras buscamos soluciones contrarreloj en el seno de la UE, dirigimos la mirada a Latinoamérica. Una vez más, nuestros destinos están ligados y ambos afrontamos el reto de superar un golpe terrible.

Los países de la región han actuado, en casi todos los casos, con rapidez y eficacia para evitar que sus sistemas de salud, más frágiles que los europeos en término medio, colapsen. Lo han conseguido hasta ahora. Aunque varios se acercan aún al pico de la pandemia, hay lugar para la esperanza.

Al igual que en Europa, el reto socioeconómico poscovid se augura inmenso. Pero en Latinoamérica, si cabe, el desafío es mayor. El pronto cierre de las economías ha salvado vidas, pero a costa de un gran impacto económico. A la fuerte dependencia de sus economías de la inversión extranjera directa, los flujos turísticos y las remesas, hay que sumar una coyuntura internacional muy complicada. La bajada de los precios de las materias primas, y del petróleo, amenaza el tímido crecimiento económico reciente. Aunque es difícil hacer pronósticos en un contexto tan incierto, todo hace prever una coyuntura muy difícil.

Afortunadamente, los gobiernos de la región están poniendo en marcha medidas fiscales y monetarias para reducir el impacto en las empresas, en los hogares más vulnerables, en economías con un alto grado de informalidad. Para ayudar en este esfuerzo, es fundamental que se acuerden a nivel internacional más medidas de índole diversa y también de alivio de la deuda pública y acceso a crédito en condiciones flexibles.

Para ayudar en este esfuerzo, es fundamental que se acuerden a nivel internacional más medidas de índole diversa y de alivio de la deuda pública

España ha apoyado en el G-20 que estas medidas se apliquen a los países de renta baja. Es hora de que extendamos el apoyo a los de renta media. Latinoamérica debe contar con los instrumentos necesarios para hacer frente al retroceso socioeconómico, que afectaría no solo a sus sociedades sino a la recuperación económica global. Y en este ámbito, no debemos olvidar el Caribe, particularmente preocupado por el acceso al crédito.

Por ello, con una gran ambición de solidaridad y de compromiso, la primera de varias acciones a que nos comprometemos es contribuir a generar alianzas de países de renta media para luchar en el marco multilateral y alcanzar los compromisos necesarios en los ámbitos económico-financiero y social para que estas rentas medias no vayan para atrás. Debemos labrar una respuesta multilateral eficaz, con acciones contundentes de las instituciones financieras internacionales (Banco Mundial, FMI, y otras). Además, es la mejor manera de incrementar la influencia de Latinoamérica en los organismos internacionales.

No menor es el reto político: la pandemia puede poner a prueba las democracias latinoamericanas. En muchos de estos países hay importantes reformas pendientes, económicas e institucionales. Es fundamental que la crisis del covid no detenga estas reformas o implique retrocesos. Debe servir de catalizador de nuevas iniciativas para avanzar a una sociedad más equitativa y menos desigual. España está dispuesta a seguir ayudando al refuerzo de la institucionalidad democrática en Latinoamérica.

Un elemento clave contra las desigualdades sería una profunda transformación de la economía informal. Es un gran reto, pero avances en esta senda, en una región que exporta capital, serían el mejor indicador del reforzamiento de los servicios públicos y sociales y una mayor justicia impositiva. Y en este punto, el fomento de las microempresas es clave. Cada una que se crea será un golpe a la informalidad. Debemos apoyar medidas eficaces concretas para superar la informalidad.

Y si hay una desigualdad sangrante, que viene de lejos y que podemos combatir juntos, es la que afecta a la mitad de la población, la desigualdad entre hombres y mujeres. Es imprescindible que luchemos juntos para que las soluciones al covid-19 tengan visión de género. En la batalla tras la pandemia, las mujeres tienen más que perder que nadie: llenan la trinchera de los empleos en el sector de cuidados, son mayoritarias en el trabajo informal y las que primero pierden los empleos. Nos negamos a que esto sea así, como en la crisis de 2008 y tantas otras. Esta es otra alianza por la igualdad que debemos tejer juntos España y Latinoamérica. ¿Por qué no nos proponemos acciones y ambiciones conjuntas, a través de una plataforma de acción igualitaria?

El sector privado tiene un papel decisivo. Las empresas españolas en Latinoamérica, grandes o pymes, crean riqueza, empleo y desarrollo socioeconómico en sectores clave como infraestructuras públicas, energía renovable, conectividad, educación, vivienda. Tras la crisis actual, sectores como el saneamiento, la salud y la digitalización serán más que nunca los motores económicos y de transformación. La digitalización es crecimiento social económico. Significa niños y niñas mejor escolarizados, mayores mejor atendidos y servicios públicos de mejor impacto. A estos sectores deben dirigirse nuestras empresas y políticas de promoción empresariales.

En medio de esta incertidumbre, ¿qué más podemos hacer desde una España también golpeada duramente? Sería imperdonable permanecer cruzados de brazos, tanto por solidaridad como por interés mutuo. Un reforzado diálogo político intenso nos permitirá conocer las necesidades y prioridades mutuas. Por ello, la ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Arancha González Laya, ha lanzado, con el apoyo de la secretaria Iberoamericana, Rebeca Grynspan, unos diálogos para compartir ideas y soluciones prácticas sobre la pandemia y la salida de esta. Esperamos continuar la concertación en otros foros, como la Cumbre Iberoamericana de noviembre, liderada por Andorra. Encima de la mesa, estará la voluntad de aunar políticas públicas e innovación privada en el mundo poscovid que debemos diseñar conjuntamente.

La ministra González Laya (d) y la secretaria general Iberoamericana, Rebeca Grynspan. (EFE)
La ministra González Laya (d) y la secretaria general Iberoamericana, Rebeca Grynspan. (EFE)

La integración regional es un valor indispensable que puede mitigar los efectos económicos y sociales de la crisis. Evitar una deriva nacionalista en Europa y en Latinoamérica constituye para España un objetivo estratégico. Es por ello necesario que, de la mano de la UE, estemos atentos a los procesos de integración y concertación regional y apoyemos con decisión aquellos que se están mostrando eficaces. Con Celac en particular, existe una gran oportunidad con la presidencia 'pro tempore' de México en 2020.

Es fundamental no perder de vista que, en el escenario poscovid, mantenemos el objetivo de avanzar hacia el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible recogidos en la Agenda 2030. Se trata de la agenda global para la salud humana y la salud planetaria. A ello nos ayudará, sin duda, la clara reorientación de la cooperación al desarrollo, que acabamos de decidir.

Es, además, fundamental abordar las necesidades humanitarias del continente. La mayor, el drama de los más de cuatro millones de refugiados y migrantes venezolanos en los países vecinos. Nuestra solidaridad debe llegar a todos ellos: las personas afectadas y los países que los acogen, con servicios públicos extenuados. Con este propósito, España está trabajando de la mano de la UE, la Organización Internacional para la Migraciones (OIM) y la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), con el apoyo de las organizaciones financieras regionales y mundiales. Pero queremos dejar claro que nuestro principal objetivo en Venezuela es, más allá del alivio de la situación inmediata, devolver la crisis que aflige el país al punto de partida adecuado: salir de los titulares irritantes y sentar a todas las partes a la mesa de diálogo político para un acuerdo global.

Hay, en conclusión, mucho trabajo por hacer para que juntos y en cooperación frenemos los efectos de esta pandemia global. Pero, sobre todo, para reforzar las bases de la ya profunda unión iberoamericana en la que asentar la reconstrucción de nuestros países con un único objetivo: un espacio común para el bienestar socio-ecológico de todas las personas. España, siempre fiel a Iberoamérica y al Caribe, está plenamente comprometida en ello.

“Dame la pena del mundo entero y la transformaré en esperanza”, decía también el Nobel chileno, el mayor poeta iberoamericano del siglo XX. Esta es nuestra fuerza.

*Cristina Gallach, secretaria de Estado de Asuntos Exteriores y para Iberoamérica y el Caribe.

Tribuna Internacional
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