La obsesión alemana de Donald Trump que puede llevarse Europa por delante

Trump tiene una extraña fijación con Alemania, hasta el punto de que es verosímil pensar que el presidente estadounidense considera que su verdadero rival estratégico es Angela Merkel

Foto: La canciller de Alemania, Angela Merkel, y el presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
La canciller de Alemania, Angela Merkel, y el presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
Adelantado en

El viernes pasado, el 'Wall Street Journal' publicó que Donald Trump había decidido reducir el número de tropas estadounidenses estacionadas en Alemania. De acuerdo con el Departamento de Defensa, en marzo había 34.674 soldados, que se reducirían a 25.000. Alemania es el segundo país del mundo con más presencia militar estadounidense tras Japón, lo cual es aún un reflejo del viejo mundo de la Guerra Fría y el compromiso de Estados Unidos de defender a sus aliados. (En España, hay 3.227 soldados estadounidenses).

A pesar de su retórica muy crítica con la OTAN, y de haber insistido una y otra vez a los países europeos para que aumenten sus gastos de defensa, en realidad Estados Unidos ha ampliado su presencia militar en Europa desde que Trump es presidente. En parte por ello, la retirada de soldados de Alemania, que el Gobierno estadounidense no ha confirmado de manera oficial, cogió a todo el mundo por sorpresa, empezando por la propia OTAN.

Keir Giles, especialista en política rusa del 'think tank' de política exterior Chatham House, ha aventurado una serie de hipótesis sobre la causa de esa decisión inesperada. Una posibilidad, afirmó, es que Trump quisiera hacerle un regalo a Rusia, que lleva quejándose de la presencia militar estadounidense en Europa desde que se instaló aquí. Otra posibilidad es que fuera una respuesta agresiva de Trump a la negativa de Angela Merkel a participar en una reunión del G-7 en Estados Unidos. Probablemente, con este encuentro (al que quería invitar a Rusia, algo que los demás países del grupo rechazan), el presidente estadounidense quería transmitir que, tras la crisis de la pandemia, él seguía siendo el líder global. Otra opción es que la decisión fuera simplemente “una amenaza, una aspiración o un capricho” de Trump, en palabras de Giles, que puede llevarse a cabo o no, como sucede con frecuencia con los antojos presidenciales. Finalmente, decía, cabe también la posibilidad de que sea una decisión razonada si su objetivo es desplazar una parte de esos soldados a Polonia, un país que sigue reclamando un aumento de la ayuda de la OTAN ante lo que percibe como la amenaza rusa.

Sea como sea, sin embargo, la decisión tiene un fuerte contenido simbólico. Alemania ha sido la aliada más importante de Estados Unidos en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, junto a Japón, y los vínculos económicos y militares entre los dos países son inmensos: las empresas alemanas emplean a más de 700.000 trabajadores estadounidenses y la mayoría de los soldados estadounidenses en tránsito hacia Irak o Afganistán partían de Alemania, donde también está el hospital en el que se recuperaban las bajas. Pero Trump tiene una extraña fijación con Alemania, hasta el punto de que es verosímil pensar que el presidente estadounidense considera que su verdadero rival estratégico no son ni Xi Jinping ni Vladimir Putin —de quienes, a fin de cuentas, admira el estilo autoritario y la manera en que han aplastado cualquier oposición— sino Angela Merkel, que encarna el conservadurismo tradicional, multilateral, compasivo y liberal.

Trump tiene orígenes familiares alemanes: su abuelo nació en Kallstadt y emigró a Estados Unidos a finales del siglo XIX. El banco que a lo largo de su tortuosa carrera empresarial le ha apoyado en varias ocasiones, en las que ha necesitado inyecciones de crédito importantes, ha sido el Deutsche Bank, que ha respetado las exigencias de secretismo del presidente acerca de sus finanzas. Una de las ideas recurrentes más instaladas en su mentalidad obsesiva es que en las calles de Nueva York se ven demasiados coches de lujo de marcas alemanas como Volkswagen, Audi, Porsche o BMW; desde que es presidente, ha jugueteado con frecuencia con la idea de imponerles unos aranceles que los hagan prohibitivos en Estados Unidos. Trump detesta los superávits comerciales alemanes (con parte de razón), su bajo gasto militar (con mucha razón) y, de manera idiosincrásica, que Barack Obama y Merkel acabaran haciéndose amigos, a pesar del mal comienzo de su relación, y que ambos se preocuparan por lo que la presidencia de Trump podía suponer para la continuidad de la unidad europea. Un temor que estaba justificado.

Trump considera a Alemania un rival y a la UE una entidad a la que EEUU debe desestabilizar y tensar

La historia de las relaciones entre Estados Unidos y Alemania desde la Segunda Guerra Mundial no ha sido plácida. El primero, como hizo en el caso de Japón, prácticamente impuso un modelo político a la segunda, tras derrotar al nazismo y establecerse en el lado occidental junto a británicos y franceses. La fascinación cultural que sintieron los alemanes con Estados Unidos no fue tan distinta de la de muchos europeos: tras la caída del Muro de Berlín, a veces los alemanes del Este que pasaban al lado occidental eran recibidos con paquetes de Marlboro para celebrar la inminente reunificación. Y durante mucho tiempo, la élite estadounidense entendió la centralidad alemana del proyecto de la Unión Europea que, a pesar de su carácter posnacional, consideraba benéfica tanto para la estabilidad del mundo como para la propia economía estadounidense. Quizás en las últimas décadas no quedara ya demasiada amistad, pero sin duda había intereses comunes que se celebraban bajo el lema 'Wunderbar Together'.

Hoy, Donald Trump considera a Alemania un rival y a la UE una entidad a la que Estados Unidos debe desestabilizar y tensar. Está por ver si la retirada de los soldados estadounidenses de Alemania se produce y, si es así, de qué manera. Pero es, en cualquier caso, una prueba más de que Trump considera que el país de su abuelo ha dejado de ser un admirable modelo de tesón y disciplina para pasar a ser un tramposo gorrón que se aprovecha de la generosidad americana y coordina a los demás países europeos para que hagan lo mismo. Si Trump es reelegido presidente en noviembre, esa tendencia se agudizará aún más y las consecuencias son imprevisibles: ¿unirá esta situación a la UE como ha hecho el Brexit o, junto con las presiones chinas y la injerencia rusa, la fragmentará aún más? Europa, sin embargo, tampoco debe hacerse ilusiones si gana Joe Biden: nada volverá a ser igual en las relaciones entre Estados Unidos y Alemania y, por lo tanto, entre el primero y la UE.

Tribuna Internacional
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
17 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios