Señor Pedro Sánchez: tengo 12 años y no soy un terrorista

Carta de un niño español, residente en el campamento Al Roj (Siria) para familiares de yihadistas del Daesh, al presidente del Gobierno de España

Foto: Familiares de yihadistas del Dáesh, en el campamento Al Roj, en Siria. (EFE)
Familiares de yihadistas del Dáesh, en el campamento Al Roj, en Siria. (EFE)

Me llamo Abdurrahman y tengo 12 años. Soy un niño español que vive en una tienda de campaña en Siria... Ahora llega la parte dura del verano, con temperaturas que sobrepasan los cuarenta y cinco grados. Pasamos mucha sed y, en el mediodía, tenemos que ponernos a cubierto para no sufrir un golpe de calor. También el frío y la lluvia es insoportable en invierno... Este sitio no me gusta, quiero pedirle ayuda porque quiero salir de aquí... Me han dicho que usted es el presidente del Gobierno y por eso quería escribirle esta carta.

Llegué hasta aquí hace un año y medio en una interminable travesía junto a mi madre y mis tres hermanos pequeños. Los cinco salimos de Baguz, un pueblo en el que estuvimos atrapados durante semanas, donde había bombardeos, se escuchaban disparos y gritos. También pasamos un hambre insoportable porque no había ni pan ni agua... nunca teníamos nada que comer. Los recuerdos que tengo de ahí son terribles. Sobre todo porque perdí a mi padre, me acuerdo de la última vez que le vi, cuando pienso en él se me llenan los ojos de lágrimas... Al final logramos salir de Baguz. Hicimos un recorrido de muchas horas en camión, apretujados con otras personas, hasta que nos dejaron en un campamento enorme. Después nos cambiaron a otro: el campamento de Al Roj.

La vida aquí es muy diferente a lo que recuerdo de España. Cada día comemos lo que unos señores nos entregan en unas cajas. A veces es 'hummus' —pasta de garbanzos—, otras es 'zatar' —tomillo mezclado con sésamo—, otras son bolsas de legumbres, aceite o pan. Nunca comemos fruta y verdura, solo podemos soñar con la carne y el pescado. En el campamento hay un mercadillo, pero los precios son muy caros para nosotros. Para conseguir algunas monedas, trabajo ayudando a poner jaimas, limpiando dentro de una tienda o llevando la compra a otras mujeres. El agua gratis que distribuyen en las cisternas está contaminada, incluso varios niños han enfermado de cólera. Pero no podemos hacer nada porque las botellas de agua también cuestan mucho dinero. Si no fuera por la ayuda que me envían mis tíos desde España, no habríamos vuelto a tomar ninguno de estos alimentos.

Mis hermanos pequeños se ponen malitos a menudo. Yo soy el mayor y ayudo a mi madre cuando puedo, les cambio los pañales, les doy de comer, les lavo... Tienen nueve, cinco, tres años y 11 meses. Mi hermana pequeñita tiene la cara cubierta de una costra, no sabemos bien qué le pasa. Yo tengo fiebres por las noches, aquí le llamamos el 'humma' (fiebre), y mi hermanastro (uno de los huérfanos que ahora viven con nosotros) tiene tres años y no podía sostenerse en pie hasta hace poco. Sus piernas son muy delgaditas y creemos que cuando sea mayor no podrá caminar bien. Mi madre dice que es porque en Baguz pasó mucha hambre y entonces le afectó al crecimiento. Si nos pasa algo, apenas hay médicos suficientes para atendernos y no nos dicen exactamente lo que padecemos. A mí ahora me ha empezado a doler el tobillo otra vez. Cuando vivíamos en Siria, me atropelló un coche y creemos que nunca se curó bien.

Una niña del campamento de Al Roj. (EFE)
Una niña del campamento de Al Roj. (EFE)

El año pasado, mi madre dio a luz a mi nueva hermanita. Lo hizo dentro de una tienda de campaña, vino a ayudarla una amiga suya de Indonesia, y estuvo nueve horas de parto. A mí no me dejaban entrar, pero me acerqué a la entrada y vi que había mucha sangre por el suelo. Me asusté, pero al final mi hermana nació bien, pero no le han puesto vacunas, ni la ha visto ningún médico desde entonces. Aunque a nosotros no nos ha pasado nada, la muerte vive entre nosotros. Desde que llegamos aquí, muchos niños han muerto en los campamentos [517, según La Media Luna Kurda, de un total de 49.000].

Algunos días nos llevan a los niños a unas clases, como si fuera un colegio, que imparte una organización. Cada uno venimos de un país diferente, unos son de Holanda, otros de Francia, de Uzbekistán, de Túnez... En las clases no aprendemos gran cosa sino que pasamos el rato jugando. Casi siempre hacemos partidos de fútbol, que es lo que más me gusta, aunque la última vez una señora explotó nuestra pelota porque no queríamos jugar con su hijo. Yo, a pesar de mi edad, todavía no sé leer ni escribir. Aunque hablo español y árabe, nunca he ido al colegio. Es mi madre la que me está ayudando a escribir esta carta, porque cuando nos fuimos de España yo solo tenía cinco años.

A veces, cuando juego con mis amigos, me acerco hasta la verja de metal que rodea el campamento y veo unos campos de matojos verdes que se llenan de flores en primavera. Entonces pienso que me gustaría salir de aquí, me gustaría echar a correr por ese prado y darles un enorme abrazo a mis tíos y abuelos. Ellos están en Madrid, cada día pienso en ellos, los echo tantísimo de menos... Me gustaría volver a España, poder dormir en casa con mis abuelos, comer una comida rica y jugar con los compañeros que haga en el colegio.

Señor presidente, todavía no entiendo por qué no podemos salir de aquí. Creo que es algo que hicieron mis padres, aunque yo todavía no puedo entenderlo... Cuando me preguntan otras madres qué quiero hacer de mayor, siempre les digo que quiero ser médico. Pero, señor presidente, ¿usted cree que algún día podré llegar a serlo? ¿Cuándo cree que podré salir de aquí? ¿El Gobierno me ayudará a regresar a mi país?

Espero su respuesta. Esta es mi dirección:

Campamento Al Roj para Familiares de miembros de Dáesh

Al Hasaka, noreste de Siria (NES)

Atentamente,

Abdurrahman.

*Abdurrahman es el hijo mayor de Luna Fernández Grande, una de las tres yihadistas españolas detenidas en los campamentos de Siria.

Tribuna Internacional
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