Los gobiernos no saben cómo regular a los monopolios tecnológicos

Durante décadas, los gobiernos de Estados Unidos han permitido que los gigantes de Silicon Valley hayan ido creciendo sin imponerles prácticamente ninguna regulación

Foto: El CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, declarando por vía telemática ante el Congreso. (Reuters)
El CEO de Facebook, Mark Zuckerberg, declarando por vía telemática ante el Congreso. (Reuters)

Durante décadas, los gobiernos de Estados Unidos han permitido que los gigantes de Silicon Valley hayan ido creciendo y quedándose con porciones cada vez mayores del mercado sin imponerles prácticamente ninguna regulación. Existen muchos motivos para que esto haya sido así: la inmensa capacidad innovadora de estas empresas, el simple hecho de que los estadounidenses parecían adorar los artilugios que producían o los servicios que proveían, o la nueva forma de poder estadounidense que ejercían en el mundo. Todo eso es cierto. Pero había otra razón: los legisladores estadounidenses no entendían a qué se dedicaban muchas de esas empresas.

En los últimos años, las comparecencias de sus líderes ante las autoridades legislativas han producido un cierto bochorno, debido a los evidentes e infructuosos esfuerzos que hacían los congresistas veteranos para comprender el modelo de negocio de estas compañías o el uso que hacen de los datos. Pero la comparecencia este miércoles de los consejeros delegados de las cuatro mayores empresas (Jeff Bezos de Amazon, Mark Zuckerberg de Facebook, Tim Cook de Apple y Sundar Pichai de Alphabet, la matriz de Google) debía ser distinta. El Subcomité Antimonopolio de la Cámara de Representantes había llevado a cabo una investigación sobre las prácticas de esas empresas durante un año, había reunido hasta un millón de documentos y tenía un objetivo claro: descubrir si esas empresas son monopolios, si como tales perjudican al consumidor estadounidense y, si es así, cómo se las debería regular e incluso desmembrar.

Estas comparecencias siempre tienen un cierto aire teatral (aunque, en esta ocasión, la escenografía ha sido distinta, puesto que debido a la pandemia los cuatro ejecutivos declararon por videoconferencia). Ni siquiera cabe esperar que de ellas salgan grandes cambios legislativos. Pero la estrategia defensiva de las grandes tecnológicas fue elocuente: todas negaron que fueran monopolios, alabaron a la competencia y dijeron que su éxito era fruto de la tradición emprendedora estadounidense. El argumento tuvo dejes nacionalistas: “necesitamos trabajadores estadounidenses para hacer llegar productos a los clientes estadounidenses”, decía la declaración escrita de Bezos, que fue filtrada antes de la comparecencia. Apple es una empresa “eminentemente estadounidense”, decía la de Tim Cook. Pichai recalcó que, en realidad, las herramientas de Google benefician sobre todo a las pequeñas empresas estadounidenses.

En su declaración escrita, Zuckerberg afirmaba que Facebook es “una empresa orgullosamente estadounidense” e introducía una idea que dominará el debate tecnológico en los próximos tiempos: si la legislación estadounidense impide que estas grandes empresas sigan creciendo, comprando a otras de la competencia y actuando sin restricciones para, supuestamente, exportar valores estadounidenses como la “democracia, la competición, la inclusión y la libertad de expresión”, China ocupará su lugar. Es indiscutible que la internet dominada por tecnología estadounidense es infinitamente más abierta y libre que la china, a la que el gobierno del Partido Comunista somete a importantes restricciones y censuras. Pero en algunos momentos, la comparecencia de los cuatro líderes tecnológicos recordó, como ha señalado 'The Economist', a la que hicieron ante el Congreso, en 1994, los jefes de las principales empresas tabacaleras estadounidenses, en la que negaron una y otra vez que el tabaco fuera perjudicial.

Sundar Pichai, CEO de Alphabet, declarando por vía telemática. (Reuters)
Sundar Pichai, CEO de Alphabet, declarando por vía telemática. (Reuters)

Parece evidente, en todo caso, que las grandes tecnológicas han actuado sistemáticamente para reducir la competencia a la que se enfrentan. Si bien esto es normal, la permisividad del Gobierno estadounidense no lo ha sido. Lo reconoció el presidente del Subcomité Antimonopolio, el demócrata David Cicilline: “Se ha permitido que estas plataformas operen de manera salvaje, sin ninguna constricción real”. Pero la creciente animadversión hacia el inmenso poder de estas compañías no solo se produce entre la izquierda. Los republicanos sienten —en parte con razón— que estas empresas no solo tienen un compromiso explícito con los valores progresistas, sino que, en el caso de Facebook, silencia, oculta o directamente censura los contenidos de carácter conservador. A los demócratas les preocupa que haya poderes extranjeros que influyan en las elecciones estadounidenses gracias a esa tecnología. A los republicanos, que empresas chinas como TikTok o Huawei se hagan populares entre el público estadounidense y, de alguna manera, canalicen información hacia el Gobierno chino.

En este asunto todo es política. Y, por eso mismo, no es probable que los legisladores endurezcan demasiado las regulaciones que afectan a estas empresas. Trump se ha mostrado hostil con el mundo de Silicon Valley, pero reaccionó duramente con los países, entre ellos España, que barajan crear un nuevo impuesto a sus actividades digitales. A Joe Biden no se le conoce ninguna clase de interés por el mundo tecnológico. Y, por encima de todo, estas empresas han acumulado un poder que no es fácil de desbaratar y ante el que la política se está mostrando impotente. Nadie debería esperar que el Gobierno estadounidense actúe con la misma contundencia que demostró durante las dos primeras décadas del siglo XX, la gran era de la lucha contra los monopolios, cuando desmembró Standard Oil, el gigante petrolero, o ya en los años ochenta, AT&T, el gran monopolio telefónico. Ahora mismo, parece impensable algo tan simple como impedir que Facebook opere al mismo tiempo Instagram, WhastsApp, Messenger y el propio Facebook.

Pero, ¿es pensable en la Unión Europea? Esta tiene un cierto historial en la lucha contra los monopolios tecnológicos estadounidenses en Europa: ha multado o abierto investigaciones sobre prácticas anticompetitivas a Google, Apple, Facebook o Microsoft. A Margrethe Vestager, la comisaria europea de Competencia de la UE, le gusta la retórica dura y posiblemente esté llevando la regulación de las grandes tecnológicas tan lejos como le permite la arquitectura política y judicial de la UE. A pesar de lo anterior, no hay que hacerse ilusiones, ni en Estados Unidos ni aquí: hoy en día, las grandes tecnológicas tienen un poder político similar al que tuvieron en el continente americano los constructores de ferrocarriles o las petroleras, en Europa los grandes productores agrícolas o los fabricantes de coches; o, en ambos casos, la banca. Las leyes suelen hacerse para favorecer a los productores, no a los consumidores. Incluso en el caso de que los legisladores, como en el caso de los congresistas estadounidenses con la tecnología, entiendan de lo que están hablando.

Tribuna Internacional
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