Elecciones USA. La rebelión del cuarto poder

El llamado cuarto poder se resiste a perder su espacio, que servía de armonizador o contrapeso en las democracias

Foto: Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

El rey del tuit confrontado por las cadenas de televisión. Un duelo mediático al más alto nivel, el cuarto poder frente al presidente está en marcha. Como buen elefante (el símbolo del partido republicano) en plena estampida, Trump rompió con la tradicional aceptación del veredicto de las urnas pronunciado por y a través de las cadenas de televisión. Y estas se la devolvieron cortándole incluso la palabra en directo, “por faltar a la verdad”. La guerra entre estos dos bandos no es nueva, pero se aceleró en este mandato. Y ahora asistimos a la última y definitiva batalla. En juego está el equilibrio democrático que el cuarto poder aporta al sistema. Los cambios en la galaxia mediática están siendo tan descomunales por el influjo de las redes que el poder quiere vivir de espalda a los medios tradicionales, y estos tratan de reinventarse para mantener el control. Es una lucha a vida o muerte.

Las tres grandes cadenas norteamericanas en abierto —ABC, CBS y NBC— siempre pugnaban por dar el 'scoop', adelantándose en 'proyectar' la victoria de uno de los dos candidatos a la Casa Blanca. Hacia la media noche, con el escrutinio avanzado —y a veces sin cerrar las urnas en los estados del oeste—, se permitían 'adelantar' quién sería presidente. Nunca se cuestionó su temprano anuncio, previo al recuento definitivo. Es cierto que ha habido algún patinazo histórico desde los medios. Como el que anunció en 1948 de la victoria del republicano Dewey frente al presidente Truman. Fue el 'Chicago Daily Tribune' quien publicó a toda plana la victoria del aspirante Dewey en uno de los gazapos más estrepitosos de la historia electoral.

Cuando las cadenas convencionales fueron perdiendo fuelle informativo, la batalla por el voto del 'publico informado' se trasladó al satélite

La inesperada victoria de Trump por estados, no por votos populares, en el año 2016, y las anteriores de Barak Obama habían basado ya su plan de campaña en el uso de las redes sociales, abandonando progresivamente la planificación en inversión en acciones televisivas y en prensa. Hasta entonces, la batalla de imagen se jugaba en el pequeño cuadrilátero catódico de cada casa, y el prestigio, en las líneas editoriales del 'Times' y el 'Post'. Cuando las cadenas convencionales fueron perdiendo fuelle informativo frente a la liberal CNN, y después con el nacimiento de la conservadora Fox, la batalla por el voto del 'publico informado' se trasladó al satélite. Los opinadores —los expertos en datos, en sondeos o en imagen— copaban minutos de antena para vender a su candidato desde la posición de analistas cualificados. Una nueva batalla mediática se había empezado a librar en las ondas. Conscientes de su importancia y calado, las cadenas informativas reforzaron su fórmula de la noche electoral con mapas interactivos, que permitían un seguimiento en tiempo real del recuento de votos condado a condado, ciudad a ciudad, con las manchas rojas o azules creciendo o menguando en las pantallas.

En esta ocasión, con las sacas del voto por correo repletas y el margen entre candidatos tan estrecho, la noche electoral se alargó a varias noches electorales. La cadena más cercana a Trump, la Fox de Murdoch, se adelantó a darle más estados a Biden, aunque sería CNN la que finalmente 'proyectó' la victoria definitiva.

En campañas previas, no más tarde de una hora después de sabido el veredicto de las cadenas, el perdedor aparecía en pantalla para felicitar a su contrincante y empezar el traspaso de poderes. Con Donald Trump nada es igual, y por tanto no sería así. El candidato que llegó a la Casa Blanca a lomos de Twitter y las redes no aceptaría el veredicto del voto catódico. Ya no eran las tres cadenas nacionales de televisión otrora las más poderosas, tampoco las dos cadenas satelitales de cobertura casi mundial, ahora la campaña política y la especulación por el resultado se ha movido al territorio 'online'. Trump lo sabe bien, lo utiliza y lo estira. Enfrente tiene todo el aparato mediático tradicional, al que ha despreciado y combatido al máximo durante su presidencia. Este epílogo era de esperar.

Tanto la prensa histórica ('NY Times', 'Washington Post') como los 'networks' (se negó repetidamente a contestar las preguntas del corresponsal de CNN acreditado ante la Casa Blanca) y los hasta ahora aliados (Murcdoch se hizo el sordo ante las llamadas de Kruschner para que no cantasen la victoria de Biden en Arizona) parecen aliados para demostrar la fuerza del cuarto poder que las redes y Trump han debilitado al máximo durante este mandato.

La ecología mediática tiene nuevos habitantes y está subvertida por otras fórmulas de actuación. Quedan lejanos el poder omnímodo de los periódicos, el asalto que supuso la radio y el tsunami de la televisión. Ahora, la galaxia mediática se ha expandido al mundo digital y las incontroladas redes de ida y vuelta.

El destacado periodista David Halberstan publicó en el 79 su famoso libro sobre los medios, 'Los poderes fácticos' ('The Powers That Be'), en el que relataba cómo habían alcanzado su poder cuatro imperios mediáticos: 'Time', CBS, 'The Washington Post' y 'Los Angeles Times'. Unos relatos pormenorizados donde dominan las escaramuzas con los poderes políticos, donde la batalla se hace más sangrienta y más jugosa. Ahora, hasta los medios analógicos empiezan a estar dominados por los magnates del mundo digital. Pero las guerras cruentas entre el poder y los medios continúan con igual o mayor intensidad.

En elecciones muy reñidas, la gran diferencia la marca la movilización. Y el uso de los mensajes por red se está demostrando más eficaz que el mitin

Mientras que el poder mediático de la gran prensa, las radios o las cadenas televisivas estaba basado fundamentalmente en una capacidad de seducción del votante sentado en su sillón, los nuevos medios han buscado “construir una relación con el votante” a través de acciones que eventualmente parecen más participativas. Acciones que tratan de ser nominativas: envíos directos por 'mail', mensajes personalizados a través de Twitter o Facebook, etc. Con estas nuevas herramientas, tanto Trump hace cuatro años como la campaña del Brexit triunfaron gracias a que movilizaron a gente que antes ni siquiera votaba. En elecciones muy reñidas, la gran diferencia la marca la movilización. Y el uso de los mensajes por red se está demostrando incluso más eficaz que el mitin cara a cara.

Cuatro años después, la maquinaria del Partido Demócrata ha demostrado que ha sabido ponerse al día y buscar tanto los elementos de motivación (movilización del voto negro tras el caso Floyd, movilización de mujeres y minorías para arropar a la candidata Kamala Harris) como de estrategia, con la gran campaña de voto por correo ante la pandemia. El uso correcto del 'big data' ahora disponible permite de los partidos ajustar el mensaje a cada medio. Hay un nuevo paradigma para identificar a votantes en línea y a través del móvil. Hay nuevas fórmulas para identificar los públicos y nuevas formar de consumir los mensajes: pequeños bits a lo largo de muchas horas, y no solo durante el tiempo de telediario.

En este territorio se ha movido la batalla de 'Twitter Trump' contra los medios tradicionales. Las cadenas certificaron su derrota, pero la máquina de tuitear aún no se ha parado. El mejor símil de la situación es la batalla entre un gran ejército con maquinaria pesada y una guerrilla de armas cortas y lanzagranadas. El cambio en la comunicación está claro. La predominancia de los antiguos medios ha quedado hace tiempo en entredicho. El llamado cuarto poder se resiste a perder su espacio, que servía de armonizador o contrapeso en las democracias.

El cambio en la comunicación está claro. La predominancia de los antiguos medios ha quedado hace tiempo en entredicho

La guerra entre la información y la desinformación sigue siendo igual de relevante. Los grandes defienden que 'fake news is good news' (las noticias falsas son una buena noticia), porque para encontrar lo fiable debe recurrirse al arbitrio de los grandes medios y sus profesionales solventes. Pero el poder con mayúsculas quiere zafarse de este poder intermediático, y lidiar directamente con sus votantes a través del 'social media'. Esta no es pues la batalla para saber los datos definitivos de las elecciones americanas, sino la gran guerra entre los viejos y los nuevos medios y las estrategias de los políticos en la batalla por el codiciado voto en la era digital.

*Javier Martín Domínguez. Periodista. Presidente del Club Internacional de Prensa.

Tribuna Internacional
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