En esta región, se juega el domingo el futuro del ecologismo europeo
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Ramón González Férriz

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En esta región, se juega el domingo el futuro del ecologismo europeo

El próximo domingo, se celebran elecciones en un 'land' alemán. Su presidente, un ecologista que tiene posturas liberales en economía, revalidará su puesto y puede marcar tendencia

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Winfried Kretschmann, el presidente de Baden-Wuertemberg.

El nombre de Winfried Kretschmann tal vez no les diga nada. Es un alemán de 72 años, muy alto, de pelo blanco, que habla con lentitud y va a la iglesia con regularidad. En sus años universitarios, flirteó con el comunismo revolucionario, pero se le pasó pronto y ahora no le importa identificarse como 'conservador'. Es el presidente de una de las regiones más ricas y grandes de Alemania, Baden-Wurtemberg, que tiene 11 millones de habitantes y es conocida como 'autoland', la tierra de los coches; ahí tienen su sede empresas como Porsche y Daimler, y uno de cada cinco empleos de la región trabaja en la industria automovilística. La única extrañeza, quizás, es que Kretschmann es un político de los Verdes, el partido ecologista alemán.

Un partido hijo de 1968

El Partido Verde alemán se fundó en 1980. En parte, su creación fue fruto de la evolución ideológica de los protagonistas de las revueltas juveniles de 1968. Muchos de ellos habían sido trotskistas, formado parte de asociaciones universitarias marxistas y algunos incluso se habían sentido tentados por la acción violenta. Pero una década más tarde, los fundadores del partido ponían énfasis en la oposición a la energía nuclear y la contaminación, abogaban por el pacifismo y condenaban el militarismo de la OTAN, y hacían críticas genéricas a la represión sexual y los aspectos más alienantes de la modernidad industrial. En su seno, hubo desde el principio dos tendencias: los 'realo', o realistas, y los 'fundis', o fundamentalistas radicales. Kretschman pertenecía a los primeros, el grupo que finalmente triunfó e impuso su línea moderada.

Foto: Annalena Baerbock, líder de Los Verdes en Alemania, y el cabeza de lista para el Parlamento Europeo, Sven Giegold. (Reuters) Opinión

Los verdes formaron parte de la coalición verde-roja que, en 1998, alcanzó el poder federal y llevó a la cancillería al socialdemócrata Gerhard Schröder y al Ministerio de Asuntos Exteriores a Joschka Fischer, un viejo sesentayochista cuyo pacifismo enseguida se vio puesto a prueba por las guerras de Yugoslavia y Afganistán. Pero Kretschman llegó al poder en su 'land' en 2011, cuando, tras el accidente en la central nuclear de Fukushima, en Japón, Alemania vivía una nueva oleada de oposición a esa fuente de energía. Fue una sorpresa. Pero en 2016 volvió a ganar las elecciones regionales. Hoy, los verdes están presentes en 11 coaliciones de gobierno del total de 16 regiones alemanas. Y es probable que repita en las elecciones que se celebran el próximo domingo, que abren en Alemania un ciclo electoral que culminará en septiembre, con las primeras elecciones federales sin Angela Merkel en casi dos décadas. Ahora, se cree que el Gobierno más probable será de coalición entre los democristianos y los verdes.

Foto: Imagen: Pablo López Learte.

El caso de los verdes alemanes es particular, por el largo y accidentado historial ideológico de sus miembros más veteranos y la particular relación del país con su entorno natural. Pero su mensaje de las últimas décadas, según el cual se pueden defender al mismo tiempo las viejas ideas ecologistas, como la sostenibilidad y las energías limpias, y términos del vocabulario liberal como 'crecimiento económico' e 'innovación', parece haber encontrado su momento. Una de las virtudes de Kretschman ha sido demostrar que los verdes pueden gobernar sin entorpecer la economía, atrayendo a la clase media centrista, aunque eso le haya enfrentado a los jóvenes del partido, que consideran que su realismo y falta de ambición le convierten en una especie de traidor a la causa verde. En todo caso, la política verde ha dejado de estar en los márgenes ideológicos de las sociedades ricas y es un error identificarla con la izquierda radical. La Comisión Europea (con una alemana al frente) ha convertido el Nuevo Pacto Verde en un emblema de su empeño ecologista. Quienes creen que el cambio climático no existe, o no es producto de la acción humana, son los que han sido desplazados hacia los márgenes de la respetabilidad.

Partidos más verdes

Sin embargo, los partidos verdes tienen poco recorrido en el resto de Europa. Son el socio menor en el Gobierno de coalición de Austria, también con los conservadores, y aspiran a entrar en un Gobierno de coalición con los liberal-conservadores holandeses tras las elecciones de este fin de semana en los Países Bajos. Pero en el Parlamento Europeo suman apenas un 10% de los escaños (y eso que en el Grupo Verde se incluyen partidos con poco pedigrí ecologista, como Esquerra Republicana de Catalunya o los nacionalistas corsos). En países con una cierta tradición, como Francia, los verdes siguen en una posición marginal. Son residuales en Italia. No existen en Reino Unido.

Foto: Parada final del 'road to a green new deal' en washington Opinión

En España, en cierto momento, pareció que Íñigo Errejón podía adoptar nociones del ecologismo alemán para dar una identidad política a su escisión de Podemos, pero es probable que su rigidez ideológica le impidiera asumir el liberalismo social y cultural y el realismo económico del partido de Kretschman. Fue una oportunidad perdida. Pero, en ciertos sentidos, aún teniendo en cuenta la excepción alemana, quizá no haya que esperar una explosión de partidos verdes en Europa, sino un proceso en el que todos los partidos tradicionales se vayan dejando seducir poco a poco por la retórica ecologista y adapten cada vez más las ideas verdes a los programas de centro izquierda o centro derecha. En España, el PSOE ha entendido que la asunción de ideas verdes le da una imagen moderna y progresista con un coste relativamente bajo. El PP no rechaza las nociones más extendidas sobre el cambio climático y la transición energética, pero debería tener el valor, además, de articular un ecologismo conservador que podría tener mucho sentido en un país como España.

Nadie parece estar ya en contra de un medioambiente más limpio. La discusión se centra en cuánto estamos dispuestos a gastar, o a sacrificar, para conseguirlo. Cuando Krestchman gane las elecciones regionales este domingo, y su partido vuelva probablemente al Gobierno federal en septiembre, podrá decirse que tenemos una respuesta: bastará con mirar lo que han hecho los verdes alemanes. Eso es más fácil de decir que de hacer. Pero es probable que los partidos españoles y europeos imiten cada vez más a los verdes sin convertirse en un partido verde. Será otro extraño triunfo de los viejos sesentayochistas alemanes.

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