Así se domina el arte de gobernar en coalición
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Ramón González Férriz

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Así se domina el arte de gobernar en coalición

En países como Alemania y Holanda, las coaliciones de Gobierno se hacen y se deshacen sin mayor dramatismo. ¿Por qué no es así en España?

placeholder Foto: Angela Merkel abandona una sesión en el Bundesgat de Berlín.
Angela Merkel abandona una sesión en el Bundesgat de Berlín.

El domingo pasado se celebraron elecciones en dos regiones alemanas. El partido democristiano de Angela Merkel, la CDU, obtuvo un pésimo resultado debido en parte al estallido de varios casos de corrupción y a la lentitud del proceso de vacunación que gestiona su Gobierno. Hasta entonces, la mayoría de los analistas daban por hecho que, en las elecciones federales del próximo septiembre, el sucesor de Merkel obtendría un buen resultado y podría gobernar en coalición con Los Verdes, un partido en auge. Pero ahora ya no es tan seguro que salgan los números. Se empieza a hablar de una coalición alternativa, formada por los socialdemócratas (SPD), Los Verdes y los liberales (FDP). En la actualidad, gobiernan en coalición la CDU con el SPD. En las últimas décadas, lo han hecho también el FDP con la CDU o con el SPD, y también el SPD con Los Verdes.

Si se ha hecho un pequeño lío con las siglas, esa era mi intención. La política alemana, que destaca por su estabilidad y los liderazgos duraderos (en los últimos 39 años solo ha tenido tres cancilleres), ha demostrado en el último medio siglo una enorme capacidad para garantizar la gobernabilidad a pesar de la fragmentación política. Lo ha hecho, simplemente, buscando la coalición más propicia en cada momento. Por supuesto, estas no han estado exentas de pequeños dramas: los socialistas creen que su declive se debe a llevar demasiado tiempo en una “gran coalición” con los conservadores y Los Verdes sufrieron un trauma enorme cuando, a finales de los años 90, decidieron abandonar la cómoda oposición maximalista para entrar en un Gobierno con el socialista Gerhard Schröder. Pero las coaliciones resisten. Y, cuando agotan su curso, se cambian.

Foto: Winfried Kretschmann, el presidente de Baden-Wuertemberg. Opinión

Ayer hubo elecciones en Países Bajos. Parece claro que el ganador será el liberal conservador del VVD Mark Rutte, un hombre un tanto anodino y tecnocrático (antes de dedicarse a la política trabajaba en el Departamento de Recursos Humanos de Unilever, la gran empresa de alimentación e higiene). Pero aún no se sabe con qué coalición respaldará su Gobierno. En el primero que lideró, entre 2010 y 2012, formó coalición con los democristianos (CDA) y recibió el apoyo parlamentario de Gert Wilders, de la derecha nacionalista y antiinmigración. Entre 2012 y 2017, Rutte gobernó en coalición con los socialdemócratas (PvdA). Desde 2017 lo hace con la CDA, D66 (progresistas) y los centristas de la Unión Cristiana (CU). Como contaba en este periódico Imane Rachidi desde La Haya, los votantes de estos partidos parecen satisfechos con la coalición y les gustaría que se renovara. Parece viable. Pero, si no lo fuera, no hay que preocuparse demasiado: aunque las negociaciones sean duras y haya concesiones, se formaría otra coalición con un número de siglas que a los españoles nos parecerá desproporcionado y difícil de comprender.

Y es que, ¿por qué en estos y otros países la costumbre de formar gobiernos de coalición relativamente estables está arraigada y a España le está costando tanto? Le trasladé esta pregunta a Ignacio Jurado, politólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid. “Es la pregunta del millón”, me dijo. En todo caso, hay algunas razones identificables: “Durante mucho tiempo hemos tenido un sistema de partidos y ahora nos encontramos en una transición. Ciudadanos y Podemos llevan siete años” en la política nacional, me dijo. “Vox apenas dos. Y la transición va a ser costosa. A corto plazo no sería muy optimista, porque estamos en una situación muy polarizada.”

Foto: Imagen: Pablo López Learte

Esa polarización ha hecho que Ciudadanos se enfrente a una posible decadencia por algo que los votantes no parecen dispuestos a tolerar: que un partido cambie de aliados de coalición, como sucede con frecuencia en lugares como Alemania o Países Bajos. “Lo que ha ocurrido con Ciudadanos probablemente era inevitable”, dice Jurado, porque “el equilibrio en el que estábamos, de dos bloques multipartidistas y estancos, no es estable”. No es sostenible que en un Estado con distintos niveles administrativos —nacional, autonómico, municipal— “solo exista una combinación posible y que esta tenga que mantenerse en todas partes. No es viable mantener un único modelo en todas partes”. Tal vez por eso el intento de Ciudadanos fuera valioso, pero igualmente va a pagar un alto precio. “Al ser muy nuevo el sistema de partidos, y no estar del todo asentado, aumentan los costes de la negociación de coaliciones ‘contra natura’. Pero esto solo mejora cuando ya existen coaliciones de este tipo. La costosa es la primera, pero el coste baja para la segunda, y esta lo hace para la tercera. En el Gobierno nacional tenemos un Gobierno de coalición y seguramente el próximo también lo será. El patrón ya ha cambiado. España va a caminar hacia casos como el alemán o el neerlandés. Creo que es hacia donde vamos”.

Foto: felipe-gonzalez-entrevista-gobierno-coalicion-estado-derecho

La pregunta es cuánto tiempo necesitaremos para hacer el camino y aprender tanto a gobernar en coalición como a ser gobernados por ellas. Jurado no se arriesga a darme un plazo. ¿Estamos condenados a cinco, 10 años de inestabilidad hasta que los partidos y la ciudadanía vean con normalidad la creación y disolución de coaliciones que a veces parecen ‘contra natura’?

Es probable. En España, ni los partidos, ni los medios de comunicación ni los votantes parecen predispuestos a asumir que la complejidad social conduce inevitablemente a la fragmentación, y esta a la formación de alianzas aparentemente imposibles para impedir el desgobierno. No ayuda, como me reconoce Jurado, el problema territorial: en Alemania o Países Bajos ningún partido de las múltiples coaliciones existentes quiere romper el país, y en España estamos viendo que sostener coaliciones con partidos independentistas, algo que al menos para la izquierda parece ineludible, no da mucha estabilidad.

Pero ¿cómo lograrlo como Alemania o Países Bajos? Aquí van mis consejos. Primero, asumir que el cambio de aliados es inevitable. Segundo, que las alianzas 'contra natura' pueden, en política como en la vida, ser buenas a largo plazo. Tercero, que las relaciones se rompen y no hay que dramatizar. Cuarto, que si no nos damos cuenta de que este proceso es un aprendizaje, no aprenderemos nunca: ni los partidos, ni los medios, ni los ciudadanos.

El domingo pasado se celebraron elecciones en dos regiones alemanas. El partido democristiano de Angela Merkel, la CDU, obtuvo un pésimo resultado debido en parte al estallido de varios casos de corrupción y a la lentitud del proceso de vacunación que gestiona su Gobierno. Hasta entonces, la mayoría de los analistas daban por hecho que, en las elecciones federales del próximo septiembre, el sucesor de Merkel obtendría un buen resultado y podría gobernar en coalición con Los Verdes, un partido en auge. Pero ahora ya no es tan seguro que salgan los números. Se empieza a hablar de una coalición alternativa, formada por los socialdemócratas (SPD), Los Verdes y los liberales (FDP). En la actualidad, gobiernan en coalición la CDU con el SPD. En las últimas décadas, lo han hecho también el FDP con la CDU o con el SPD, y también el SPD con Los Verdes.

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