Lo que Errejón debería aprender de los Verdes alemanes
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Ramón González Férriz

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Lo que Errejón debería aprender de los Verdes alemanes

Los ecologistas han sabido refundar la izquierda hablando de cambio climático, libertad personal y una nueva política económica. Algunos partidos deberían tomar nota

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El diputado por Más País Íñigo Errejón. (EFE)

Es una mujer. Tiene 41 años. Estudió ciencias políticas y tiene un máster en derecho internacional por la London School of Economics. El mes pasado, su partido la escogió candidata para las elecciones que se celebrarán en septiembre en su país y aceptó el encargo dando un discurso comedido, vestida con un elegante traje azul y unos zapatos de tacón rojos. Cuando, recientemente, la revista de economía 'WirtschaftsWoche' hizo una encuesta entre los empresarios alemanes para saber cuál era su candidato preferido para sustituir a Angela Merkel como canciller, ella fue la elegida. Los veteranos de su partido se preguntaron si estaba traicionando su legado o era la oportunidad de llegar por fin al poder. O ambas cosas. Porque lo más extraño es que Annalena Baerbock, la candidata preferida de los empresarios, que lidera ahora mismo todas las encuestas, es la candidata del Partido de los Verdes. El lema de su programa: 'Respetar y proteger. El cambio crea estabilidad'.

Hay varias claves que explican su prometedora candidatura. Después de que Angela Merkel haya estado 16 años en el poder —ocho de ellos, en coalición con los socialdemócratas—, Alemania está cansada de ortodoxia. Además, el Gobierno alemán ha gestionado sorprendentemente mal la pandemia y la vacunación, y sus dos principales rivales, el socialdemócrata Olaf Scholz, actual ministro de Finanzas, y Armin Laschet, primer ministro de Renania del Norte-Westfalia, no podrían encarnar mejor el carácter aburrido y la falta de imaginación que atribuimos —como virtud o como defecto— a la política alemana.

Foto: Winfried Kretschmann, el presidente de Baden-Wuertemberg. Opinión

Pero el éxito de los Verdes no responde solo a la coyuntura alemana. Y aquí es donde algunos partidos de otros países europeos —empezando por Más Madrid, si es que su líder, Íñigo Errejón, quiere convertir su partido regional en uno nacional que sepa aprovechar las lecciones del fracaso de Podemos— podrían tomar nota. El primer punto de su programa suena agradablemente ilustrado: “El centro de nuestra política son los seres humanos, con su dignidad y su libertad. Cada ser humano nace libre e igual en dignidad y derechos. Los universales e inseparables derechos humanos son el objetivo y la medida de nuestra política”. Baerbock ha afirmado que quiere subir los impuestos y relajar las rígidas políticas fiscales que han caracterizado la política alemana durante la última década y media, pero su tono centrista y su conocimiento detallado de los aspectos técnicos de la política económica han hecho que los alemanes no parezcan demasiado asustados.

Después de años de ambivalencia del Gobierno de Merkel, quiere demostrar una firmeza mayor frente a las presiones de regímenes autoritarios como los de Rusia, Turquía y China. Los Verdes, además, tienen experiencia de gestión: estuvieron siete años en un Gobierno nacional de coalición con los socialdemócratas y hoy están presentes en el Gobierno de 11 de los 16 estados del país. Uno de los suyos, Winfried Kretschmann, primer ministro de Baden-Wurtemberg, el estado conocido como 'autoland' por albergar empresas como Porsche y Daimler, ha demostrado no solo ser 'business friendly', sino un gestor capaz de conectar con empresarios y sindicatos por igual.

Foto: EC. Opinión

Y, por supuesto, están sus políticas verdes. Baerbock quiere que en 2030 dejen de utilizarse energías basadas en el carbón. Quiere políticas más agresivas para abordar el cambio climático. Y apuesta por el uso de la tecnología para frenar la crisis medioambiental: “El uso de tecnologías modernas hace posible la neutralidad climática. La tarea de la política consiste en activar el ingenio de la gente para desarrollar las tecnologías adecuadas y utilizarlas con inteligencia”. Los Verdes siguen aferrados al viejo fetichismo antinuclear, y uno de los rasgos principales de su política ecológica es la fe en la innovación y la ciencia. Durante décadas, su ecologismo tuvo algo de utópico e ingenuo, y con frecuencia se los caricaturizó como gente que se alimentaba de muesli y abrazaba sentimentalmente a los árboles. Hoy, sus ideas no solo parecen modernas, sino también urgentes, y están en el centro de las políticas alemana y global. Los Verdes han sabido acercarse a la política 'mainstream'; al mismo tiempo, el 'mainstream' se ha acercado a ellos.

La refundación de la socialdemocracia

Durante mucho tiempo, se ha reclamado la refundación de la socialdemocracia. Pero nadie parecía saber en qué dirección hacerlo. ¿Necesitaba radicalizarse para recuperar la capacidad de redistribución que mantuvo hasta los años setenta? ¿Debía ahondar por el camino de la Tercera Vía y asumir muchas de las ideas de la derecha relacionadas con la competencia y la eficiencia en el sector público? Son discusiones que siguen vivas. Pero, al mismo tiempo, la actual generación de verdes alemanes ha optado por un camino más verosímil: hacer políticas económicas más osadas sin perder un tono centrado y responsable, recuperar para la izquierda la noción de libertad y autodeterminación individual y asumir que el cambio climático no solo es uno de los grandes problemas de la humanidad, sino que podemos abordarlo pensando en términos de innovación. Todo ello, con una estética que repelerá a muchos, pero que parece efectiva: gente joven, urbana, con un estudiado equilibrio entre la informalidad en la indumentaria y la transmisión de confianza y solidez, entre las bicicletas y los iPads, el respeto y la protección, el cambio y la estabilidad.

Foto: Annalena Baerbock. (Reuters)

Errejón tiene un pasado ideológico demasiado trasnochado para que la transición hacia un programa parecido al de los Verdes alemanes sea fácil. Debería renunciar a demasiadas cosas, de las ensoñaciones 'latinoamericanistas' a la tentación autoritaria. Pero la campaña de su partido en las elecciones madrileñas ha demostrado que esa transición es posible y que tiene sentido para una generación que tal vez descubra que la agresividad o la polarización no solo les produce incomodidad, sino que ni siquiera funcionan en términos electorales. Sería una salida estupenda para una 'nueva política' que ahora mismo necesita transmitir fiabilidad y una salida ideológica renovada.

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