Ahora, ¿qué les decimos a las afganas?
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Ahora, ¿qué les decimos a las afganas?

Dejar que los talibanes ocupen el poder significa resignarse al fracaso de todos los esfuerzos realizados en los últimos 20 años. Asistiremos a una guerra contra la dignidad de las mujeres y las niñas

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EFE.

Una constatación global es que los países prosperan si lo hacen sus mujeres, las libertades avanzan si lo hacen para las mujeres… En estos 20 años de presencia de ejércitos, cooperaciones y agencias internacionales de desarrollo, las mujeres y las niñas afganas han recuperado, lentamente, una senda de derechos y oportunidades. Con ellas avanzaba el conjunto de la sociedad. Sin embargo, como desgraciadamente hemos podido comprobar, estábamos ante una realidad que tenía los pies de barro. Las niñas afganas que entraron en las escuelas, las jóvenes universitarias, las artistas y las deportistas tendrán que volver a sus casas.

Foto: El Secretario de Defensa de EEUU, Lloyd J. Austin III. (Reuters)

¿Era realmente el momento para que la comunidad internacional abandonara el país? Dejar que los talibanes ocupen el poder significa resignarse al fracaso de todos los esfuerzos realizados en los últimos 20 años. Asistiremos, de nuevo, a una guerra contra la libertad y la dignidad de las mujeres y las niñas. La salida de las tropas y de las representaciones internacionales supone, sin que quepa albergar ninguna esperanza, que abandonamos a más de la mitad de la población afgana.

Decía Shamsia Alizada tras alcanzar hace menos de un año el primer puesto en el acceso a la universidad en Afganistán: “Tengo algo de miedo sobre el retorno de los talibanes, pero no quiero perder la esperanza porque mis sueños son mayores que mis miedos”.

Aunque los medios se muestran hoy perplejos, lo cierto es que nada ha sucedido de repente

¿Qué sentirá hoy Shamsia? Sabemos con certeza lo que pretenden los talibanes al regresar al control de Afganistán. Sus banderas negras son el presagio del fin de la esperanza de todas las Shamsias que durante estos años se han podido formar, han podido crear, competir, pasear por las calles y soñar con ser libres.

Foto: Una mujer frente a un mural en Herat, Afganistán. (EFE)

Es el fracaso del Gobierno afgano y de la comunidad internacional. Es el error de la Administración Biden al acordar una salida de las tropas norteamericanas sin contrapartidas. Las consecuencias de esta decisión serán nefastas y se percibirán muy pronto: mayor inestabilidad en la zona, nuevo santuario —esta vez sí es un Estado— para el radicalismo más violento, con Pakistán deslizándose por la peor senda, reforzamiento del ultraconservador Gobierno de Irán, oleadas de refugiados —refugiadas, si lo consiguen— y fortalecimiento de los Estados que actúan al margen de la legalidad.

Foto: Imágenes del caos tras la toma de Kabul por parte de los talibanes.

Aunque los medios internacionales se muestran hoy perplejos, lo cierto es que nada ha sucedido de repente. Desde que los talibanes fueron derrotados en 2001, no han cesado sus ataques a las representaciones extrajeras, pero también a escuelas, hospitales y a todo lo que significara progreso. Las distintas potencias internacionales han fracasado siempre en su intento de hacer de Afganistán un país más avanzado y menos violento, pero, tras 39 años de guerras y sufrimiento, no parece que abandonar Afganistán en manos de los talibanes sea una solución mejor.

La reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debe contestar a muchas preguntas, entre otras, a esta: ¿qué les decimos ahora a las niñas y las mujeres afganas?

*Carlota Merchán, consultora en Cooperación Internacional.

*Elena Valenciano, consultora del Centro Henri Dunant.

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