¿Los países del norte son más eficientes? Hablemos de vacunas
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Ramón González Férriz

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¿Los países del norte son más eficientes? Hablemos de vacunas

Alemania, Austria o Suiza tienen fama de buena gestión. Pero en el caso de la vacunación, países como Italia, España o Portugal lo han hecho mucho mejor

Foto: Una manifestación contra las restricciones por el covid-19 en Zúrich, Suiza. (Reuters/Wlegmann)
Una manifestación contra las restricciones por el covid-19 en Zúrich, Suiza. (Reuters/Wlegmann)

Parece el mundo al revés. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades ha afirmado que está muy preocupado por la situación sanitaria en países como Austria, Alemania, Luxemburgo, Países Bajos y Noruega. En cambio, ha comunicado que por el momento el avance del virus en países como Malta, Portugal, Italia o España es poco o muy poco preocupante.

Algunos medios internacionales como el 'Financial Times' han manifestado su perplejidad: el país con la tasa de vacunación más baja de Europa es… Suiza, donde alrededor de un tercio de la población se ha negado a ponerse siquiera la primera dosis. Allí, contaba el periódico, la policía antidisturbios tuvo que montar un dispositivo alrededor de la principal estación de tren de Zúrich, donde se había instalado un centro de vacunación, ante el ataque de manifestantes que protestaban contra las vacunas e iban armados simbólicamente con 'trycheln', gigantescas campanas para vacas que son el emblema de la Suiza rural.

Foto: Personal médico en un centro de vacunación en Alemania. (Reuters)

Alemania se encuentra —junto a Suiza, Austria, Liechtenstein y Luxemburgo— entre los países donde una mayor parte de la población se niega a vacunarse (solo un 68% de los adultos alemanes tiene la pauta completa). Llamativamente, algunas de las regiones con más antivacunas son las más ricas, como Baviera o Baden-Wurtemberg. El lunes pasado, Joachim Sauer, el siempre discreto marido de Angela Merkel y químico de profesión, no pudo más: afirmó en una entrevista que las causas por las que muchos alemanes se niegan a vacunarse son la “pereza y la complacencia”.

¿Los alemanes, perezosos?

El sur eficiente

Esta pandemia nos ha enseñado que las conclusiones sobre la eficacia son fugaces: todo cambia tan rápido que es mejor no hacer análisis con vocación duradera. Pero, a estas alturas, el contraste entre el norte y el sur resulta llamativo. Los países del norte son bastante más ricos; tradicionalmente se ha vinculado su protestantismo con una austeridad y eficacia mayores, y hasta hace no mucho su política parecía el reflejo de ese carácter avanzado: pragmática, relativamente sosegada, dominada por la tecnocracia. Y, periódicamente, regañan a los del sur: en principio, por la tendencia al despilfarro económico, la inversión en proyectos poco rentables y una política inestable y ruidosa; en realidad, esas críticas esconden cierta superioridad moral y su sensación de que los católicos sureños estamos hechos más para la buena vida que para el trabajo.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una jornada sobre los fondos europeos de recuperación. (EFE) Opinión

Sin embargo, ahora los países del sur han demostrado ser más moderados ideológicamente —hay antivacunas, pero muchos menos—, tener un mayor sentido de la responsabilidad —incluso sus partidos de derecha autoritaria, como Vox, han preferido no manifestar abiertamente su oposición a las vacunas, a diferencia de Alternativa por Alemania o el Partido de la Libertad de Austria—, un mayor respeto por las pruebas científicas e, incluso, una disciplina mayor.

Podría hacerse también una lectura negativa, según la cual en países como España o Italia los ciudadanos nos subordinamos en mayor medida a los dictados del Estado, renunciamos con facilidad a nuestras libertades individuales ante el reclamo de nuestros líderes o, incluso, que el consenso es fruto de una conspiración de las élites. Es posible que los dos primeros argumentos tengan algo de cierto. Pero, en realidad, lo que en este caso han demostrado estas sociedades es distinto: han sido, simplemente, eficientes y han asumido de manera eficaz la mejor solución ante un problema colosal: una vacuna frente a un virus. Y eso es, por contraste, llamativo.

¿Qué pasa en el norte?

Aunque los países vinculados a la cultura germana siguen siendo más eficientes en muchos sentidos, y tienden a estar mejor gestionados que los del sur, en los últimos años su reputación —y, de paso, su autoestima— ha recibido unos cuantos golpes. El Gobierno de Austria se desmoronó en 2019 después de la publicación de un vídeo en el que Heinz-Christian Strache, líder del partido de derecha autoritaria y socio menor de la coalición gobernante, ofrecía a una mujer —que él creía que era la hija de un oligarca ruso— contratos públicos a cambio de donaciones a su partido. Sebastian Kurz, que siguió gobernando, pero con un socio distinto, los Verdes, dimitió este octubre tras verse implicado en la posible entrega de dinero público a medios de comunicación a cambio de una cobertura favorable.

Foto: Vista de una bandera de Alemania. (EFE)

En Alemania, el 'dieselgate', el trucaje del sistema de detección de emisiones en los coches de Volkswagen para comercializarlos sin cumplir la normativa, y el escándalo de Wirecard, el sistema alemán de pagos electrónicos que resultó ser un enorme chanchullo amparado por los reguladores, dañaron seriamente la reputación de las élites del país. El auge electoral de Afd —ahora frenado— y su enorme influencia en los márgenes ideológicos del país, que aúnan a antivacunas, neonazis, medios de comunicación del Estado ruso, antisemitas y otras expresiones antisistema, también han avergonzado a Alemania. “En este país tenemos dos virus", dijo Markus Söder, el primer ministro conservador de Baviera. "Tenemos el coronavirus y tenemos este veneno [de los antivacunas] que están esparciendo a gran escala los ‘querdenker’ [nombre que se dan quienes creen que el virus es una conspiración, cuya traducción es ‘pensadores laterales’] y partidos como Alternativa por Alemania”.

Males ajenos

El sur no debería sentir 'schandeufreude' (alegría ante la desgracia ajena) por esta acumulación de malas noticias en el mundo germano: más nos vale tomar nota de las muchas lecciones que podemos aprender de su economía, su política, su cultura democrática y su inconformismo. Pero la brutal y contraintuitiva brecha entre la gestión de la vacunación en el norte y en el sur demuestra que es absurdo idealizar a los países ricos del corazón de Europa. Quizá durante mucho tiempo deseamos, con razón, tener sus problemas en lugar de los nuestros. Pero, por una vez, países como Portugal, Italia o España, que muchas veces han sido desdeñados en el norte, pueden mostrar ahora un pequeño, prudente y moderado orgullo. Tal vez sí somos capaces de gestionar algunas cosas.

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