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Juan Luis Manfredi

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Lecciones suecas para Europa

El ascenso de Demócratas Suecos se basa en el manejo de los miedos al crimen organizado, las migraciones e incluso el incremento del coste de la vida (energía, bienes y servicios)

Foto: Ulf Kristersson, líder del Partido Moderado en Suecia. (EFE/Fredrik Sandberg)
Ulf Kristersson, líder del Partido Moderado en Suecia. (EFE/Fredrik Sandberg)

Los comicios suecos arrojan un resultado singular: el bloque conservador ha alcanzado 175 escaños y el progresista, 174. Aunque la primera ministra socialdemócrata Magdalena Andersson ha ganado las elecciones con algo más del 30%, todo apunta a que no podrá repetir mandato. Ulf Kristersson, líder del Partido Moderado, aspira a sucederle. Los votos le colocan como el tercer partido, un punto por detrás de los Demócratas Suecos de Jimmie Åkesson, un partido alineado con las tesis de la extrema derecha que se extiende por Europa. Aún el Partido de Centro de Annie Lööf podría permitir que el gobierno rojiverde se mantuviera en el poder, pero este cambio de decisión es sumamente improbable. Todo es posible y nada está cerrado. Este laberinto político y electoral sueco anticipa algunas claves de gobernabilidad europea para la próxima década, un tiempo de líderes débiles y descontento social. Así, encontramos cuatro claves para entender el escenario sueco.

Es la identidad, no la guerra ni la gestión de la pandemia. El ascenso de Demócratas Suecos se basa en el manejo de los miedos al crimen organizado, las migraciones e incluso el incremento del coste de la vida (energía, bienes y servicios). La polarización favorece su ascenso y abre la puerta a su incorporación a la coalición de gobierno. No parece que se incorpore al gobierno, pero es la primera señal de una naturalización de la extrema derecha en sede parlamentaria. El nacionalismo sueco crece en paralelo a la redefinición del país en el ámbito internacional. La petición de incorporación a la OTAN como miembro de pleno derecho supone una ruptura radical con la tradición de neutralidad y no alineamiento. Y esta fractura no se ha ejercido en el seno de la Europa de la Defensa y la autonomía estratégica, sino orientada hacia posiciones más duras. Este mix de nacionalismo y realismo político deja a la Unión Europea como socio menor en un momento de tensiones geopolíticas globales.

Se acabó identificar grupos o colectivos sociodemográficos con opciones políticas

Un Parlamento atomizado. Los ocho partidos que se presentaron tendrán representación, un reflejo de los cambios sociales y la dificultad de articular una narrativa política que atraiga de manera transversal a todos los votantes. Asistimos al final de las grandes coaliciones, como en Alemania, y la vuelta a una política de bloques sólidos. La competencia por el voto se polariza: el votante es fiel a un bloque y difícilmente cambia de idea. Hay más oferta en su ámbito ideológico y puede castigar al incumbente manteniéndose fiel a sus principios. La rigidez provoca más -y no menos- estabilidad porque hay poco espacio para la innovación o el consenso en asuntos de Estado a través de opciones mayoritarias. La polarización, ahora lo sabemos, no facilita la gobernanza, sino que deriva las políticas públicas hacia asuntos de menor impacto en la calidad de vida de las personas, pero con gran visibilidad en redes sociales.

Nuevos 'cleavages'. Se acabó identificar grupos o colectivos sociodemográficos con opciones políticas. Ni la división rural-urbano ni el género son concluyentes en 2022. En particular, la transversalidad ha favorecido a los Demócratas Suecos. Han ganado votantes en todos los terrenos, no solo en el tradicional feudo (ciudades pequeñas, pueblos, varones con pocos estudios), sino entre empresarios y clase trabajadora. Conviene indicar aquí el impacto del autoconsumo digital, territorio ideal para los radicales. Estos han manejado las redes sociales con soltura y han aprovechado su marginación en los medios de comunicación para extender su mensaje de "autenticidad sueca", aka, un discurso contra la inmigración y la liberalidad de las grandes urbes. Así, el análisis postelectoral que viene tendrá que incorporar variables de consumo mediático y credibilidad de los medios. No es casualidad que la extrema derecha haya proclamado la necesidad de limitar el servicio público de radio y televisión, única fuente creíble en un país con cada vez menos información periodística local.

En la opinión pública sueca, cada vez más, se discute sobre la necesidad de reformar el sistema electoral para evitar las coaliciones

La cuarta reflexión se ocupa sobre la calidad de la democracia en un modelo político tenido por ejemplar que permite el empate técnico. Gobernará la tercera fuerza porque la cuarta está dispuesta a apoyar esta opción, mientras que los dos primeros partidos tienen menor margen de maniobra para negociar acuerdos parlamentarios. En la opinión pública sueca, cada vez más, se discute sobre la necesidad de reformar el sistema electoral para evitar las coaliciones y dotar más poder al ganador. Esta suerte de hiperpresidencialismo, al estilo estadounidense, garantiza más estabilidad, pero no necesariamente se ajusta a la tradición sueca. Así, estas conversaciones públicas y publicadas se encaminan hacia la misma idea: el parlamento es un engorro cuyas funciones hay que aligerar para dotarse de un poder ejecutivo fuerte. En suma, apostar la formación de gobierno a unos pocos escaños finales genera más incertidumbres que las amplias mayorías.

En suma, la extrema derecha ya forma parte del establishment y aspira a tener responsabilidades de gobierno. Veremos qué sucede el próximo 25 de septiembre en Italia, con su natural imprevisibilidad, pero descontemos el crecimiento de Meloni y los Fratelli D’Italia. Luego vendrán las parlamentarias de Letonia. Tan lejos y tan cerca se respira el futuro de Europa en este otoño electoral.

*Juan Luis Manfredi es catedrático Príncipe de Asturias en Georgetown University.

Los comicios suecos arrojan un resultado singular: el bloque conservador ha alcanzado 175 escaños y el progresista, 174. Aunque la primera ministra socialdemócrata Magdalena Andersson ha ganado las elecciones con algo más del 30%, todo apunta a que no podrá repetir mandato. Ulf Kristersson, líder del Partido Moderado, aspira a sucederle. Los votos le colocan como el tercer partido, un punto por detrás de los Demócratas Suecos de Jimmie Åkesson, un partido alineado con las tesis de la extrema derecha que se extiende por Europa. Aún el Partido de Centro de Annie Lööf podría permitir que el gobierno rojiverde se mantuviera en el poder, pero este cambio de decisión es sumamente improbable. Todo es posible y nada está cerrado. Este laberinto político y electoral sueco anticipa algunas claves de gobernabilidad europea para la próxima década, un tiempo de líderes débiles y descontento social. Así, encontramos cuatro claves para entender el escenario sueco.

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