Es noticia
Israel ha ganado. Ahora debe poner fin a la guerra
  1. Mundo
  2. Tribuna Internacional
Ramón González Férriz

Tribuna Internacional

Por

Israel ha ganado. Ahora debe poner fin a la guerra

Si Israel sigue cosechando lo que considera victorias, aunque en ocasiones sea mediante métodos intolerables, podría llegar a perder. Los generales lo saben bien

Foto: Dos palomas sobrevuelan los tejados de Yenín, Cisjordania. (EFE)
Dos palomas sobrevuelan los tejados de Yenín, Cisjordania. (EFE)
EC EXCLUSIVO

¿Qué debe hacer un país cuando ha cumplido los objetivos militares que se proponía? Una respuesta fácil es: "celebrar la victoria". Sin embargo, la realidad es más compleja.

Véase la situación en la que se encuentran el Gobierno y el ejército israelíes. A estas alturas han conseguido prácticamente todo aquello a lo que hace un año podían aspirar. Incluso algunas cosas más. Pero Benjamín Netanyahu piensa que todavía quedan objetivos que cumplir y muchos militares lo comparten. Sin embargo, lo mejor que podrían hacer es utilizar esos triunfos para poner fin a una guerra que se ha convertido en una sangrienta pesadilla para los palestinos. Continuar con ella podría acabar siendo, además, un laberinto para Israel.

La destrucción de los enemigos

La semana pasada, el ejército israelí mató a Yahya Sinwar, el líder de Hamás. Los israelíes le odiaban por planear los ataques del 7 de octubre de 2023. Pero muchos gazatíes le culpaban de haber provocado una reacción brutal de Israel con un ataque innecesario. Y le detestaban por ejercer un tiránico control sobre la sociedad de Gaza. Con frecuencia ordenaba la ejecución de quienes eran sospechosos de colaborar con Israel, de ser adúlteros u homosexuales o de tener pornografía en su ordenador. Llegó a decir que estaba dispuesto a que murieran 100.000 civiles palestinos si ese era el precio a pagar por rescatar a 100 militantes islamistas presos en una cárcel israelí. Hamás está hoy descabezada y dividida.

En el norte, el objetivo de Israel era acabar con los líderes de Hezbolá residentes en Líbano y destruir la infraestructura fronteriza que permitía al grupo terrorista atacarle, lo que obligó a unos 50.000 israelíes a abandonar sus casas. El ejército israelí ha conseguido lo primero —ha caído incluso Hassan Nasrallah, que lideró el grupo durante tres décadas— y está en camino de conseguir lo segundo. Lo que queda de Hezbolá ha seguido atacando el norte de Israel y fanfarronea acerca de sus "capacidades intactas". Pero a pesar de que el ejército israelí se ha empantanado en numerosas ocasiones en Líbano, esta vez tiene las de ganar.

Los ataques de Irán en respuesta a estos golpes a Hamás y Hezbolá han evidenciado la debilidad de los ayatolás, no su fortaleza. Han parecido meras escenificaciones para que sus líderes puedan presumir de haber respondido, pero en realidad, pese al daño real que han causado, han sido cosméticos. Los servicios de seguridad estadounidenses han desvelado que Israel está preparando las represalias, pero que lo está haciendo con parsimonia y minuciosidad. Sabe que el tiempo está de su lado.

Los recursos que Israel ha utilizado para conseguir esta sucesión de victorias han sido, en muchos casos, inmorales e ilegales. Basta con ver sus ataques de este pasado fin de semana en el norte de Gaza y las afueras de Beirut. La muerte de decenas de miles de civiles en Gaza es una catástrofe injustificable. Es posible que la invasión de Líbano le suma en otra década de caos y guerras internas: Netanyahu está castigando a todo el país por cosas de las que solo son responsables los terroristas. Pero el primer ministro ha afirmado que nada de esto es suficiente: el objetivo, ha dicho, es recuperar los 101 rehenes israelíes que Hamás retiene en Gaza. Es un objetivo legítimo, pero imposible mientras siga la guerra. Los miembros más radicales de su Gobierno han dicho que ni siquiera eso bastaría: que el objetivo de la guerra es acabar por completo con Hamás y Hezbolá, algo que es también imposible.

¿Y ahora?

Sinwar nunca estuvo dispuesto a devolver a los rehenes porque son la única baza que le queda a Hamás. Es posible que sus sucesores adopten una línea menos dura que la suya, pero no se rendirán. Israel se ha negado en todo momento a negociar la paz porque quiere algo a lo que poder llamar "victoria total". Es poco probable que salgamos de este cruento atasco. No obstante, Israel, que es claramente quien va ganando, debería poner punto final a la guerra. Ha cumplido la mayor parte de sus objetivos. Entre ellos, el de someter a Estados Unidos a su voluntad. Pero si sigue adelante, con objetivos cada vez más difusos y maximalistas, Netanyahu corre un riesgo inmenso que los estadounidenses conocen bien tras su experiencia en Afganistán e Irak: ganar la guerra; sin embargo, generar tanto caos en los territorios conquistados, y sembrar en ellos tanto resentimiento, que resulta imposible, luego, gestionar la paz. Es posible que, si la destrucción en Gaza va a más, sea inviable crear allí un gobierno con alguna clase de autoridad. A Israel no le interesa tampoco que Líbano se convierta en un estado fallido e ingobernable. Irán sigue siendo un gran adversario, pero ha demostrado que su capacidad es, por el momento, más limitada de lo que alardea. Lo último que necesita el mundo ahora mismo es una guerra regional, que es lo que puede estallar en caso de que Israel se exceda en su respuesta.

Si Israel sigue cosechando lo que considera victorias, aunque en ocasiones sea mediante métodos intolerables, podría llegar a perder. Los generales lo saben bien. Tras el triunfo, la ausencia de objetivos militares concretos les genera ansiedad. Y los ejércitos han demostrado recientemente que no saben gestionar la paz. Israel debe dejarlo aquí. Ha conseguido una victoria suficiente.

¿Qué debe hacer un país cuando ha cumplido los objetivos militares que se proponía? Una respuesta fácil es: "celebrar la victoria". Sin embargo, la realidad es más compleja.

Israel
El redactor recomienda