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Hacia un mundo dividido y feroz
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Francisco Pleite Guadamillas

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Hacia un mundo dividido y feroz

Es imprescindible que Europa sea fuerte, pero, sin perder nuestros valores, no podemos llegar a convertirnos en aquello que combatimos

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE/EPA/Pool/Bonnie Cash)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE/EPA/Pool/Bonnie Cash)

Desde la toma de posesión de Trump se ha producido un terremoto en la política internacional. Se abre la puerta a lo desconocido. Las predicciones sobre lo que puede suceder según el pasado no son aplicables al presente, estamos ante una nueva era, se afirma por los analistas internacionales.

En su toma de posesión, Trump, en un discurso lleno de resentimiento, victimismo y amenazas, anunciaba el comienzo de una nueva era para su nación y para el mundo. Proclamaba: "América reclamará su legítimo lugar como la nación más grande, más poderosa y más respetada de la Tierra, inspirando el asombro y la admiración del mundo entero. Seremos una nación como ninguna otra, llena de compasión, coraje y excepcionalismo. El legado del que me sentiré más orgulloso será el de ser un pacificador y unificador."

Ese deseo pacificador y unificador parece que no va por buen camino, véase cómo evoluciona la guerra en Gaza y en Ucrania, en especial el último ataque despiadado en la localidad Sumy el pasado Domingo de Ramos. Respecto a la grandeza de la nación mejor no comentar y dejarlo a los estadounidenses a la finalización de su mandato.

La caída del muro de Berlín fue un hito histórico, hasta entonces los dos bloques se sostenían, ahora EEUU y Rusia hacen la pinza a Europa, que dubitativa se despereza de 80 años de paz y prosperidad. Trump presiona a Europa con aranceles y exigiendo el aumento del gasto en defensa, que por cierto fortalecería la economía americana al comprar armamento los países europeos. Rusia por el este es una amenaza real. Trump y su técnica negociadora insufla aliento a Rusia y se tira por tierra estos años de sacrificio del pueblo ucraniano. Ucrania se convierte en un botín de guerra que se quieren repartir. China mira a Taiwán, EEUU a Groenlandia. Una nueva Yalta se atisba en el horizonte. Regresamos al darwinismo en las relaciones internacionales. No existe diferencia entre naciones que respetan los derechos humanos y las que no, es indiferente que sean dictaduras y democracias, solo existen naciones fuertes y débiles, socios y enemigos. Las reglas internacionales no se respetan. El mundo se ha vuelto más salvaje. Los años de paz en Europa peligran. Retrocedemos 80 años a la política no intervencionista de EEU anterior a la Segunda Guerra Mundial. Occidente se parte, como se partió el telón de acero.

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Recordando la frase recurrente de Antonio Gramsci cuando: "El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos". ¿Estaremos atravesando esa fase de la historia? ¿Está naciendo un nuevo mundo o volvemos al mundo que teníamos olvidado?

No, no estamos ante un nuevo mundo, sino ante el renacer del viejo. Resistencia y miedo ante la pérdida de poder por la globalización y los avances tecnológicos. El nuevo mundo vendrá de la mano del desarrollo la inteligencia artificial. Mientras llega estamos ante una voladura de las relaciones internacionales, ante una nueva forma de liderazgo político en el que predomina el narcisismo, líderes sin valores cuyo único objetivo es la detentación del poder, que ven en los otros el origen de todos los males. Ante el surgimiento de un país que históricamente estuvo aislado por voluntad propia y ahora sale al mundo a expandirse, China. Se opone otra nación que se rebela contra esta, que cree encontrar en el aislamiento la solución y que quiere dirigir todo su esfuerzo ante el nuevo rival. EEUU quiere caminar ligero y suelta lastre en Europa. ¿Será la guerra comercial el preludio de una confrontación bélica?

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La visión del mundo de un europeo no es la misma que un ruso, ni un estadounidense, pareceríamos que el mundo occidental convergía, que las sociedades se acercan en valores y calidad de vida, sin embargo, estamos comprobando que se alejan, que se está produciendo una profunda falla, el océano Atlántico se está haciendo inmenso y la llanura rusa parece tan próxima y tan lejana. En medio, los europeos, tratamos de ponernos de acuerdo. En la sombra, la amenaza de China, que con sus tentáculos va extendiendo su poder sin llegar a asfixiar, nos conduce a una entrega dulce e imperceptible.

A Trump le pondrán en su lugar, no solo la historia, lo que no es mucho consuelo en estos momentos, sino los propios americanos. No podemos ver EEUU con ojos europeos, pero a la alianza con Rusia y el desprecio a Europa pasarán factura. Su política se volverá contra sí mismo y contra los EEUU. La democracia resistirá. A China será más complicado hacerle frente hasta que no se la defina como lo que en realidad es, una dictadura expansionista, y no se mire para otro lado ante falta de respeto de los derechos humanos y se siga considerando como un socio fiable, cuando es el que a la vez sostiene y apoya dictaduras. El mundo se ha vuelto más inseguro, se ha despertado el instinto depredador entre las naciones, estas se rearman, vuelven a sonar agravios entre los pueblos, a enarbolarse banderas, se propone una quimérica grandeza de la nación, la mentira y la propaganda se ciernen sobre la verdad, como en el pasado siglo.

Solo queda confiar en los pueblos y en su fuerza. En la capacidad de resistencia. En el triunfo de la libertad y en la vuelta a los valores. En este escenario es imprescindible que Europa sea fuerte, pero sin perder nuestros valores, no podemos llegar a convertirnos en aquello que combatimos, pues nuestra existencia no tendrá sentido como la de los otros, entonces triunfaría el nihilismo y sí estaríamos ante un nuevo mundo, en ese tiempo en el que los monstruos se vuelven reales.

*Francisco Pleite Guadamillas, magistrado y doctor en Derecho.

Desde la toma de posesión de Trump se ha producido un terremoto en la política internacional. Se abre la puerta a lo desconocido. Las predicciones sobre lo que puede suceder según el pasado no son aplicables al presente, estamos ante una nueva era, se afirma por los analistas internacionales.

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