Recuperar 20 años perdidos resulta imposible, pero si no aprovechamos esta crisis para dotarnos de una estructura de Estado federal europeo y de una voz única, no tendremos otra salida que continuar siendo lo que somos: una colonia de EEUU
Un modelo en miniatura impreso en 3D del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el dibujo de la bandera de la Unión Europea con la palabra "aranceles". (Reuters/Dado Ruvic)
Hace casi sesenta años el francés Jean-Jacques Servan-Schreiber publicó con este mismo título un libro de enorme éxito editorial cuyos peores pronósticos paraEuropa se están cumpliendo de modo implacable.
Sin una autoridad ejecutiva europea robusta y sin un "mínimo federal", Europa se acabaría convirtiendo en una colonia de los EEUU.
Hoy, el informe de Enrico Letta, elaborado a petición de la máxima autoridad de la Unión Europea, cuando exige una "soberanía europea" frente a la entorpecedora soberanía de los estados nacionales, viene a darle la razón y, ante la actual situación, pone todo el dramatismo de su demanda bajo el título "Europa: la última oportunidad".
El Mercado Común Europeo originariamente unía tan solo a seis países -los tres del Benelux, Alemania, Francia e Italia-, que iniciaron la andadura hacia un futuro de paz, amistad y crecimiento conjunto, abierto a la incorporación paulatina del resto de los estados europeos. Hoy ya somos 27 y la incorporación de Rumanía y Bulgaria difícilmente compensa la defección de Gran Bretaña.
Hemos crecido mucho, (quizá demasiado) en cantidad, pero no en calidad.
La ausencia de una Política Energética Europea, con interconexión completa de redes permite hablar de la "isla energética ibérica", lo que no es bueno como se ha comprobado recientemente con el "apagón", porque Francia, para proteger sus excedentes nucleares, siempre ha entorpecido el paso de nuestros gasoductos -somos el primer centro de gas natural de Europa con 7 regasificadoras- a través de los Pirineos, con la consecuencia de que al centro de Europa no llegue el gas español sino el ruso.
Seguimos necesitando una política financiera, fiscal y bancaria realmente europea, con un Fondo Europeo de Garantía de Depósitos y un Tesoro Europeo. No basta con el Banco Central Europeo encargado de los equilibrios monetarios.
La base inicial de tal proyecto era la unión económica, pero la finalidad última debía trascender hasta conseguir la unidad política de los estados europeos, siguiendo el impulso de su inspirador Robert Schuman, cuando afirmaba que la Unión Europea se iría consiguiendo en las situaciones comunes de crisis ante la necesidad de aunar esfuerzos frente a la adversidad.
En estos diez sexenios crisis no han faltado, y la necesidad de robustecer nuestra unión ha venido ratificada por recientes sucesos epidemiológicos y militares.
Si aceptamos como inevitables actuaciones diplomáticas en las que cada presidente va por su cuenta a Moscú, Pekín o Washington para hablar de Europa, sin ser desautorizados por Bruselas, no se puede hablar de la Unión Europea sin esbozar una sonrisa. Hoy el mundo pivota entre dos bloques: los EEUU y China. Europa se está quedando fuera del escenario y su papel pronto lo acabará ocupando India.
Curiosamente, nuestra prensa y nuestros expertos dictan constantemente a Donald Trump lo que debe hacer y no hace, y elogian la prudencia y discreción deXi Jinping y lo pronto que arrebatará a USA el cetro del liderazgo mundial.
Nadie habla de qué papel ocupa Europa en el actual escenario. Solamente preocupa la amenaza rusa por el norte, no la amenaza africana e islámica por el sur. El gasto en armas o en el Estado de Bienestar. Se habla constantemente del peligro del auge de la derecha extrema y de la extrema derecha en todo el mundo, pero no del peligro del ocaso de la izquierda extrema, de la extrema izquierda y de la socialdemocracia también a nivel mundial.
Sin embargo, en este ambiente tan enrarecido, de vez en cuando se alza la voz de la razón. Hace cuatro días, el experto financieroJuan Mª Nin afirmaba : "En un mundo de bloques, tenemos la obligación de terminar de construir el bloque europeo. Eso pasa inevitablemente por una verdadera unión política…. hay que avanzar en términos de soberanía…". Del mismo modo que el intento de crear un ejército europeo sin que exista previamente un Estado Europeo encierra el sarcasmo de que la Europa liberal, sofisticada y pacifista necesite, para alcanzar su unidad política, que la iniciativa parta de la mano de la unidad militar.
Eso es ni más ni menos lo que intentaron Napoleón y el Káiser Guillermo II, con los resultados conocidos. Y resulta extraño que una persona tan inteligente como Josep Borrell afirmara hace unos días en Yuste que "Europa no sobrevivirá si sigue siendo un archipiélago de políticas fiscales y diferentes ejércitos", pues aunque se debe estar de acuerdo en el fondo de lo que afirma, llega tarde su afirmación y es incompleta, pues ni lo fiscal ni lo militar es lo primero que hay que resolver, sino la arquitectura institucional que se detuvo en 2005 por el error de someter a referéndum la Constitución europea y su fracaso en Francia y Holanda.
Recuperar esos 20 años perdidos resulta imposible, pero, como dicen Draghi y muy explícitamente Letta, si no aprovechamos esta crisis para dotarnos de una estructura de Estado federal europeo y de una voz única que nos represente a todos, no tendremos otra salida que continuar siendo lo que ya somos: una colonia de los EEUU. O…… pasar a serlo de China.
*Antonio Hernández Mancha, presidente de Alianza Popular entre 1987 y 1989.
Hace casi sesenta años el francés Jean-Jacques Servan-Schreiber publicó con este mismo título un libro de enorme éxito editorial cuyos peores pronósticos paraEuropa se están cumpliendo de modo implacable.