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El islam en España: aún estamos a tiempo de sortear los tropiezos de países vecinos
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Ignacio Cembrero

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El islam en España: aún estamos a tiempo de sortear los tropiezos de países vecinos

Desde el marco jurídico hasta el carácter aconfesional, y no laico, del Estado pasando por los ejemplos de Ceuta y Melilla, España puede sortear con éxito el reto de integrar a los más de 2M de musulmanes que acoge, la mitad de ellos españoles

Foto: Miembros de la comunidad islámica de Jumilla. (EFE/Marcial Guillén)
Miembros de la comunidad islámica de Jumilla. (EFE/Marcial Guillén)
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Cuando Vox denuncia los supuestos peligros de la inmigración se refiere ante todo a los musulmanes, no a los latinos ni a los rumanos, empezando por los magrebíes. Es a ellos a los que en Jumilla (Murcia) se intenta prohibir que recen, con motivo de sus grandes fiestas, en dependencias municipales o a los que se empuja a abrir mezquitas en hangares del polígono alejados del centro de las ciudades.

La ultraderecha española ruge, como en el resto de Europa, contra la presunta islamización del país. España está, sin embargo, en mejores condiciones de absorber sin traumas a esa inmigración musulmana. Lo ha demostrado hasta ahora y, si los poderes públicos son hábiles, podrá seguir haciéndolo.

Un continente envejecido como Europa necesita mano de obra joven y en su entorno más cercano, África y Oriente Próximo, hay millones de muchachos, en su mayoría musulmanes, con ganas de trabajar para vivir dignamente y quizás también enviar remesas a casa. Por eso, con más o menos trabas, la inmigración de árabes y africanos seguirá creciendo aunque es probable que en España los latinos sigan siendo en conjunto más numerosos que los marroquíes.

Siete son al menos las razones por las que España puede absorber mejor que otros a la inmigración musulmana.
1. Es menos numerosa que en otros muchos países europeos. En Francia y Suecia rebasan el 8% de la población, según diversas estimaciones. En los Países Bajos y en Bélgica son más del 7%. Concretamente en Bruselas superan ya el 25%, pero en la capital de Europa un tercio de los jóvenes son de tradición musulmana. En todas partes la tendencia está al auge.

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En España el Observatorio Andalusí calcula que los musulmanes son 2,54 millones es decir el 5,2% de la población. En algunas provincias como Girona alcanzarían al 13,3% (107.000 empadronados) y en Almería, récord de España, serían el 18,5% (141.000 empadronados). Solo Ceuta y Melilla están por encima. Varios demógrafos independientes consideran, sin embargo, que las estimaciones del Observatorio Andalusí muestran una tendencia, pero son algo exageradas. Los musulmanes apenas rebasarían el 4%.

2. Menos población significa menos guetos que perjudican la integración por múltiples razones. El gueto hace, por ejemplo, que se reduzca el contacto con un entorno no islámico o que la chica no se atreva a quitarse el hiyab (pañuelo islámico) porque el vecino o el tendero amigo de su padre la verá en la calle sin esa prenda. En España hay guetos, sobre todo en Cataluña, donde residen 694.000 musulmanes, según el Observatorio Andalusi, y en menor medida en algunos lugares de Andalucía y Murcia.

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3. Un marco jurídico que ha funcionado satisfactoriamente desde hace 33 años. Fue en 1992 cuando el Estado suscribió los llamados Acuerdos de Cooperación que rigen la relación con las tres confesiones de "notorio arraigo", incluidos los musulmanes representados por la Comisión Islámica de España. Los Acuerdos tienen rango de ley. Incluyen numerosos derechos colectivos e individuales.
Pese a todo, la convivencia con los musulmanes está salpicada de pequeños problemas que no revisten gravedad. En las noches de Ramadán de Can Anglada (Terrassa) los vecinos de catalanes del barrio se quejan, por ejemplo, del alboroto en la calle en fin de semana o en el Instituto Rafael Campalans de Anglès (Girona) un padre pide que su hija quede eximida de hacer gimnasia en pantalón corto. Las dificultades de convivencia no suelen ir más allá y se resuelven fácilmente.

4. España no es un país laico sino aconfesional, como recalca su Constitución. No es como Francia, adalid del laicismo, que ha desarrollado una política asimilacionista de sus inmigrantes intentando convertirles a los valores de la República provocando, a veces, un rechazo. Aquí, en España, costaleros, clero y autoridades civiles y militares se mezclan en una procesión, algo inimaginable en buen número de países europeos. En Ceuta también se reunieron, el año pasado, imanes y autoridades en la mezquita Muley el Mehdi con motivo de un homenaje a las Fuerzas Regulares Indígenas en su 110 aniversario. Llegará el día en que hagan otro tanto con regularidad en la Península.

5. España tiene una ciudad, Melilla, en la que una corta mayoría de la población es ya de tradición musulmana y otra, Ceuta, en la que sucederá lo mismo en pocos años. Ambas cuentan además con pequeñas minorías judías de unas mil personas en Melilla y 300 en Ceuta. A grandes rasgos la convivencia funciona hasta el punto de que en Melilla han llegado a rezar juntos por la paz, la última vez a finales de 2023, sacerdotes, imanes y rabinos. Constituyen un modelo exportable a la Península y a Europa.

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6. España apenas tiene un pasado colonial en el mundo islámico. El Reino Unido y Francia sí lo tienen. En este último país hay cerca de 900.000 argelinos, son el colectivo de inmigrantes más numerosos, a los que hay añadir varios cientos de miles que han adquirido la nacionalidad francesa. La tensa relación entre París y Argel, en la que siempre subyace la cruenta guerra de independencia argelina (1956-1962), repercute negativamente sobre la inmigración originaria de Argelia.

7. Con la erradicación del Estado islámico en Siria e Irak el riesgo yihadista ha decaído en Europa. Aún así España es ahora el país de la UE en el que se desarrollan más operaciones antiterroristas por delante Francia, Bélgica y Alemania. La hiperactividad de sus fuerzas de seguridad inspira confianza aunque un buen número de detenidos son finalmente puestos en libertad por los jueces que consideran que no hay indicios suficientes para procesarles o condenarles.

Si el punto de partida es bueno, la integración de los musulmanes puede ser mejorado. He aquí algunas pautas a vuelapluma.

Foto: el-gobierno-esgrime-que-el-73-de-los-delitos-son-de-espanoles-en-plena-cruzada-de-vox-contra-la-inmigracion

A. Cumplir plenamente el Acuerdo de Cooperación con la Comisión Islámica de España lo que significa dar en la escuela pública clases de religión a los alumnos musulmanes cuyos padres lo soliciten. No se imparten en cuatro comunidades autónomas y la oferta es muy insuficiente en otras muchas. En Cataluña, por ejemplo, hay 5 profesores para 104.000 alumnos musulmanes, según el Observatorio Andalusí. El déficit de imanes que atienden a presos en las cárceles es aún mayor.

Poder estudiar la religión no sólo es un derecho, es prevención de la radicalización. En las escuelas se dan clases de un islam reglado que no siempre coincide con el que trasladan los imanes a los adolescentes los fines de semana en la mezquita o con el que los jóvenes descubren en las redes sociales. Aprender la religión no es implementar, como lo han hecho doce comunidades autónomas, el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí que trata ante todo de mantener el vínculo del joven inmigrante con una potencia irredentista como Marruecos.

B. Impulsar que los musulmanes cuenten con un auténtico órgano de representación ante los poderes públicos, un papel que no cumple la Comisión Islámica de España (CIE). Ayman Adlbi, su presidente, está imputado desde 2021 por financiación del terrorismo. El choque permanente entre las dos principales corrientes que la integran se ha agudizado tras los sucesos de Jumilla.

"Poder estudiar la religión no sólo es un derecho, es prevención de la radicalización"

l Ministerio de Justicia y el CNI han maniobrado con éxito, a lo largo de los años, para que la CIE sea irrelevante y no plantee reivindicaciones. Contar con un órgano con el que se identifiquen buena parte de los musulmanes y que recoja sus aspiraciones al tiempo que propaga un discurso moderado podría facilitar su integración. El Estado español necesita además un interlocutor con los musulmanes como lo tiene con las demás confesiones religiosas.

C. Intentar que los musulmanes no se sientan marginados en la sociedad española. Es una tarea que corresponde sobre todo a las comunidades y, más aún, a los ayuntamientos. Las trabas administrativas son múltiples para abrir mezquitas, incluso en el polígono, o para disponer de locales públicos para celebrar sus dos grandes fiestas religiosas. De ahí la multiplicación de oratorios no declarados en garajes.

D. Intentar fomentar un islam español o europeo con, por ejemplo, estudios teológicos propios. En islam que se práctica en España debe de estar plenamente en sintonía con los valores de la sociedad española. Para ello hay que evitar a toda costa las interferencias extranjeras como las de Arabia Saudí o Qatar, hoy en día en declive, e incluso la de Marruecos, pese a la reputación de moderación de su islam malekita.

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Desde 2015 hasta finales del año pasado he tenido múltiples oportunidades de hablar con jóvenes musulmanes de origen marroquí, menores no acompañados en Ceuta, integrantes de un gran campamento rural en Toledo estudiantes en universidades españolas y mecánicos de algún taller o mujeres contratadas en la hostelería.

Sus reflexiones son bastante parecidas. Aspiran a trabajar y a abrirse camino. Los que llevan años aquí o nacieron en España consideran que este país es el suyo -no Marruecos- aunque no se sienten plenamente integrados en la sociedad. "Cuando practicamos el Ramadán o no celebramos la Navidad nos miran raro", me dijeron. "Incluso cuando voy de vacaciones con mi familia a la Costa Blanca nos sentimos observados por nuestros vecinos", recordaba un mecánico marroquí. Un poco de pedagogía con algunos españoles cargados de prejuicios no vendría mal tampoco para que esos jóvenes no se sientan distintos en el que es ya su país.

Cuando Vox denuncia los supuestos peligros de la inmigración se refiere ante todo a los musulmanes, no a los latinos ni a los rumanos, empezando por los magrebíes. Es a ellos a los que en Jumilla (Murcia) se intenta prohibir que recen, con motivo de sus grandes fiestas, en dependencias municipales o a los que se empuja a abrir mezquitas en hangares del polígono alejados del centro de las ciudades.

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