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El Gobierno francés se irá si no tiene presupuesto. Aquí es diferente
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Ramón González Férriz

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El Gobierno francés se irá si no tiene presupuesto. Aquí es diferente

El primer ministro ha puesto su cargo en manos de la Asamblea por un presupuesto impopular. La norma en Europa es que el Gobierno caiga si no logra actualizarlo. En España llevamos dos años con uno prorrogado y el de 2026 es improbable

Foto: El primer ministro de Francia, François Bayrou, y el presidente francés, Emmanuel Macron. (AFP/Gaizka Iroz)
El primer ministro de Francia, François Bayrou, y el presidente francés, Emmanuel Macron. (AFP/Gaizka Iroz)
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François Bayrou, el primer ministro de Francia, es un veterano centrista con una obsesión: reducir la crónica dependencia de la deuda pública que tiene su país. En este momento, esta es del 114% del PIB, la tercera más alta de la UE tras Grecia e Italia. Para moderar esa adicción, ha propuesto un presupuesto bastante restrictivo para 2026, que implica el ahorro de 44.000 millones de euros. La medida que más ha irritado a los franceses, sin embargo, es la de eliminar dos días festivos.

El presupuesto no saldrá adelante: la izquierda radical cree que, en realidad, la deuda no es un problema; la derecha radical no quiere aprobar nada que dañe su ascenso hacia la presidencia. De modo que Bayrou ha hecho lo lógico: el lunes pidió someterse a una moción de confianza el 8 de septiembre. Si, como es probable, no la supera, Emmanuel Macron tendrá que escoger a un nuevo primer ministro. Sería el quinto en apenas dos años.

Eso sería una muestra más de la inestabilidad de la política francesa actual. La Asamblea Nacional está dividida en tres bloques —izquierda, centro-derecha, derecha radical— incapaces de llegar a acuerdos, y cunde la sensación de que la legislación está paralizada. Tras el anuncio de Bayrou de que se someterá a la moción, subió la prima de riesgo, la bolsa se desplomó y los medios se llevaron las manos a la cabeza ante lo que parece un nuevo periodo de incertidumbre.

Sin embargo, esta nueva crisis es también la muestra de otra cosa: la seriedad con que los Gobiernos franceses aún se toman los presupuestos. Hay que escoger, dijo Bayrou en su anuncio, entre "el caos" y "la responsabilidad".

¿Y en España?

Lo cual contrasta con nuestro caso. El Gobierno de España opera con unos presupuestos que no solo son de otro año —2023—, sino de otra legislatura. El año pasado ni siquiera se molestó en presentar su proyecto al Congreso, lo que fue una evidente transgresión de la Constitución. En julio, Pedro Sánchez afirmó que sí presentaría los de 2026. Pero en la comparecencia de anteayer tras el Consejo de Ministros, la portavoz Pilar Alegría utilizó un lenguaje voluntarista y pueril para referirse a su negociación. No apeló, como Bayrou, a palabras trascendentes como "caos" y "responsabilidad". Solo dijo que, ante las pocas posibilidades de que haya una mayoría suficiente para sacar adelante las cuentas, "vamos a ir partido a partido, pantalla a pantalla".

Durante los dos últimos años, los socialistas han perfeccionado los argumentos que defienden que se puede vivir perfectamente sin presupuestos. Han afirmado que, al seguir recibiendo fondos europeos, no son necesarias nuevas cuentas. Con un crecimiento sostenido, han dicho también, los presupuestos son relativamente poco importantes. Han afirmado que para aumentar el gasto en defensa no es necesario un nuevo presupuesto, solo recuperar dinero no utilizado de otras partidas. Y luego está el argumento preferido del PSOE: afirmar que, por malo que sea lo que él hace, ya lo hizo antes el PP.

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Tras tanto tiempo repitiendo este argumentario, la izquierda ha llegado a creérselo. Los más fanáticos dicen que lo único importante es que el Gobierno no caiga, porque llegaría la ultraderecha. Los que prefieren argumentos más técnicos repiten una idea un poco más sólida: al final, España gasta sobre todo en pensiones, sanidad, educación y deuda; las demás partidas son meros ajustes marginales que apenas tienen impacto en la economía. Se crea sus argumentos o no, el mensaje del Gobierno es siempre el mismo: no hay ningún motivo que justifique que este Gobierno pueda caer.

La asunción de las responsabilidades

La política europea no pasa ni mucho menos por su mejor momento. Pero en casi todos los países los Gobiernos asumen la responsabilidad cuando no consiguen que se aprueben sus presupuestos o sus grandes medidas económicas. Bayrou está dispuesto a renunciar al cargo si no consigue aprobar una ley que considera crucial para su país. Pero, ya antes, durante la negociación de los presupuestos de este año, el ex canciller alemán Olaf Scholz echó al ministro de Finanzas de su coalición por discrepancias ideológicas, se sometió a una moción de confianza a sabiendas de que la perdería y convocó elecciones anticipadas, también sabiendo que las perdería. Antes, los tories británicos echaron a su propia primera ministra, Liz Truss, porque esta presentó un presupuesto temporal que incluso los suyos consideraron contraproducente y temerario. Mario Draghi renunció al cargo de primer ministro italiano porque uno de los partidos de su coalición se negó a apoyar un paquete de medidas económicas.

Incluso en un momento de inestabilidad política y ascenso de los radicalismos, los grandes partidos de Europa, y los líderes más sólidos, siguen pensando que el presupuesto encapsula su programa político y asumen responsabilidades cuando no logran que salga adelante. El Gobierno de Sánchez no lo cree así: todo es posible sin presupuestos, en especial su propia supervivencia.

François Bayrou, el primer ministro de Francia, es un veterano centrista con una obsesión: reducir la crónica dependencia de la deuda pública que tiene su país. En este momento, esta es del 114% del PIB, la tercera más alta de la UE tras Grecia e Italia. Para moderar esa adicción, ha propuesto un presupuesto bastante restrictivo para 2026, que implica el ahorro de 44.000 millones de euros. La medida que más ha irritado a los franceses, sin embargo, es la de eliminar dos días festivos.

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