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El mundo gira a la derecha. ¿Tiene la izquierda ideas para frenarlo?
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Ramón González Férriz

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El mundo gira a la derecha. ¿Tiene la izquierda ideas para frenarlo?

Algunos de los políticos progresistas más importantes del momento se reunieron el viernes pasado en Londres. La mayoría de ellos están empezando a virar la ideología socialdemócrata. No es el caso de Sánchez

Foto: Keir Starmer. (Reuters)
Keir Starmer. (Reuters)
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El mundo se está derechizando a una velocidad que tiene pocos precedentes. Las encuestas señalan que, si mañana hubiera elecciones nacionales en todos los países de Europa, el partido más votado en España, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Austria, Portugal, Países Bajos, Polonia, Hungría y la República Checa, entre otros, sería de derechas. De hecho, en varios de esos países, no solo el primer partido, sino también el segundo, sería de derechas. Solo dos países grandes de Europa están gobernados por la izquierda: Reino Unido y España.

La sesión de este año del Global Progress Action, la gran cumbre progresista celebrada en Londres el viernes pasado, estaba dedicada a esta cuestión: ¿por qué se está produciendo un declive tan rápido de la izquierda y qué podría hacer está para revertirlo?

Al acto acudieron algunos de los más importantes políticos progresistas del mundo. Y aunque varios de estos líderes son muy inteligentes y elocuentes, y que la idea era transmitir optimismo y confianza, el resultado fue un poco deprimente. Por dos razones. La primera es que, aunque la organización les exigía "imaginación política", cuando los líderes de izquierdas defienden sus valores más consolidados y razonables, parecen insoportablemente aburridos. En segundo lugar, porque solo consiguen llamar la atención cuando copian el discurso de la derecha sobre la inmigración.

No basta con los "hechos"

Empecemos por los valores tradicionales de la socialdemocracia. Casi todos los líderes insistieron en la defensa del multilateralismo y las viejas instituciones internacionales. Pedro Sánchez habló de grandes valores con un lenguaje que, sospecho, a la sociedad le suena cada vez más distante: "crecimiento económico con justicia social", "solidaridad", "reciprocidad". Pete Buttigieg, posible candidato demócrata a las elecciones estadounidenses de 2028, es un orador mucho más inspirador, y pidió al progresismo moderado que no se presentara como un mero reparador de las instituciones que destroza la derecha radical liderada por Donald Trump: dijo que el progresismo debe significar propulsión, no parálisis. Es la clase de lemas que motivan a los ya convencidos, pero que dudo que atraigan a los ajenos.

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La intervención en una mesa secundaria de Diego Rubio, el jefe de gabinete de Sánchez, tuvo también ese mismo rasgo. Afirmó que las economías ricas viven una crisis demográfica y necesitan a los inmigrantes para seguir creciendo económicamente, lo cual es muy cierto. Y utilizó un recurso que últimamente domina los eventos progresistas y centristas en los que estos se lamentan de sus derrotas: se refirió a los estudios académicos para recalcar que la postura socialdemócrata sobre la inmigración está basada en la ciencia. Keir Starmer, el primer ministro británico, aludió a algo parecido en su discurso: los políticos progresistas, dijo, deben enfrentarse a las "mentiras" que utilizan los populistas de derechas, y deben hacerlo blandiendo los hechos.

Sin embargo, más allá de que el Gobierno de Sánchez y Rubio utiliza las mentiras con gran liberalidad, la apelación a los "hechos" parece a estas alturas un recurso inútil. Para consternación de quienes tenemos una mentalidad empírica, los datos no sirven para dominar el relato y las urnas. Para eso hacen falta historias convincentes —emocionales, impactantes, transformadoras— que, como se vio en este acto, la izquierda global ya no sabe elaborar de manera convincente. Y que la derecha radical domina como nadie.

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De ahí el contraste con las partes novedosas del discurso socialdemócrata que se oyeron en Londres. Starmer denunció que los políticos progresistas suelen ser demasiado quisquillosos a la hora de denunciar la inmigración irregular y que él será implacable contra ella. Anunció que, para evitar que los solicitantes de asilo y los sin papeles trabajen de manera irregular, creará una especie de DNI digital imprescindible para ser activo laboralmente. "A mucha gente le ha resultado demasiado fácil venir aquí, introducirse en la economía irregular y quedarse ilegalmente", dijo. Con su tono tecnocrático, dijo que los socialdemócratas han llevado a cabo una "política puritana", que se han mostrado "condescendientes con la gente" y que "han rehuido cosas que son simplemente verdad". En la misma línea va, por ejemplo, Mette Frederiksen, la primera ministra danesa.

¿Servirá de algo?

No creo que este discurso de la izquierda sirva para que remonte la increíble paliza que le está dando la derecha. Pero al menos transmite que la parte más inteligente está escuchando a la sociedad y que tiene ganas de representar sus opiniones mayoritarias. En ese sentido, los discursos de Sánchez y su jefe de gabinete incurrían en lo que la propia organización quería denunciar: la tendencia de la socialdemocracia a "aferrarse a viejas [ideas] y defender un statu quo en el que la gente ha perdido la confianza".

Hace poco, le comenté a un sólido socialdemócrata que, aunque yo personalmente era renuente, me parecía inevitable que la izquierda fuera adoptando ideas de la derecha con respecto a la inmigración si quería seguir teniendo posibilidades de triunfo. "¿Para qué serviría una izquierda que lo copia todo a la derecha?", me dijo. Bueno: para intentar no convertirse en una fuerza residual en Occidente, pensé. Aunque su declive es tal que me temo que ni siquiera eso le sirva por el momento.

El mundo se está derechizando a una velocidad que tiene pocos precedentes. Las encuestas señalan que, si mañana hubiera elecciones nacionales en todos los países de Europa, el partido más votado en España, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Austria, Portugal, Países Bajos, Polonia, Hungría y la República Checa, entre otros, sería de derechas. De hecho, en varios de esos países, no solo el primer partido, sino también el segundo, sería de derechas. Solo dos países grandes de Europa están gobernados por la izquierda: Reino Unido y España.

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