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Tres años de Meloni: Italia es el país más estable de Europa
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Ramón González Férriz

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Tres años de Meloni: Italia es el país más estable de Europa

Meloni ha sido una radical la mayor parte de su vida, pero ha gobernado estos tres años casi como una derechista clásica. Ha dado a su país una estabilidad inédita cuando los Gobiernos de Alemania, España, Francia y Reino Unido son caóticos

Foto: La primera ministra italiana, Giorgia Meloni. (Reuters/Remo Casilli)
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni. (Reuters/Remo Casilli)
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La política europea se ha convertido en una trituradora. En las elecciones británicas de 2024, Keir Starmer arrasó. Acabó con catorce años de gobierno conservador, obtuvo una inmensa mayoría absoluta y prometió desplegar un programa moderado e ilusionante. Hoy, su gobierno es un caos y su popularidad está por los suelos: solo un 22% de los británicos aprueba su trabajo.

Tras las elecciones de febrero de este año, Friedrich Merz llegó al Gobierno alemán con un mandato claro: sacar al país de la recesión con medidas osadas y reformas estructurales. Dijo que su impacto se notaría ya este verano. Sin embargo, el mundo empresarial se muestra cada vez más impaciente con él, el país crecerá este año un mísero 0,2% y se encuentra ya en el periodo de estancamiento económico más largo de los últimos setenta y cinco años.

En comparación con Starmer y Merz, Emmanuel Macron y Pedro Sánchez son líderes veteranos. Pero después de que durante años se les haya considerado emblemas de la renovación del centrismo y la socialdemocracia, ambos pasan por un momento horrible. El primero ha quemado cinco primeros ministros en tres años, ha tenido que renunciar a algunos de sus planes estrella como la reforma de las pensiones, y es posible que le esté dejando servida la victoria electoral a Marine Le Pen. El segundo está acosado por casos de corrupción de su entorno, no tiene mayoría parlamentaria y su estilo de Gobierno ya consiste sobre todo en una sucesión de trucos comunicativos cuyo impacto muere al cabo de una semana.

Foto: meloni-ha-jugado-a-varias-bandas-con-trump-y-europa-ahora-sus-contradicciones-le-persiguen

El contraste con Georgia Meloni es enorme. Ayer se cumplieron tres años desde que llegó al poder y, desde entonces, Italia es el país grande de Europa más estable políticamente. Resulta llamativo porque, desde la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos italianos han durado de media 13 meses. Y es muy sorprendente para quienes habíamos seguido a Meloni, que se afilió a un partido fascista a los 15 años, nunca ha tenido un trabajo fuera de la política y siempre fue proclive a las exhibiciones de oportunismo y extremismo.

Vieja o nueva derecha

Hoy, sin embargo, Meloni parece otra. En Italia, algunos piensan que se ha convertido en una simple política de derechas tradicional que, por ejemplo, pone trabas al aborto, pero no lo prohíbe, y que promete reformas radicales, pero más bien tiende a mantener el statu quo. Nadie diría que basó buena parte de su carrera en las feroces críticas a la Unión Europea; hoy es una colaboradora relativamente fiel de Ursula von der Leyen y tiene posiciones ortodoxas respecto a conflictos como los de Palestina y Ucrania. Ha sabido, además, mantener unida una coalición con la Liga, tendente a las extravagancias ideológicas, y Forza Italia, convertido en un partido de centroderecha moderado. Este año está previsto que Italia tenga un déficit del 3%, lo que sería una muestra casi inaudita de responsabilidad fiscal.

La izquierda italiana, sin embargo, cree que esa apariencia de ortodoxia es falsa. Muchos progresistas cuentan a los extranjeros que el rostro amable que Meloni muestra en el exterior no se corresponde con la dureza de muchas de sus políticas domésticas. En parte es cierto. Meloni ataca con frecuencia a los jueces y a los periodistas, quiere hacer una gran reforma política que dé al primer ministro poderes presidenciales, ha colonizado los medios públicos y su retórica es, en muchos casos, la del nacionalismo cristiano. Y sus planes contra la inmigración ilegal y los solicitantes de asilo han sido drásticos: como muchos otros países europeos, ha externalizado su gestión a los países africanos, pero además ha intentado crear campos de detención en Albania, aunque los jueces lo han paralizado.

Foto: bruselas-via-meloni-enviar-inmigrantes-fuera-ue

El temor de que Meloni podía llevar Italia en la dirección de la Polonia del PiS o la Hungría de Viktor Orbán no se ha hecho realidad. Pero, al mismo tiempo, está transformando la derecha. Dos de las últimas propuestas de su partido lo demuestran. En primer lugar, algunos de sus diputados han presentado una propuesta para prohibir el nikab y el burka en los espacios públicos y aumentar el escrutinio de la financiación de mezquitas y centros islámicos. En segundo lugar, el Gobierno de Meloni ha anunciado un plan que implica obtener 11.000 millones más en impuestos de bancos y aseguradoras para financiar con ellos bajadas de impuestos para las clases medias y un aumento de algunos apartados del gasto social.

¿Vieja derecha? ¿Nueva derecha? Meloni ha demostrado ser una mezcla de las dos cosas y, por encima de todo, una política infinitamente más hábil de lo que pensábamos muchos. La izquierda hace bien en denunciar excesos que son reales y muestran algunos tics autoritarios que, por lo demás, están presentes hoy en muchos gobiernos europeos. Lo sorprendente es que el de Meloni es hoy mucho más estable, y tiene más perspectivas de durar, que la mayoría de ellos.

La política europea se ha convertido en una trituradora. En las elecciones británicas de 2024, Keir Starmer arrasó. Acabó con catorce años de gobierno conservador, obtuvo una inmensa mayoría absoluta y prometió desplegar un programa moderado e ilusionante. Hoy, su gobierno es un caos y su popularidad está por los suelos: solo un 22% de los británicos aprueba su trabajo.

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