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Ucrania necesita una paz justa, no el circo de Trump
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Ramón González Férriz

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Ucrania necesita una paz justa, no el circo de Trump

El Gobierno de Zelensky afirmó ayer que la reunión con EEUU fue constructiva para alcanzar el fin de la guerra. Pero al presentar las reivindicaciones rusas como si fueran las suyas, Trump ha convertido esta negociación en un caos

Foto: Jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania, Andriy Yermak (i) comparece frente a los medios juntos Marcos Rubio, Secretario de Estado de EEUU. (EFE/Martial Trezzini)
Jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania, Andriy Yermak (i) comparece frente a los medios juntos Marcos Rubio, Secretario de Estado de EEUU. (EFE/Martial Trezzini)
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Ayer, el Secretario de Estado Marco Rubio se reunió en Ginebra con representantes de Ucrania. Su objetivo era impulsar un acuerdo de paz entre los gobiernos de Volodimyr Zelenski y Vladimir Putin. Al parecer, el resultado fue satisfactorio y dará pie a más conversaciones pronto. Ojalá sea así. Pero Donald Trump ha convertido el final de una guerra trágica en uno más de sus caóticos espectáculos.

La propuesta de la que partía el lado estadounidense era una lista de los objetivos de Rusia. De hecho, es posible que la hubiera redactado el gobierno ruso. Establecía que Ucrania debe renunciar a partes de su territorio: no solo a algunas que controla el ejército ruso, sino también a otras que siguen en sus manos. Debe reducir el número de efectivos de su ejército: de 900.000 a un máximo de 600.000. Debe renunciar a integrarse en la OTAN. Y a cambio de ello, tampoco gozará de garantías de seguridad del resto de Occidente.

A cambio de firmar la paz, según el documento original, Rusia se reintegraría en la economía mundial mediante el decaimiento de las sanciones, volvería a formar parte del G8 y firmaría un "acuerdo de cooperación económica a largo plazo" con Estados Unidos. Pero este también saldría ganando. Un asombroso punto del documento establecía que los 100.000 millones de euros de activos rusos congelados en el extranjero se pondrían a disposición de Estados Unidos para que este invirtiera en Ucrania y recibiera luego el 50% de todos los beneficios.

El punto de partida ruso-estadounidense no solo era un insulto a los ucranianos que llevan cuatro años defendiendo la soberanía de su país. Sino abiertamente grotesco. Tanto que, durante el fin de semana, Trump reconoció que estaba abierto a cambiarlo. Y Rubio comunicó a algunos senadores republicanos que en realidad ese documento no era la solución que defendía Estados Unidos. Aunque luego se retractó y dijo que sí lo era. Trump se mueve mejor que nadie en el caos. Es especialista en generar incertidumbre para así disponer de una posición ventajosa en las negociaciones diplomáticas. Pero este fin de semana, esa estrategia se convirtió en un insensible circo. En el mismo momento en el que empezaba la reunión, publicó un post en el que acusaba a Ucrania de ingrata. Y parece guiarse por la idea de que Rusia cumple los compromisos que firma. En realidad, nunca es así y no lo será cuando haya un acuerdo de paz, si es que este llega.

Foto: ucrania-rusia-acuerdo-europa-conflicto-1hms

Sentarse a la mesa

Europa está representada en estas negociaciones por Francia, Alemania y Reino Unido, además de la UE. Muchos les reprochan que sigan cortejando a Trump para evitar en lo posible una de sus frecuentes rabietas. Pero por su propia falta de resolución, Europa es la parte débil de estas negociaciones y no tiene más remedio que asumir que las lidera Estados Unidos. Además, Ucrania, está en un momento de debilidad. Ha estallado un gran caso de corrupción que salpica al entorno de Zelensky, y aunque es lógico que este no convoque unas elecciones en mitad de una guerra, eso daña su legitimidad. Además, su país está falto de soldados. Ucrania también está condenada a seguir el liderazgo de Estados Unidos. Y quizá este sea un buen momento para intentar la paz antes de que todo empeore.

Si Ucrania cree que las negociaciones van bien es porque asume que depende de Estados Unidos y cree que hay espacio para lograr algunos avances que ha propuesto el lado europeo. Estos tampoco son para tirar cohetes, pero deben permitir que Ucrania no renuncie al territorio oriental que aún controla, que pueda contar con garantías de seguridad de Occidente y con un ejército un poco más grande; y que, al menos a medio plazo, pueda ser soberana. Los socios europeos quieren que, dado que Trump considera que la guerra es un asunto de Europa, sea esta quien gestione los activos congelados de Rusia.

Foto: rusia-putin-baltico-china-trump-zelenski-guerra Opinión
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Trump quiere de verdad el fin de la guerra. Por los buenos motivos —es un extraño pero sincero pacifista— y por los malos: envidia el régimen de Vladímir Putin y quiere que Rusia vuelva a ser un actor global legítimo porque cree que eso beneficiaría a Estados Unidos económica y estratégicamente: haría, según este supuesto, que Rusia dejara de acercarse peligrosamente a China.

En los últimos meses, muchos diplomáticos y analistas pensaban que Trump se había dado cuenta de que la única manera de alcanzar la paz era presionar a Rusia y amenazarla con más sanciones; de hecho, Trump llegó a plantearse dar misiles Tomahawk a Ucrania e invitó a Zelensky a luchar en territorio ruso. Pero planteó estas negociaciones como un ultimátum a Ucrania con un punto de partida inaceptable. Quién sabe qué dirá hoy, en qué medida deshará lo que logre su equipo negociador o cuál será su postura mañana. Pero, en todo caso, Ucrania y los europeos deben seguir aguantando y hablando para obtener algunas reivindicaciones básicas. No tienen otro remedio.

Las negociaciones para acabar una guerra son siempre terribles. Siempre contienen elementos dramáticos. Y todos sabemos que Ucrania deberá hacer dolorosas cesiones. Pero no deberían ser un circo gobernado por los cambios de humor de Trump.

Ayer, el Secretario de Estado Marco Rubio se reunió en Ginebra con representantes de Ucrania. Su objetivo era impulsar un acuerdo de paz entre los gobiernos de Volodimyr Zelenski y Vladimir Putin. Al parecer, el resultado fue satisfactorio y dará pie a más conversaciones pronto. Ojalá sea así. Pero Donald Trump ha convertido el final de una guerra trágica en uno más de sus caóticos espectáculos.

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