Es noticia
¿Qué quiere Trump en Venezuela?
  1. Mundo
  2. Tribuna Internacional
Ramón González Férriz

Tribuna Internacional

Por

¿Qué quiere Trump en Venezuela?

Es muy improbable una invasión. Pero Trump quiere mostrar que es duro con el narcotráfico, la inmigración y la izquierda. Y aspira a capturar las mayores reservas de petróleo del mundo y a frenar el avance de China en Latinoamérica

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (EFE/EPA/Yuri Gripas)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (EFE/EPA/Yuri Gripas)
EC EXCLUSIVO

El Gobierno de Estados Unidos ha mandado 15.000 efectivos militares a aguas cercanas a Venezuela. Esa flota, que incluye el más potente portaaviones del mundo y dispone de armas como los misiles Tomahawk, ha atacado a numerosas embarcaciones que ha identificado como narcolanchas y matado a 80 supuestos traficantes. El equipo de Donald Trump ha insistido en que Nicolás Maduro es el jefe del Cártel de los Soles, que ha definido como una organización "narco-terrorista". Trump y Maduro hablaron la semana pasada por teléfono y se ha especulado que el presidente estadounidense le ofreció al venezolano un exilio seguro y el compromiso de no perseguirle penalmente si dimite, deja el país en manos de alguien de su confianza y este convoca elecciones limpias.

Es poco probable que eso suceda. Pero, entonces, ¿impulsará Trump un golpe o, incluso, una invasión? 15.000 soldados son muy pocos para controlar el inmenso territorio venezolano. En cambio, es un número desproporcionado para atacar un puñado de narcolanchas. ¿Qué quiere hacer Trump? Nadie lo sabe. Pero, ¿por qué parece tan empeñado en que pase "algo" en Venezuela, incluido un posible cambio de régimen?

Las esferas de influencia

La política exterior de Donald Trump se basa en una idea hegemónica en el siglo XIX, la de las esferas de influencia. Según esta, toda gran potencia tiene derecho a controlar política, cultural o económicamente los países que están en su entorno, o forman parte de sus intereses estratégicos, sin que las demás potencias se inmiscuyan. En Estados Unidos, esta teoría adoptó el nombre de "doctrina Monroe", según la cual Europa, tras la independencia de las naciones americanas, no tenía ningún derecho a influir en América. Eso se transformó rápidamente en la idea de que solo Estados Unidos tenía derecho a hacerlo. Para Trump, Estados Unidos debe controlar la política de todo el continente americano, hasta el punto de que ha amenazado con anexionarse Groenlandia y Canadá, ha impuesto políticas internas de Panamá, ha influido en elecciones como las de Argentina o de Honduras y, en casos extremos, propone llevar a cabo cambios de régimen.

Trump asume las contrapartidas de este modelo y acepta que las que para él son las otras dos grandes potencias del mundo, Rusia y China, pueden hacer lo mismo en sus propias áreas de influencia. Así, cree que Vladimir Putin tiene derecho a establecer las fronteras que desee en Ucrania, controlar Bielorrusia, intervenir en Georgia o Moldavia o llevar a cabo ataques híbridos en aquellas regiones fronterizas con Europa occidental que considera una amenaza. Del mismo modo, Trump acepta que Xi tiene razones para reclamar Taiwán y hacer lo que quiera con Hong Kong, Nepal o las islas del Mar del Sur. Se trata de una visión imperialista de las relaciones internacionales, basada en la fuerza y los mitos nacionalistas de control territorial.

Foto: venezuela-despliegue-flota-destructores-eeuu

Lo cual nos lleva de vuelta a la obsesión de Trump por Venezuela. Sin duda, esta sufre un régimen dictatorial que no respeta las libertades y es clientelar y corrupto; su proceso de degradación institucional llegó al clímax el pasado verano, cuando se produjo un inmenso fraude electoral. Pero eso no basta para explicar la cantidad de recursos que ha desplegado Trump, un hombre que raramente se mete en líos para defender los derechos humanos. Lo explican otras tres variables: la agenda interior, el petróleo y China.

Trump quiere ser visto como un líder implacable, y Venezuela encaja perfectamente con cuestiones importantes en su agenda interior: la guerra contra las drogas, la lucha contra la inmigración y la denuncia del supuesto carácter antidemocrático de la izquierda. Aunque Venezuela no manda muchas drogas ni muchos inmigrantes a Estados Unidos, un eventual ataque le serviría para demostrar que su Gobierno utiliza la fuerza en el exterior para impulsar sus prioridades en el interior. En segundo lugar, naturalmente, está el petróleo. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo conocidas del mundo, pero su industria produce la mitad de lo que producía antes de la llegada de Maduro al poder y está cerrada a la inversión de la mayor parte de países. Si esa industria se abriera gracias a la llegada de un gobierno distinto, se beneficiarían los inversores estadounidenses y podría conducir a una rebaja del precio global.

Foto: estados-unidos-narcotrafico-venezuela-trump-1hms

Y, en tercer lugar, está China. El deseo de Trump de controlar plenamente Latinoamérica pasa por impedir que China siga aumentando su influencia allí. En los últimos años lo ha hecho por medio de la inversión en la minería y el refinado de tierras raras y minerales, la compra masiva de productos agrícolas como la soja, la exportación de productos como coches eléctricos y una creciente influencia política entre los gobiernos de izquierdas que quieren alejarse de Estados Unidos, como el de Brasil.

El régimen venezolano es abominable y todo demócrata debe desear su caída. Sin embargo, una intervención estadounidense, y la instalación de un gobierno títere, sería la peor manera de hacerlo. Es deseable que Trump ni siquiera lo intente, porque las garantías de éxito son escasas, y un fracaso fortalecería a Maduro y le daría renovadas excusas para aumentar la represión. Es desesperante ver cómo sobrevive una dictadura que ha arruinado a un país. Pero la herramienta para tumbarlo no debería ser una flota estadounidense con Tomahawks.

El Gobierno de Estados Unidos ha mandado 15.000 efectivos militares a aguas cercanas a Venezuela. Esa flota, que incluye el más potente portaaviones del mundo y dispone de armas como los misiles Tomahawk, ha atacado a numerosas embarcaciones que ha identificado como narcolanchas y matado a 80 supuestos traficantes. El equipo de Donald Trump ha insistido en que Nicolás Maduro es el jefe del Cártel de los Soles, que ha definido como una organización "narco-terrorista". Trump y Maduro hablaron la semana pasada por teléfono y se ha especulado que el presidente estadounidense le ofreció al venezolano un exilio seguro y el compromiso de no perseguirle penalmente si dimite, deja el país en manos de alguien de su confianza y este convoca elecciones limpias.

Nicolás Maduro Donald Trump Estados Unidos (EEUU)
El redactor recomienda