Trump ataca a la UE porque sabe que EEUU está en declive
Trump ha plasmado su desdén por la UE en la importante Estrategia de Seguridad Nacional. Se debe a un choque ideológico, pero también a que EEUU cree que podría dominar los países europeos uno a uno, pero no como un bloque
El presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters/Kevin Lamarque)
El viernes pasado, cuando vieron la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, el documento que cada año publica el Gobierno deEstados Unidos para delinear sus mayores retos en política exterior, las élites políticas e intelectuales de la UE se estremecieron. El texto reducía la rivalidad con China a un mero asunto económico, no militar o de hegemonía. No consideraba a Rusia una amenaza. Y dedicaba las palabras más denigratorias a Europa. Decía que esta puede sufrir una "borrado civilizatorio", que sus gobiernos y la UE "socavan la libertad y la soberanía", que imponen la defensa de Ucrania a pesar de que los ciudadanos quieren la paz con Rusia y que pronto muchos países no podrán ser considerados europeos a causa de la inmigración. Y anticipaba que considera parte de su trabajo exterior revertir esta deriva. Las ideas de Trump y su Gobierno sobre la UE eran perfectamente conocidas. Ahora, simplemente, son oficiales. Pero, ¿de dónde salen?
La historia y la realidad
Trump interpreta la historia del siglo XX de una manera que siempre ha existido, de manera larvada, en la derecha estadounidense. Según esta, Estados Unidos salvó a Europa en la Primera y la Segunda Guerra Mundiales con un enorme sacrificio. En lugar de dar las gracias por ello, Europa, y en especial Alemania, decidieron vivir a costa de los americanos. Trump cree que el plan Marshall fue un derroche sin sentido, que la UE se hizo para ir contra América y que la OTAN fue el mecanismo que emplearon los europeos para que Estados Unidos se hiciera cargo de su seguridad. Y no solo eso: en lugar de comprar productos a los americanos, los europeos se dedicaron a vender coches, quesos y destinos vacacionales a estos, generando una balanza comercial salvajemente descompensada. Algo que, para Trump, es la muestra definitiva de deslealtad.
Esa visión de Europa no es solo económica, sino también ideológica. Trump y su vicepresidente J. D. Vance creen que la UE no es democrática. Que ha impuesto el ecologismo, la apertura a la inmigración y la cultura woke a un pueblo que las rechaza y que, de hecho, rechaza la mera existencia de la UE. Que no permite la libertad de expresión y cuyas leyes digitales, restrictivas con las grandes plataformas digitales estadounidenses, son una forma de censura. Trump cree que en el mundo hay tres superpotencias legítimas, Estados Unidos, China y Rusia, y que la UE no puede aspirar a esa categoría porque es un ente artificial. A Trump, por supuesto, también le molestan nuestro esnobismo cultural y nuestros aires de superioridad.
Esta visión de Europa contiene unas cuantas verdades, varias mentiras y muchas afirmaciones que operan en el espacio preferido de Trump: el intermedio entre la verdad y la mentira. Sí, Europa es muy culpable de haber desatendido su seguridad durante décadas. Sí, Alemania ha mantenido políticas mercantilistas muy agresivas. Pero Estados Unidos siempre aceptó de buen grado la situación a cambio de la supremacía del dólar, la dependencia tecnológica del continente y su absoluta americanización cultural, la expresión de soft power más grande que ha conocido la modernidad. Lo woke fue un invento estadounidense. Puede que Europa haya calculado mal el número de inmigrantes que podía asimilar, pero el porcentaje de población nacida en el extranjero es más alto en Estados Unidos que en la UE. Sin duda, la UE se equivocó en la hiperregulación de la transición energética, pero Estados Unidos también. Y la Comisión Europea tiene enormes déficits democráticos, pero en todos los países miembrosel porcentaje de personas partidarias de que su país siga formando parte de la UE supera al de las contrarias.
Lo novedoso de la Estrategia de Seguridad Nacional no es que Trump y su gobierno desprecien a Europa: eso ya lo sabíamos, y nuestra mayor culpa consiste en no habernos preparado antes para gestionarlo mucho mejor. Es que refleja que los líderes estadounidenses saben que su país está en declive y quieren centrar su presencia en el continente americano y el Pacífico, porque ya no tiene poderío suficiente para ampliar su influencia en otros lugares. Ni siquiera parecen confiar en que puedan ganar a China, como sugirió también el reciente acuerdo comercial entre Trump y Xi. Pero, sobre todo, muestra que Estados Unidos sabe que no puede dominar la política europea mientras la UE conforme un bloque que, aunque sea muy trabajosamente, consigue llegar a consensos que le permiten hablar con una sola voz. Como China, Estados Unidos sabe que podría influir mucho más en los países miembros tomados uno a uno, pero que tiene muchos más límites si forman parte de una entidad política relativamente funcional de 450 millones de personas, con un PIB per cápita que es superior al de Japón, 2,5 veces mayor que el de China y 4 veces mayor que el de Rusia.
La indignación moral por el hecho de que Estados Unidos prefiera China y Rusia a sus viejos aliados europeos no nos llevará muy lejos. Y Europa, por supuesto, también está en declive. Pero las críticas de Estados Unidos a la UE están provocadas, en gran medida, por nuestro propio éxito, relativo y precario como es.
El viernes pasado, cuando vieron la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, el documento que cada año publica el Gobierno deEstados Unidos para delinear sus mayores retos en política exterior, las élites políticas e intelectuales de la UE se estremecieron. El texto reducía la rivalidad con China a un mero asunto económico, no militar o de hegemonía. No consideraba a Rusia una amenaza. Y dedicaba las palabras más denigratorias a Europa. Decía que esta puede sufrir una "borrado civilizatorio", que sus gobiernos y la UE "socavan la libertad y la soberanía", que imponen la defensa de Ucrania a pesar de que los ciudadanos quieren la paz con Rusia y que pronto muchos países no podrán ser considerados europeos a causa de la inmigración. Y anticipaba que considera parte de su trabajo exterior revertir esta deriva. Las ideas de Trump y su Gobierno sobre la UE eran perfectamente conocidas. Ahora, simplemente, son oficiales. Pero, ¿de dónde salen?