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El acuerdo UE-Mercosur: la dinámica internacional avanza y no espera
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Ramón Casilda Béjar

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El acuerdo UE-Mercosur: la dinámica internacional avanza y no espera

La UE como Mercosur comparten que la integración y la cooperación resultan claves para incrementar la competencia, el bienestar y la transmisión del crecimiento económico entre los países

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump, y su homólogo argentino, Javier Milei. (Reuters/Jonathan Ernst)
El presidente de EEUU, Donald Trump, y su homólogo argentino, Javier Milei. (Reuters/Jonathan Ernst)

La dinámica internacional de las negociaciones comerciales avanza y no espera la firma del acuerdo Unión Europea (UE) con el Mercosur. Los acontecimientos se producen velozmente y más en un contexto cambiante y de geometría variable en un contexto internacional condicionado por tensiones geopolíticas, aceleraciones tecnológicas y una creciente complejidad económica, donde están en juego las posiciones de liderazgo que se disputan en Mercosur y, por extensión, en América, Estados Unidos y China.

La buena noticia es que la Unión Europea, como Mercosur, comparten que la integración y la cooperación resultan claves para incrementar la competencia, el bienestar y la trasmisión del crecimiento económico entre los países. Este proceso, llevado a su máxima expresión, implica un compromiso político firme entre los miembros, que refuerza la solidez del acuerdo, como ya daba cuenta en mis artículos anteriores.

Pero, mientras tanto, se llevaban a cabo los trámites pertinentes para la aprobación del acuerdo UE-Mercosur, se producía un hecho relevante como fue la firma del controvertido acuerdo entre la Unión Europea y Estados Unidos sobre "Aranceles y Comercio" el 27 de agosto de 2025, donde se evidencia la relevancia de la relación bilateral, considerada una de las más importantes a nivel mundial. El comercio de bienes y servicios entre ambos se ha duplicado durante la última década, totalizando los 1,68 billones de euros en 2024 (867.000 millones de euros en bienes y 817.000 millones en servicios). Este acuerdo debería impulsar la voluntad política de la Unión Europea para firmar sin más demoras el acuerdo con Mercosur, demostrando así cohesión interna y una sola voz ante la comunidad internacional.

Poco tiempo después, la dinámica seguía avanzando, en esta ocasión por parte del presidente argentino, Javier Milei, alentado por la fuerte influencia y conexiones evidentes con el presidente Donald Trump, negociaba un acuerdo comercial al margen de sus socios del Mercosur sin tener en cuenta la posible ruptura de la política comercial común del bloque. El acuerdo se concretó con el anuncio el 13 de noviembre de 2025 de la "Declaración Conjunta Sobre el Marco Para un Acuerdo entre los Estados Unidos y Argentina de Comercio e Inversión Recíprocos", destinado a fortalecer el vínculo económico y comercial entre ambos países. Este tiene su antecedente más cercano en el que Estados Unidos firmó con Japón en 2018, dando lugar a que las exportaciones japonesas se duplicaran, por lo cual, los industriales argentinos, encabezados por Martín Rappallini, presidente de la Unión Industrial Argentina, lo consideran de manera muy positiva por abrirle amplias posibilidades en unos momentos en que la industria argentina no pasa por sus mejores momentos, debido a la apertura autorizada de las importaciones por el presidente Milei.

Según los presidentes Milei y Trump, el acuerdo representa el más ambicioso entre ambas naciones, que reafirma una alianza estratégica basada en valores democráticos y una visión común de la libre empresa, la iniciativa privada y los mercados abiertos, que incluyen los siguientes puntos: eliminación de aranceles y barreras no arancelarias; normas y evaluación de conformidad; propiedad intelectual; acceso al mercado agrícola; trabajo; medio ambiente; alineación en materia de seguridad económica; consideraciones y oportunidades comerciales; empresas estatales y subsidios y comercio digital, todos alineados con los estándares de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y la Organización Mundial del Comercio.

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Para Milei, el acuerdo es una clara señal de apertura económica y alineamiento con la estrategia de Trump; para Estados Unidos, una oportunidad para reforzar su influencia en un socio estratégico y detraer influencia a China, su gran competidor y primer socio comercial de Argentina, que por primera vez ha superado a Brasil. En Estados Unidos, el acuerdo despertó fuertes reproches por parte de agricultores y ganaderos, que acusan a Trump de "traicionarlos" por aumentar la entrada de carne argentina, mientras que los analistas advierten que el esquema es claramente asimétrico, con beneficios limitados para Argentina. En cualquier caso, habrá que esperar, pues por el momento se trata solo de un marco inicial y su alcance real dependerá de las negociaciones técnicas y de la aprobación legislativa en ambos países. Por lo tanto, el acuerdo debe tomarse con relativa prudencia, puesto que llevará cierto tiempo hasta que pueda hacerse efectivo. Ahora la cuestión es que Argentina, al establecer el acuerdo, no ha tenido en cuenta el Arancel Externo Común (AEC) del Mercosur, que armoniza la política comercial del bloque, pues resulta clave para la unión aduanera -considerada imperfecta, ya que no ha logrado una integración completa-. Más allá de que Argentina otorgue preferencias en el marco de las excepciones del AEC, utilizarlas para recibir concesiones de un tercer país sin la conformidad de los socios significa una violación del artículo 1 del Tratado de Asunción y también de la Decisión 32/00.

Lo paradójico es que el movimiento de Milei abre la puerta a otros miembros del Mercosur como Uruguay, para negociar un tratado de libre comercio con China, algo que el anterior presidente, Luis Lacalle Pou, pretendía hacer por fuera de los canales formales del Mercosur, lo cual generó tensiones y preocupaciones por el efecto en el AEC, ya que podría afectar a la unidad arancelaria del bloque. Argentina, entonces bajo la presidencia de Alberto Fernández, pedía unidad regional como respuesta.

Foto: mercosur-union-europea-acuerdo-integracion-1hms Opinión
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De manera que ahora, los países del Mercosur pueden negociar acuerdos bilaterales, al menos con la misma flexibilidad que lo ha hecho Argentina con Estados Unidos. Uruguay podría retomar las negociaciones con China, en el caso de que el actual presidente Yamandú Orsi quisiera hacerlo. Lo que sí ha hecho Uruguay es incorporarse en el CPTPP (Acuerdo Integral y Progresivo para la Asociación Transpacífica), que cuenta con doce países y una población de 590 millones de personas que agrupa casi el 15% del PIB mundial. A su vez, el CPTPP está conectado mediante los Diálogos de Comercio e Inversión con la ASEAN y la Unión Europea. No obstante, aunque la admisión de Uruguay en el CPTPP representa una noticia positiva especialmente para el sector agrario, implica un proceso que tardará bastante (seguramente menos de 25 años).

Brasil también negociaba con Estados Unidos, aunque no un acuerdo comercial. Negocia rebajar el arancel del 50% que soportaban sus productos, incluido el café. Posteriormente reducido al 40%, aunque seguía siendo poco competitivo frente a otros países productores como Colombia y Vietnam, cuyos aranceles se encontraban en el 10% y actualmente en el 0%. Finalmente, las negociaciones dieron buenos resultados y Brasil logró que el arancel para el café fuese reducido al 0%. Este logro se extendió a otros productos, como bananas, piña, coco, verduras, tomates, carne de ternera y derivados de la carne de vacuno. No obstante, Brasil continúa negociando la retirada de los aranceles para los que aún se ven afectados.

La cuestión en el tablero de la negociación es si Brasil conseguirá la eliminación total de los aranceles, lo que permitiría a Estados Unidos compensar tácticamente el acuerdo alcanzado con Argentina y, al mismo tiempo, podría aumentar su influencia en Brasil y satisfacer las demandas del consumidor estadounidense, que ha sido considerablemente perjudicado por el aumento de los precios de estos productos, lo que ha influido notablemente en el incremento del coste de vida, lo cual, para el Gobierno, políticamente lo penaliza. La relevancia del problema quedó patente en las elecciones a la alcaldía de Nueva York, donde Zohran Mamdani, candidato demócrata, ganó los comicios con una de sus promesas principales, la de crear una red de tiendas públicas destinada a combatir el encarecimiento de los alimentos que a cada familia le costará de media 1.400 dólares.

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Por otra parte, la UE y Mercosur comparten que la integración y la cooperación resultan claves para incrementar la competencia, el bienestar y la transmisión del crecimiento económico entre los países. Este proceso, llevado a su máxima expresión, implica un compromiso político firme entre los miembros, que refuerza la solidez del acuerdo.

Y como la dinámica no espera, la cuenta atrás ya ha comenzado para conocer el desenlace del acuerdo. Solo falta esperar la prueba de fuego, que será en la LXVII cumbre de presidentes del Mercosur en Brasilia o Foz de Iguaçu el 20 de diciembre de 2025, durante la presidencia pro tempore de Brasil del Mercosur en la confianza, y así lo ha expresado el presidente Lula da Silva, que se firmará y con ello se dará paso a una etapa de fortalecimiento, crecimiento y mayor bienestar en ambos bloques.

*Ramón Casilda Béjar, miembro del Instituto Universitario de Investigación en Estudios Latinoamericanos (IELAT)-Universidad de Alcalá. Presidente del Taller de Economía y Negocios Iberoamericanos.

La dinámica internacional de las negociaciones comerciales avanza y no espera la firma del acuerdo Unión Europea (UE) con el Mercosur. Los acontecimientos se producen velozmente y más en un contexto cambiante y de geometría variable en un contexto internacional condicionado por tensiones geopolíticas, aceleraciones tecnológicas y una creciente complejidad económica, donde están en juego las posiciones de liderazgo que se disputan en Mercosur y, por extensión, en América, Estados Unidos y China.

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