Las cuatro palabras que resumen el caos global de 2025
El poder duro, vinculado a las materias primas, la tecnología y la defensa, domina otra vez la política internacional. Cuatro conceptos ayudan a entender cómo en 2025 esa nueva realidad se volvió ineludible y peligrosa
Donald Trump con Volodymyr Zelensky. (Europa Press)
En 2025, Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca. Ha quedado claro que Rusia no quiere un acuerdo de paz con Ucrania. Y los líderes chinos están cada vez más seguros de que el contexto actual favorece a su país. Con ello, han regresado las concepciones de poder más duras y tradicionales. Pero con un fuerte acento tecnológico. He escogido cuatro palabras —tres palabras y una expresión, en realidad— que creo que sirven para explicar estos procesos. Podrían haber sido otras; o, por supuesto, muchas más. Pero estas resumen bien lo que ha sido 2025 y cuáles son los grandes conflictos globales a principios de 2026.
Tierras raras - Las tierras raras son metales imprescindibles para la fabricación de baterías de coches eléctricos, imanes para motores, turbinas eólicas y muchos dispositivos digitales. Estados Unidos empezó a extraerlas después de la Segunda Guerra Mundial, pero con el transcurso de las décadas, por dejadez, fue dejando su control en manos de China, y el Partido Comunista desarrolló una paciente y sistemática estrategia para dominar el sector. Hoy, China no solo tiene las mayores reservas globales de esos 17 elementos, sino que posee yacimientos en todo el mundo, y domina la industria de su refinado. En 2025, aproximadamente el 70% de la extracción mundial de tierras raras, y el 90% de la oferta refinada, fueron chinas.
Cuando, a mediados de año, Donald Trump puso unos inverosímiles aranceles a China, esta respondió limitando la exportación de tierras raras, de las que son dependientes muchas industrias estratégicas estadounidenses. En respuesta, Trump reculó y aceptó no solo rebajar los aranceles, sino permitir la exportación a China de semiconductores estadounidenses imprescindibles para el desarrollo de la inteligencia artificial. A cambio, esta aceptó seguir vendiendo esos metales a Estados Unidos. El Gobierno de Trump, y numerosos bancos y fondos, han puesto en marcha una avalancha de inversiones públicas para potenciar el sector y aumentar su autonomía frente a China (su insistencia en anexionarse Groenlandia tiene que ver con que en esta hay también tierras raras). La UE ha puesto en marcha RESourcEU, un plan según el cual al final de esta década los países de la UE deben extraer un 10 por ciento anual de los minerales que consumen. ¿Funcionarán estos planes para "independizarse" de China? Nadie lo sabe. En 2025 ha quedado claro que nos lleva décadas de ventaja.
Regulación - En 2020, la experta en comercio internacional Anu Bradford publicó el libro The Brussels Effect. How the European Union Rules the World. En él describía el inmenso poder regulatorio de la UE. Dado que esta es un mercado muy grande y rico, decía, casi todas las empresas del mundo acababan adaptándose a los estándares que marca la Comisión Europea. De hecho, decía, el comercio global es un reflejo de la visión del mundo de Europa. En ese sentido al menos, Europa es la gran potencia global.
A los funcionarios de Bruselas ese libro les infundió un enorme orgullo. Lo citaban con frecuencia y reforzaba su moral. Pero también les indujo a la complacencia.
Ha pasado mucho tiempo desde 2020. Rusia, China y Estados Unidos consideran que la UE no es un poder legítimo y trabajan explícitamente para desmontarla. Rusia, mediante las amenazas militares que siembran la discordia en su interior. China, negociando con los países individuales en lugar de hacerlo con Bruselas. De una manera asombrosa, Donald Trump ha decidido que la UE es el mayor adversario de su país, y ha convertido la lucha contra la regulación europea —en materia digital, de transición energética, de inteligencia artificial o de gobernanza corporativa— en el asunto central de la Estrategia de Defensa Nacional del año.
La idea de que la UE podía ser una superpotencia gracias a su desmesurada ambición regulatoria ha resultado ser ilusoria. Ha vuelto el poder duro: el de la defensa, las materias primas, la tecnología. Este año, la Comisión ha seguido impulsando sus regulaciones digitales, pero también ha ido desmontando las relacionadas con la transición energética o las obligaciones de las empresas. No solo se lo exigía Estados Unidos, por supuesto. También las propias industrias europeas. En ocasiones, con desesperación.
Arancel - El 2 de abril de 2025, Donald Trump anunció una batería de nuevos aranceles a las importaciones estadounidenses. Los tipos que presentó inicialmente se fueron rebajando tras intensas negociaciones con países individuales y la UE, pero siguen siendo los más altos desde la década de 1930. Aunque el juicio es prematuro, diez meses después la industria no ha vuelto al país, el principal objetivo de Trump, y, de hecho, ha perdido 50.000 empleos industriales. El déficit comercial de Estados Unidos con China se ha reducido un poco, pero el superávit de China con el resto del mundo ha aumentado, lo que significa que esta ha encontrado la manera de salir relativamente indemne de este choque.
Trump ha tenido que prometer ayudas de 12.000 millones de dólares a los agricultores golpeados por las respuestas a su política comercial. También mandará a cada contribuyente 2.000 dólares del dinero ingresado por los aranceles para compensar la inflación. Y ha dicho que gracias a los aranceles los estadounidenses pronto podrán dejar de pagar el impuesto sobre la renta. Es una fantasía, dado que el Gobierno ingresa 2,66 billones de dólares por la renta y 250.000 millones por los aranceles.
En 2025, Trump quebró el orden comercial que había regido el mundo desde, por lo menos, principios de este siglo. El efecto sobre la economía estadounidense ha sido mediocre o nulo, la globalización ha cambiado a peor, pero sigue plenamente vigente y China va ganando la guerra comercial.
Burbuja - Las grandes empresas tecnológicas están invirtiendo cantidades inverosímiles en modelos de inteligencia artificial y centros de datos. De acuerdo con una comparación de Reuters, el Proyecto Manhattan, que durante cuatro años desarrolló la bomba nuclear, costó el equivalente a 30.000 millones de dólares actuales. El programa Apolo, que tras una década de inversiones llevó al hombre a la luna, 298.000 millones. Solo en 2025, la inversión en IA ha sido de 375.000 millones (el total de los doce últimos años son 1,6 billones). Todo el mundo —empresas ya consolidadas como Meta o Microsoft y nuevos actores como OpenAI o Anthropic— parece dispuesto a invertir lo que sea para convertirse en uno de los actores principales de la tecnología que se supone que va a dominar la información, el trabajo, la defensa y el ocio.
Pero ¿se trata de una burbuja? En 2025 se ha discutido una y otra vez y hay indicios serios que parecen indicarlo: algunos se convencieron cuando empresas como SpaceX (de Elon Musk) o Alphabet (la propietaria de Google) empezaron a hablar de colocar los centros de procesamiento de datos en cohetes y mandarlos al espacio para así eludir las limitaciones físicas, y la pesada regulación, del planeta Tierra.
Pero ni siquiera los short sellers, los expertos en ganar dinero apostando a que sectores o empresas con una valoración excesiva acabarán cayendo, lo tienen claro esta vez. Cuando le preguntaron a Donald Trump si temía que se estuviera viviendo una burbuja, dijo: "No. Me encanta la inteligencia artificial", y de hecho su gobierno ha estado dando dinero y ayuda regulatoria al sector. El regreso del poder duro, y de una competición global que mezcla lo tecnológico con lo militar, hace que quizá el riesgo valga la pena. Mientras tanto, la UE está empezando a desmontar también la regulación de la inteligencia artificial que aprobó en 2023 bajo los auspicios del Gobierno español, en parte porque limita el desarrollo de las empresas de IA europeas. Y China está empezando a recibir inversiones de occidentales que quieren diversificar el riesgo: a fin de cuentas, también en la IA puede ganar China.
En 2025, Donald Trump ha vuelto a la Casa Blanca. Ha quedado claro que Rusia no quiere un acuerdo de paz con Ucrania. Y los líderes chinos están cada vez más seguros de que el contexto actual favorece a su país. Con ello, han regresado las concepciones de poder más duras y tradicionales. Pero con un fuerte acento tecnológico. He escogido cuatro palabras —tres palabras y una expresión, en realidad— que creo que sirven para explicar estos procesos. Podrían haber sido otras; o, por supuesto, muchas más. Pero estas resumen bien lo que ha sido 2025 y cuáles son los grandes conflictos globales a principios de 2026.