Una Copa de África salpicada de incidentes: ¿Fue buena idea incorporar a Marruecos al Mundial?
La sanción impuesta por la Conferencia Africana de Fútbol a las autoridades marroquíes, anfitrionas del mayor evento deportivo africano, invita a plantearse si Pedro Sánchez acertó al añadir a Marruecos a la candidatura de España y Portugal
Pedro Sánchez con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino y mandatarios de Marruecos y Portugal para avanzar en el diseño del Mundial 2030. (Moncloa)
¿Fue acertada la decisión de asociar a Marruecos hace ya tres años a la candidatura al Mundial 2030 de España y Portugal? A juzgar por la esperpéntica final de la Copa de África de Naciones (CAN), que enfrentó en enero en Rabat a las selecciones de Marruecos y Senegal, no lo parece.
La junta disciplinaria de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) sancionó esta semana a jugadores senegaleses y marroquíes y también a las federaciones de los dos países. Aunque reparta culpas por igual no es equiparable la responsabilidad del país anfitrión, como Marruecos, con la de su huésped. Él que acoge debe dar ejemplo, más aún cuando aspira a albergar dentro de cuatro años grandes partidos del Mundial, incluida la final.
La Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) fue multada con 200.000 dólares por “el comportamiento inapropiado de los recogepelotas en el estadio” empeñados durante la final en hurtar toallas a los futbolistas senegaleses. A la Federación le cayó una segunda sanción, de 100.000 dólares, por “la conducta inapropiada de sus jugadores de la selección nacional y personal técnico que invadieron el área de revisión del VAR y obstruyeron el trabajo del árbitro”.
La Confederación Africana de Fútbol rechazó, por último, el recurso de la FRMF que no acababa de encajar la victoria de Senegal frente a Marruecos por 1-0. Solicitó que se anulara el resultado y se declarara vencedores a los “Leones del Atlas” marroquíes porque sus rivales senegaleses se retiraron del campo durante unos diez minutos en protesta por la actuación del árbitro.
El propio hermano de Mohamed VI, el príncipe Moulay Rachid, que presidió la final, mostró también a su manera su disconformidad con el resultado. Maniobró para no entregar él mismo la copa a Kalidou Koulibaly, capitán de los “Leones de Téranga”, la selección senegalesa. A esa misma hora, el 18 de enero, Mohamed VI regresaba a Rabat al término de 75 días de vacaciones en el extranjero. No asistió a ningún partido.
Más que en cualquier otro lugar del mundo, la FRMF es en Marruecos un apéndice del Estado. Prueba de ello es que su presidente desde hace 12 años, Faouzi Lekjaa, ostenta también desde 2021 el cargo de ministro delegado del Presupuesto. Desde hace casi un año es además primer vicepresidente de la Confederación Africana de Fútbol cuyas decisiones pone en tela de juicio recurriendo el resultado de la final.
Faouzi Lekjaa también ha dejado caer que la final del Mundial 2030 debía celebrarse en Marruecos y no en España. A principios de semana, Rafael Louzán, presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) pronosticó exactamente lo contrario. La prensa marroquí arremetió al unísono contra él acusándole, entre otra muchas cosas, de intentar “debilitar” su candidatura a la ansiada final.
Para albergar esa final las autoridades marroquíes están construyendo a 44 kilómetros al noreste de Casablanca el que será, con capacidad para 115.000 espectadores, el mayor estadio del mundo después del de Pionyang (Corea del Norte). Llevará el nombre del rey Hassan II, cuya represión a lo largo de sus 38 años de reinado causó cientos de muertos en Casablanca (1978 y 1981); en Nador y Alhucemas (1984) y en Fez (1990-91). Cuando aún era príncipe heredero recurrió al napalm para acabar con la revuelta del Rif (1958-59).
Durante la CAN la policía marroquí procedió a numerosas detenciones de aficionados, muchos de ellos senegaleses, por alterar el orden público. Hubo apresamientos chocantes que, curiosamente, afectaron a “hinchas” de origen argelino que han acabado detrás de los barrotes. Uno de ellos, con nacionalidad británica, cumple tres meses de cárcel por orinar en las gradas del estadio Moulay Abdalá de Rabat. A otro, que rompió ante las cámaras un billete de 50 dirhams en protesta por el arbitraje, le han caído nada menos que ocho meses por atentar contra los símbolos del Estado. ¡Que tomen nota los seguidores de la selección española cuando viajen a Marruecos!
Los perros callejeros corren peor suerte que los aficionados. No acaban en perreras sino en mataderos improvisados. Son cientos de miles, quizás millones, los que deambulan por las calles de Marruecos. Deslucen la imagen del país y pueden ser un incordio para los visitantes extranjeros como lo son para los propios marroquíes.
Hasta ahora las denuncias sobre ese exterminio corrían por cuenta de ONG como International Animal Welfare and Protection Coalition (IAWPC) o, en España, del Partido Animalista Con el Medio Ambiente que convocó en enero una concentración a las puertas de FITUR en Madrid donde Marruecos tuvo una gran representación.
Ahora se ha sumado The Athletic, el suplemento deportivo del New York Times, que publicó en enero una investigación en la que descubrió un “centro de sacrificios” de animales en la periferia de Marrakech en el que son maltratados antes de morir. Años atrás circularon vídeos de redadas nocturnas en las que funcionarios municipales disparaban con armas de caza a los perros en las calles.
Cartel de la convocatoria de PACMA.
Si Marruecos se añadió en marzo de 2023 a la candidatura hispano-lusa al Mundial fue a propuesta del presidente Pedro Sánchez. No la formuló por motivos deportivos ni para que ese gran evento se desarrollara por primera vez simultáneamente en dos continentes. Lo hizo para, como comentan algunos diplomáticos, contraer una especie de “póliza de seguros con Marruecos”.
Cuanto más estrecha sea la relación, cuantos más intereses Madrid y Rabat tengan en común, menos posibilidades habrá de que el vecino marroquí dé un susto a España como el que le propinó a finales de mayo de 2021, según sospechan en la Moncloa. Rabat propició entonces una invasión migratoria de Ceuta en la que entraron, en menos de 48 horas, más de 10.000 marroquíes, la quinta parte menores de edad.
La obsequiosidad del Gobierno español con Marruecos llegó a tales extremos que se dejó que fuera su rey el que hiciera el anuncio de la incorporación de su reino al Mundial. Cómo Mohamed VI estaba, en marzo de 2023, de vacaciones en su residencia playera de Gabón fue su ministro de Educación, Chakib Benmoussa, el que comunicó la buena nueva al pronunciar un discurso en Kigali (Ruanda).
Cuando la FIFA aprobó esa triple candidatura, en octubre de 2023, fue de nuevo la Casa Real marroquí la que se adelantó, a España, Portugal y a la propia Federación. “Su Majestad el Rey, que Dios le asista, tiene el placer de anunciar al pueblo marroquí que el Consejo de la FIFA acaba de aceptar por unanimidad la candidatura de Marruecos-España-Portugal (...)”, resaltaba el comunicado real.
Ahora solo falta que la FIFA se alinee con la complacencia que muestra el Gobierno español con Marruecos y designe a Casablanca como sede de la final del Mundial 2030. Así marcará, como señalaba el semanario Maroc Hebdo, “un punto de inflexión histórico para el fútbol africano y árabe, pero también un reconocimiento concreto de las enormes inversiones realizadas en los últimos años en infraestructuras deportivas, transporte, acogida y seguridad” que hizo Marruecos. Enormes inversiones en detrimento de la sanidad y de la educación.
¿Habrán aprendido en 2030 algo las autoridades marroquíes de los fallos que han caracterizado la Copa de África de Naciones? En las páginas de la prensa africana y en la europea abundan los reproches a Marruecos por el desarrollo de la CAN. En las declaraciones de Fouzi Lekjaa y de otros muchos responsables marroquíes y en la prensa no hay el menor atisbo de autocrítica.
¿Fue acertada la decisión de asociar a Marruecos hace ya tres años a la candidatura al Mundial 2030 de España y Portugal? A juzgar por la esperpéntica final de la Copa de África de Naciones (CAN), que enfrentó en enero en Rabat a las selecciones de Marruecos y Senegal, no lo parece.