Tribuna Internacional
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¿Nos acercamos al final de Orbán como primer ministro? Magyar, la alternativa creíble para la otra Hungría
Magyar ha demostrado que aguanta todo. Su estilo combativo, su resistencia y su capacidad de absorber los ataques le han permitido reunir una base electoral de oposición que estaba fragmentada
Aunque la campaña oficial para las elecciones parlamentarias de Hungría no empezará oficialmente hasta marzo, el país está ya sumido en una inestabilidad política como no se veía desde hace una generación. Por primera vez en 15 años, el partido gobernante Fidesz, de Viktor Orbán, da señales visibles de decadencia, lo cual ha convertido las ansiedades privadas en un debate público nacional sobre si será posible, por fin, destituir al primer ministro en abril.
Aunque muchos ven con optimismo la posibilidad de un cambio político, la historia nos enseña a no confiarnos, sobre todo en una lucha contra un líder y un partido que han redefinido las "reglas del juego". A medida que Orbán se debilita y las tácticas de supervivencia de su partido son cada vez más extremas, empezamos a ver un laboratorio de manipulación electoral que merece la atención de los dirigentes europeos.
El factor que ha cambiado las cosas ante estas elecciones es Péter Magyar. En la primavera de 2024, Magyar, que hasta entonces era un miembro poco conocido del partido de Orbán y había estado casado con la antigua ministra de Justicia del país, Judit Varga, lanzó un movimiento político antisistema. En cuestión de meses, su partido, Tisza, alcanzó a Fidesz en las encuestas de opinión y, desde entonces, se ha situado entre 10 y 12 puntos porcentuales por delante en los sondeos. Dado que el partido gobernante no tenía un rival creíble desde 2010, el ascenso de Magyar representa un desafío existencial.
Hace 15 años que Orbán y el partido Fidesz controlan el país. No solo han gobernado, sino que han sometido las instituciones y los recursos públicos a su voluntad y han transformado drásticamente el Estado. Y, durante la última década, el primer ministro se ha encargado personalmente de invertir decenas de millones de euros en construir y exportar una red mundial antiliberal, a través de vehículos parlamentarios como el grupo de extrema derecha Patriots for Europe y la organización de importantes foros conservadores, entre ellos CPAC y la Cumbre Demográfica de Budapest. Si pierde el poder en Hungría, perdería esa talla y la extraordinaria influencia que le ha proporcionado. Es decir, no puede permitirse el lujo de perder.
Cuando surgió Péter Magyar como adversario capaz de rivalizar auténticamente con Orbán, a principios de 2024, el Gobierno respondió con la estrategia habitual de lanzar una campaña de desprestigio contra él, en un intento de destruir su credibilidad. Sin embargo, a diferencia de otras figuras anteriores de la oposición, Magyar ha demostrado que aguanta todo. Su estilo combativo, su resistencia y su capacidad de absorber los ataques le han permitido reunir una base electoral de oposición que estaba fragmentada y ofrecer a los húngaros una alternativa creíble al statu quo.
El éxito de Magyar ha sido en gran parte táctico y se ha beneficiado de su experiencia como miembro del Fidesz. Su trayectoria ha ayudado a Tisza a sortear las trampas políticas, en la medida en que ha sabido utilizar los principios del manual de campaña con los que Orbán había ganado hasta ahora, incluido el uso eficaz del lenguaje simbólico y las técnicas políticas. Eso le ha permitido a Magyar convencer de que su candidatura es un vehículo para la renovación nacional y el primer ministro está "desconectado" de los deseos y demandas de la gente normal y corriente.
La tenacidad de Magyar y la posición que ha alcanzado en las encuestas de opinión han causado alarma en la sede de Fidesz y han obligado a Orbán a pensar en la campaña antes de lo que hubiera deseado. En un intento de manipular todavía más el sistema a su favor, la coalición gobernante Fidesz-KDNP ha modificado la ley electoral del país dos veces en dieciocho meses. Para empezar, eliminó el límite máximo para los gastos de campaña. Este cambio beneficia de manera abrumadora al partido gobernante, que, en la práctica, actúa como si fuera un brazo más del Estado. Después modificó más de un tercio de los distritos electorales, lo que perjudicó de manera desproporcionada a los bastiones de la oposición.
Los modelos preliminares del sistema electoral recién revisados indican que la consecuencia es una asimetría escandalosa: el movimiento opositor Tisza de Magyar necesitará probablemente alrededor del 55 % de los votos populares para asegurarse una mayoría parlamentaria simple, mientras que Fidesz, el partido de Orbán, podría ganar una supermayoría constitucional con solo el 45 %.
Además, Fidesz, a través del Estado, ha vuelto a intentar comprar el apoyo electoral mediante generosas ayudas dirigidas a los grupos de votantes que espera conservar o recuperar, en particular entre la clase media. Entre estos "incentivos" hay préstamos hipotecarios subvencionados, aumentos salariales para los profesores, exenciones del impuesto sobre la renta para las mujeres con varios hijos, aumentos de las pensiones y bonificaciones únicas para los miembros de las fuerzas del orden.
También ha utilizado todo tipo de tácticas agresivas para movilizar a los votantes menos comprometidos políticamente y a los que es más difícil llegar, a través del enorme y sectario ecosistema mediático del país. El órgano central de este sistema es la Oficina Nacional de Comunicación, un organismo supervisado por Antal Rogán, personaje destacado del gabinete del primer ministro Orbán. Esta oficina no solo diseña mensajes políticos, sino que también controla los presupuestos publicitarios de unas 1.500 instituciones estatales que están obligadas a utilizar su plataforma. Además, desde 2015, ha gastado 4.000 millones de euros en diversas campañas de comunicación a favor de Fidesz.
En las redes sociales, las recientes restricciones a la publicidad política han llevado a Fidesz a cambiar de estrategia y hacer grandes inversiones en un activismo cibernético semiorganizado. Se han creado nuevas formaciones, como el Club de la Lucha y los Círculos de Ciudadanos Digitales, junto con lujosos campos de entrenamiento para que miles de simpatizantes del partido contribuyan a una intensa difusión de las campañas de desprestigio que organiza Fidesz. Se dice que el principal productor de contenidos digitales del partido, Megafon, contó en 2024 con un presupuesto de 14,5 millones de euros, gran parte de los cuales procedían presuntamente de fondos públicos.
Asimismo, por primera vez, los partidarios del Gobierno están utilizando herramientas de inteligencia artificial (IA) para construir una realidad informativa alternativa.
El pasado mes de septiembre, un medio de comunicación pro gubernamental publicó un documento de 600 páginas que presentó como el programa oficial del partido de la oposición. A pesar de que Tisza lo negó de inmediato y de que había indicios fiables de que el texto se había generado por inteligencia artificial, el Gobierno organizó una consulta nacional contra un supuesto "impuesto Tisza". Orbán afirmó personalmente que el referéndum suponía elegir entre las subidas de impuestos de Tisza y las "facilidades para la familia" que proporcionaba el estilo de vida propugnado por su partido.
Además, ha tomado cuerpo una campaña digital que promueve relatos conspirativos sobre los vínculos entre los enemigos extranjeros y nacionales. En ella es frecuente ver retratado al presidente ucraniano Volodímir Zelenski como la encarnación de la guerra y la presión externa y a Magyar como su representante nacional.
Al mismo tiempo, los medios de comunicación y las vallas publicitarias favorables al Gobierno —en paralelo con las declaraciones públicas de Orbán sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania— están saturados de mensajes antiucranianos en los que se incluyen vídeos generados por inteligencia artificial que muestran escenas apocalípticas de guerra y crimen, hundimiento económico y soldados húngaros que regresan a casa en ataúdes.
No está claro si Magyar y su movimiento opositor van a poder resistir la inevitable y creciente avalancha de difamaciones y ataques de los próximos meses. Es de suponer que habrá intervenciones destacadas de los aliados internacionales del primer ministro —incluida una visita propuesta del presidente estadounidense Donald Trump— y surgirán "escándalos", más allá de la publicación esta semana de un "vídeo sexual" protagonizado por el líder del Tisza; son plausibles y podrían hacer cambiar de opinión a los varios cientos de miles de votantes que, en última instancia, determinarán el resultado de las elecciones.
Fidesz lleva 20 años demostrando que está a la vanguardia en el uso de trucos legales innovadores y la manipulación para obtener beneficios políticos. Ahora que se juega más que nunca, Orbán está dispuesto a sentar nuevos precedentes para aferrarse al poder. Es probable que los próximos meses sean cada vez más turbulentos, antes de unas elecciones que prometen ser decisivas no solo para el futuro de la democracia húngara, sino para el proyecto europeo en general.
*Zsuzsanna Szelényi es directora fundadora de la Academia de Liderazgo dentro del Instituto para la Democracia de la Universidad Centroeuropea, exdiputada del Parlamento húngaro y autora de Tainted Democracy: Viktor Orbán and Subversion of Democracy (Democracia mancillada: Viktor Orbán y la subversión de la democracia).
Aunque la campaña oficial para las elecciones parlamentarias de Hungría no empezará oficialmente hasta marzo, el país está ya sumido en una inestabilidad política como no se veía desde hace una generación. Por primera vez en 15 años, el partido gobernante Fidesz, de Viktor Orbán, da señales visibles de decadencia, lo cual ha convertido las ansiedades privadas en un debate público nacional sobre si será posible, por fin, destituir al primer ministro en abril.