A 17 días del Brexit y descontando...

La parálisis británica ha llegado hasta tal punto que ningún escenario es descartable. Incluso un segundo referéndum está dentro de los cálculos de lo posible. Una temeridad en toda regla

Foto: Una manifestante a favor del Brexit se enfrenta a una agente de policía ante Downing Street, en Londres. (Reuters)
Una manifestante a favor del Brexit se enfrenta a una agente de policía ante Downing Street, en Londres. (Reuters)

17 días. Eso es lo que falta para que Reino Unido diga adiós a la Unión Europea, aunque en estos momentos hasta esto último esté en entredicho. Y hoy mismo los británicos se adentran en la que puede ser un a de las semanas más surrealistas de su historia. En pocas horas, la Cámara de los Comunes votará una vez más, la propuesta de la primera ministra. Y lo más probable es que, una vez más, los parlamentarios británicos digan 'nein' al acuerdo. Un escenario que en Downing Street ya dan por descontado.

Esa es la razón por la que un segundo voto ha sido previsto para mañana miércoles 13 de marzo, y con el que la primera ministra busca poner los comunes en frente de sus propias contradicciones que, por otro lado, y por irónico que parezca, no dejan de ser también las suyas. Esta vez el Parlamento tendrá que decidir si apoya una salida sin acuerdo de la Unión Europea. Para entendernos, un Brexit duro y a las bravas, el cual tiene aun menos posibilidades de salir adelante que el primero de los votos, por mucho que algunos radicales tories se empeñen en ello. No sé si, como decía Donald Tusk, habrá reservado un sitio especial en el infierno para ellos, pero desde luego méritos están haciendo.

El resultado del miércoles conducirá a los comunes a la tercera y última de las votaciones diseñadas por el Ejecutivo, justo un día después de rechazar un Brexit sin acuerdo y dos días después de rechazar un Brexit con acuerdo. El 14 de marzo, los diputados británicos tendrán que decidir si apoyan o no solicitar una extensión del artículo 50. Una jugada con la que tanto May como el Parlamento tratarán de ganar un poco de tiempo, por ridículo que sea. Así es como estamos a pocos días de llegar al 29 de marzo. La parálisis británica ha llegado hasta tal punto que ningún escenario es descartable. Incluso la convocatoria de un segundo referéndum está ya dentro de los cálculos de lo políticamente posible. Una temeridad en toda regla. Si algo hemos confirmado en estos tres años transcurridos desde la consulta es que la sociedad británica profundamente dividida. Los que eran pro-Brexit lo son hoy aún mas, y los que eran pro-permanencia también. ¿De verdad es bueno seguir ahondando en estas divisiones?

Pongamos por caso que se convoca un nuevo referéndum y vuelve a ganar el Brexit ¿Qué hacemos entonces? ¿Ponemos de nuevo el contador a cero y empezamos a negociar de nuevo, para volver dentro de otros tres años al encallar en el mismo punto que todos conocemos?

¿Y qué ocurre si esta vez quien gana la opción la permanencia? Habremos tenido en tres años dos referéndums con dos resultados distintos. ¿Con cuál nos quedamos? ¿Convocamos un tercero para desempatar el partido?

Mientras tanto, la incertidumbre a la que estamos siendo sometidos ha propiciado que comience el "blame game" (el juego de acusaciones), término inglés usado para describir eso que nosotros llamamos poner el ventilador y salpicar a otros con culpas que les son ajenas. Los 'brexiteros' más fanáticos y contumaces ya difunden sin rubor el bulo de la negociación-humillación al pueblo británico. Por supuesto, no faltan voces en el continente prestas a dar pábulo a este tipo de embustes mal disimulados. Ya sabemos que los amigos de la mentira están en todos lados, incluido allí donde menos te los esperas.

El problema está y siempre ha estado en que los británicos no esperaban el resultado del referéndum y tardaron más de un año en activar el artículo 50 porque no estaban listos para ello. En cambio, nosotros nos hemos estado preparando desde el primer momento, en un ejercicio de unidad, profesionalidad y transparencia como pocas veces se había visto antes en la historia de la Unión Europea. Se podrán decir muchas cosas sobre la manera en que se ha negociado, pero en todo este tiempo no hemos hecho otra cosa que tratar de conducir el Brexit de la mejor manera y la más civilizada posible, con respeto a los intereses de ambas las partes y priorizando siempre los derechos de los ciudadanos, que son quienes menos deberían sufrir las consecuencias.

Un trabajo que desde el Parlamento seguimos haciendo. Tanto es así que este miércoles, independientemente de lo que ocurra en Westminster, en Estrasburgo aprobaremos una serie de medidas urgentes destinadas a mitigar en lo posible el impacto del Brexit sobre sobre áreas como el transporte, la pesca, la seguridad social o los estudiantes Erasmus.

Por el contrario, al otro lado de la mesa solo nos hemos encontrado evasivas, compromisos vagos, mucha ingenuidad y algún que otro ataque de mal disimulada prepotencia. Y tres negociadores distintos. La combinación perfecta para encaminar una negociación al fracaso. Es lo que ocurre cuando actúas creyendo que todavía eres un Imperio.

Un manifestante proBrexit ante el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)
Un manifestante proBrexit ante el Parlamento británico, en Londres. (Reuters)

Que nadie se equivoque. Estas negociaciones nunca fueron sobre cómo castigar a los británicos, sino sobre cómo defender a los europeos. Sobre cómo proteger los derechos de los 440 millones de mujeres y hombres que nos quedamos dentro. Pero estas negociaciones han servido también para acreditar que la Unión Europea es algo más que un mercado único. Somos una comunidad de principios y de valores que ha cerrado filas y ha mantenido la unidad de una manera nunca antes vista. Tremendo error de cálculo por parte de los británicos, que cuando se sentaron a negociar el Brexit, esperaban repartir juego entre 27 sillas. Divide y vencerás. La realidad es que solo se encontraron una silla, la de todos los europeos. Ese día los británicos más avispados se dieron cuenta de la inmensa equivocación que estaban cometiendo.

Por desgracia para todos, hemos entrado en el tiempo de descuento. Pero en vez de centrarse en buscar soluciones, la primera ministra sigue tratando de forzar las costuras de un acuerdo que no se va a modificar.

Estamos en ese punto de la historia en el que los caminos de Europa y el Reino Unido se separan. Al menos por el momento. Dejemos por tanto de dirigirnos a los británicos, porque ellos ya han tomado su decisión, y empecemos a hablarles a los europeos. Nuestra responsabilidad a partir de ahora es exclusivamente con ellos y solo a ellos nos debemos.

Wiertz, 60
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